Estilema

Junio 24, 2009

La buena vida

Archivado en: Música — signos @ 10:16 am

Recuerdo que una vez estábamos un grupo hablando sobre diversos temas y salió el eterno y adolescente problema de la felicidad. En ese momento, llegó JJA, con su aire despistado y bohemio, y, al ser preguntado al respecto, sólo se le ocurrió decir:  “¿Pero eso de la felicidad no era una canción de Palito Ortega?”.

  Lo mismo me pasa con La buena vida. Para mí, La buena vida siempre  ha sido una película, aquella que el menor de los Trueba hizo a mediados de los años noventa. Era una película irregular, fatalmente LUCIABNinterpretada (a excepción hecha de Luis Cuenca), sin ritmo…, pero, no sé, tenía algo, tal vez un aroma del cine francés de Truffaut  que te transportaba suavemente a esa etapa llena de complejos y de granos que tanta importancia tiene en algunos.

  La buena vida no es la vida real, sino la ideal, cuando el protagonista vuela  con su querida Lucía y con sus padres por un París de ensueño mientras suena un música de acordeón. Es la escena más bonita de la película. Es la escena que hemos soñado todos los adolescentes.  Es una lástima que la buena vida dure tan poco.

  Más tarde, La buena vida pasó a ser un grupo musical. En una época rara de mi vida (¿qué época no lo es?) me sorprendí a mí mismo escuchando a La buena vida en la sección musical de la FNAC. Eran, de nuevo, canciones adolescentes, tan intrascendentes que acababas encontrándoles su trascendencia.

  Pero de eso hace tanto tiempo, o tan poco, que no sé qué ocurrirá cuando me encuentre de nuevo con La buena vida.

Junio 17, 2009

Junio

Archivado en: Efímeros, Escritura — signos @ 6:41 pm

farolaEl otro día me asomé al balcón y me entretuve mirando la noche de junio. La calle estaba tranquila, sólo algunos coches rompían el silencio de vez en cuando con el ruido del motor o de la música de sus casetes (casetes, ja, qué antiguo, quiero decir  CDs o MP3). A lo lejos, todavía se podía distinguir algún bar con vida. En una ventana, se veía a un estudiante dando el último repaso a un tema que se resistía a ser memorizado. Todo como en aquel poema de Gil de Biedma: Alguna vez recuerdo / ciertas noches de junio de aquel año… / Las altas horas de estudiante solo / y el libro intempestivo / junto al balcón abierto de par en par…

  Y el balcón, ahora cerrado, de aquella vecina de enfrente que tantas alegrías me dio con sus desfiles vespertinos y nocturnos. Qué día tan fúnebre aquel que decidió mudarse a otro barrio o a otra ciudad. Y el joven estudioso, siempre enfrascado en librotes. Y el coleccionista de sellos… Ahora se detiene un coche en el edificio de al lado. Lo conduce una chica:  ha salido para coger una prenda, tal vez una chaqueta, del maletero. Vuelve a entrar en el automóvil y uno puede imaginarse la conversación entrecortada que ahora mismo se está produciendo en el interior del vehículo: una mano extendida que sobresale por la ventanilla dejando salir el humo de un cigarrillo;  la música de Belle & Sebastian que sube hasta el cielo;  un viento suave que, a ráfagas, se lo lleva todo…

  Mientras tanto, alguien se desvela  en la madrugada  leyendo un libro en inglés, On the Origin of Stories, sobre el poder que tienen las ficciones en la vida de las personas. Y uno piensa que sí, que la vida no son más que historias que pasan en noches como ésta y gente que sabe contarlas.

Junio 9, 2009

Un instante preciso

Archivado en: Música — signos @ 6:57 am

  Igual que de cuando en cuando me viene a la mente tal o cual Moussu_Tpersona, a veces me acuerdo de una canción. Voy por la calle y empiezan a sonar unos acordes. A veces me acuerdo de los lugares donde sonaba la canción: en el bar de la Facultad; en ese autobús volviendo de Madrid; encima de las nubes, cuando ya sobrevolaríamos la costa británica: no hay nada como tu amor como medio de transporte.

  Una vez fuimos a ver a Jorge Drexler a  Gandía. Era sábado por la noche y había poca gente en un local al aire libre. La gente, como si estuviera en un aula, levantaba la mano y le pedía una canción. Drexler la cantaba o no, según le daba. Varias veces le pidieron Me haces bien, y él reía. ¿Me haces bien, decís? No, esa no la canto. Estaría enfadado, supongo,  con la que le hacía bien en otro tiempo.

  Fue una noche de junio que empezaba así: Ya está en el aire girando mi moneda. Y que sea lo que sea.

Junio 3, 2009

Una fábula de Benet

Archivado en: Gente, Libros — signos @ 10:20 am

  El otro día, una alumna me dijo si le podía ayudar con Volverás a Región, la novela de Juan Benet. Al oír ese nombre, hice un gesto de protección, VOLVERAS-A-REGIONcomo hubiera hecho Drácula si le hubieran enseñado un crucifijo. Lo siento, le respondí dejándole con la palabra en la boca al tiempo que me marchaba por el pasillo. Se quedó muy perpleja, sabedora de que cuando se me pregunta por algo de literatura, sobre todo contemporánea, me suelo enrollar como una persiana.

  Al cabo de unos días, no pude evitar la tentación y me acerqué a la sala donde se celebran los exámenes. En efecto: Benet, conocedor de mis reticencias, se había revuelto en la tumba y había hecho lo imposible por salir en el examen. Ahí estaba, como única pregunta , un fragmento de la novela Volverás a Región. Coméntese el siguiente texto, decía Benet transfigurándose en el examinador de turno.

  Desde que un profesor, no muy en sus cabales, me hizo leer en 2º de BUP Volverás a Región, no he vuelto a acercarme a ese texto. Es más: ha sido objeto de algunas pesadillas y muchos malos momentos. En ocasiones, también ha sido arma arrojadiza: mi amigo Luis y yo nos lanzábamos de vez en cuando puyas del tipo “cuidado, no saques ese tema o te hago leer a Juan Benet”.

  Pero, lejos de caer en el olvido, Benet ha ido ganando cada vez más terreno juan_beneten estos años. El otro día, Manuel Vicent narraba las correrías etílicas que se llevaban él y Martín Santos,  y cómo Benet se enfadó porque no le gustó la forma en que su amigo le retrató en Tiempo de silencio. Eso por no hablar de los encuentros con Francisco Rico, el profesor, en los que el novelista fingía no haberlo visto y pasar de largo mientras  musitaba: “!Qué desagradable encuentro!”.

  No cabe duda de que el viernes por la mañana, Benet, con un whisky en la mano y su medio sonrisa cínica, salió de su tumba y volvió a reírse de todos nosotros.

Mayo 28, 2009

Barça

Archivado en: Gente — signos @ 8:01 pm

   Ya sé que no soy nada original hablando del Barça, pero sólo quería expresar aquí la alegría infinita que sentí ayer cuando el equipo de Guardiola ganó la Liga de Campeones.

Guardiola 2

   Bueno, yo soy del Valencia, porque creo que uno ha de ser del equipo de su ciudad o de aquel que lo vincula con su niñez, con esos años en que todo es un descubrimiento y entrar en un estadio de fútbol es entrar en el paraíso. En mi caso, fue mi tío Laureano quien me llevó por primera vez al Mestalla a ver el Valencia-Real Madrid. Laureano, con ese nombre que a mí siempre me ha sonado a  César romano, era un tipo alto y fuerte que fumaba puros de kilómetro y que vino de algún sitio lejano para casarse con una tía mía de El Puig.  Puede que olvide muchas cosas, pero no ese domingo en Mestalla.

Barça 2

   Pero, además de esta debilidad local, todo el mundo siente una inclinación por un club grande. Por estos pagos, el Madrid y el Barcelona. En otros lugares, supongo, el Inter y el Milán; el Manchester y el Liverpool; el Oporto y el Benfica.

  Para mí, el Barça no tiene parangón, empezando por su entrenador, Pep Guardiola; pasando por su juego, rápido y atrevido, y acabando por su estrella menos estrella, Andrés Iniesta. Guardiola está a años luz del típico entrenador de encefalograma plano, fanfarrón y soberbio, tipo Schuster. El juego del equipo dista un lustro del aburrimiento y del sopor que supone ver un partido del Real Madrid o del Valencia. Y el juego de Iniesta, de Xavi o de Messi, deja en bufonada las piruetas de Guti o de Raúl.

  Por no hablar de su presidente, Joan Laporta. Compárese con Juan Soler, con Del Nido o con el difunto (dicen) Gil. Y por no hablar tampoco de sus comentaristas y seguidores: Serrat, Vila-Matas, Pepe Rubianes, Ferràn Adrià, Martínez de Pisón, Zapatero, Vázquez Montalbán, Estopa, Judit Mascó, Vicent Adrià…

  Y, también,  por no dar una retahíla de nombres que  han pertenecido al  Barça, baste citar  a uno: Frank Rijkaard.

Barça 3

   ¡Enhorabuena, campeones!

Mayo 23, 2009

Lo que nos contaron

Archivado en: Escritura, Gente — signos @ 2:28 pm

Que la vida pende de un hilo lo sabemos todos: el paso del tiempo, un trapecistasaccidente, una enfermedad… y ¡zas!, se acabó. Pero, últimamente, no hay tregua, ni respiro: Pablo Lizcano, Antonio Vega, Mario Benedetti… Por cierto, muchos han olvidado que Benedetti, además de al amor, también dedicó muchos poemas a la muerte, a la amistad, al paso del tiempo: Cuando éramos niños / los viejos tenían como treinta / un charco era un océano / la muerte lisa y llana / no existía / luego cuando muchachos / los viejos eran gente de cuarenta / un estanque era océano / la muerte solamente una palabra / ya cuando nos casamos / los ancianos estaban en cincuenta / un lago era un océano / la muerte era la muerte / de los otros / ahora veteranos / ya le dimos alcance a la verdad / el océano es por fin el océano / pero la muerte empieza a ser / la nuestra

  Ahora me entero de que se ha muerto Rafael Conte, el crítico literario. Juan Cruz dice de él que era un “lector feliz”,  porque lo que más le gustaba era leer y, encima,  le pagaban por ello. Es una buena forma (o la mejor) de ganarse la vida: hacer lo que a uno le gusta. Una vez, Rafael Conte escribió un libro. Un crítico literario ha de tener huevos para sacar un libro, porque sabe que tres cuartas partes de la profesión se le van a echar encima. El libro se titulaba El pasado imperfecto y en él Conte evocaba sus recuerdos de la vida literaria de los años sesenta en Madrid. Confieso que me hizo gracia el título, El pasado imperfecto, porque me recordó esos extraños nombres que los gramáticos ponen a los tiempos verbales: pretérito imperfecto (como si algo no lo fuera), pretérito indefinido (algo así como perdido en el recuerdo), pretérito perfecto (el de esa gente que todo lo hace bien) o, incluso, el pretérito pluscuamperfecto, que es ya la hostia.

  Ahora reparo en que hace tiempo que no aparecían sus críticas de libros en el periódico. Pero lo que más me entristece es que ya nunca podré leer lo que dice Conte de ese libro que todavía no estaba expuesto en la mesa de novedades de cualquier librería.

Mayo 16, 2009

Cine erótico (y II)

Archivado en: Escritura, Gente, Películas — signos @ 6:57 pm

  La película de Jess Franco resultó ser un auténtico aburrimiento. Además, como está rodada con el efecto noche americana, era imposible distinguir unos rostros de otros y no había forma de enterarse de lo que allí pasaba. Para los que no lo sepan, la noche americana consiste en poner una lente de color azul oscuro delante del objetivo de  la cámara,  de manera que, aunque se haya filmado de día, parece que sea por la noche. El efecto no está mal en cine, pero al pasarlo a vídeo o DVD los rostros se oscurecen tanto que parecen sombras.

  En fin. A los quince minutos ya la había quitado y me había pasado a ver OT. Pero, en realidad, lo que yo quería aquí es hablar de Jesús Franco, también conocido como  Jess Franco o Jess Frank,  tío de Javier Marías. Cuenta el escritor que un verano de su juventud se escapó a París y se alojó en casa de su tío, hermano de su madre, que vivía por entonces en la capital francesa. Cerca de los Campos Elíseos estuvo viviendo Marías, “en un piso amplio y cómodo, con un salón dominado por un piano blanco de cola y estanterías abarrotadas de revistas eróticas”.

  Imagino que Jesús Franco no estaría muy bien visto por la familia. Leí la autobiografía del filósofo Julián Marías, que se titula Una vida presente. Por lo que dice de sí mismo, me pareció un hombre de sólidos principios morales, católico, al que las fantasías eróticas de su cuñado no le harían mucha gracia. Supongo que su mujer sería igual en ese sentido. Siempre me han atraído mucho los miembros que desentonan en todas las familias.

  Los Marías vivían en la calle Covarrubias, en Madrid, en el número 14, por más señas. Siempre he sido muy mitómano  y,  más de una vez, me he paseado por esa calle, que sería la de la infancia de Javier y de sus jorge 029hermanos, el crítico cinematográfico, el historiador y el músico;  tal vez también la de Jess o Jesús, que -aunque no muy bien visto- se dejaría caer alguna vez por allí para celebrar una comida familiar o un cumpleaños.

  En Negra espalda del tiempo también hay una referencia a la calle Covarrubias: “…en la misma casa de la calle Covarrubias en que nacimos los cinco”, dice en un capítulo, tal vez el más personal de todos,  donde habla de a su hermano Julianín, que falleció a los pocos años de nacer.

Mayo 13, 2009

Cine erótico (I)

Archivado en: Efímeros, Gente — signos @ 11:07 am

Como sabéis muchos de vosotros, ahora lo fines de semana puedes adquirir una película erótica con el diario El País. Yo mismo he visto a gente erotismo 3comprando alguna, y parecía que se sentía como Woody Allen en aquella comedia en la que el protagonista, tras comprar un montón de revistas serias,  pide por lo bajini el Playboy o el Penthouse, a lo que el empleado responde a voz en grito llamando a un compañero que estaba al otro lado de la tienda: EH, ¿TENEMOS EL PLAYBOY? ¿QUEDA ALGÚN PLAYBOY? TENGO AQUÍ UN CLIENTE QUE QUIERE EL PLAYBOY. DÁSELO A ÉSTE, ES ÉSTE EL QUE  QUIERE  PLAYBOY, le dice señalando a Woody Allen, que intenta esconderse dentro de su gabardina y salir de allí por piernas.

  Bueno, a mí esta mañana me ha pasado algo parecido. Le digo al quiosquero, que está sordo y medio cegato: Dame también la película. Y éste desaparece rebuscando entre cajas. ¿Es la película erótica? pregunta a voz en grito. Miro hacia otro lado y repite: ¿Es la película erótica? No sé, no sé, es una película de Jess Franco, respondo haciéndome el intelectual, mientras veo que se va formando una considerable cola. No la encuentro, no la encuentro, grita mientras sigue buscando por entre las cajas. Cuando iba a decirle que daba igual, que se cobrara el periódico y lo dejara estar, empieza a dar saltos de alegría y a chillar “la he encontrado, la he encontrado”. ¿Es Mercaderes del sexo?, pregunta mientras enarbola el DVD. De repente veo a toda la cola pendiente de mí. Bueno, no, respondo, aquí dice que hoy sale Ópalo de fuego. Bueno, sí, Palo de fuego, pero el subtítulo es Mercaderes del sexo, lo pone aquí, debajo de Cine erótico. Además, hay una tía en pelotas. ¿Es ésta o no?

  Le doy el dinero y me voy sin mirar a nadie. Con las prisas he bajado a la calle con una camiseta y el pantalón de chándal, pero tenía que haber cogido las gafas de sol, haberme puesto la gabardina y haberme subido las solapas antes de acercarme al quisco. Tal vez en la cola estaba mi vecina, el panadero o la camarera del bar de la esquina. Ahora no me atrevo a salir de casa. Creo que voy a tener que cambiar de barrio.

Mayo 6, 2009

Aquellos programas de televisión

Archivado en: Escritura, Gente — signos @ 9:53 am

  Aunque me gusta casi todo lo de los años sesenta y setenta, mi educación, tanto sentimental como cultural, está en los años ochenta. La música, el los_ochenta_son_nuestroscine, la literatura y los personajes que más me han influido son de esos años, y cada vez soy más consciente de ello. Y también la televisión, ahora tan denostada, me nutrió (recordad que la televisión era nutritiva) de un montón de referentes de los que ya no he podido prescindir. Recuerdo el programa de García Tola, Si yo fuera presidente, con sus entrevistas estrambóticas, y a Joaquín Sabina,  Javier Krahe y Alberto Pérez cantando aquellas canciones que nos gustaban tanto.

También me acuerdo de La tarde, un programa que presentaba Manuel Hidalgo y en donde cada viernes discutían Luis Antonio de Villena, García Berlanga, Álvaro Pombo, Andrés Amorós… y gente así. O aquel programa de Hermida, que tenía como contertulio al mismísimo Camilo José Cela justo cuando le dieron el Nobel de literatura. Y el tío fue ahí, tan campanudo como era, a charlar con los periodistas, que se daban bofetadas por registrar una palabra suya. O aquel programa de Pablo Lezcano, Fin de siglo, en el que era capaz de entrevistar a  la vez a Sabina, a Imanol Arias, a Pombo, a Almodóvar…, en una charla de amigos que parecían estar en el comedor de tu casa.

 la-mandragora Aprendí mucho con todo ellos.  Aquellos programas, sin ser yo demasiado consciente, me formaron y me dieron una visión del mundo amplia, divertida y enriquecedora.

  Y todo esto viene a cuento porque hoy me he enterado de que ha muerto Pablo Lizcano. Hace unos años  falleció Tola, y la noticia me provocó un dolor agudo en alguna parte del corazón. Ahora se va Lezcano y vuelvo a sentir lo mismo. Ojalá los periodistas que idearon esos  programas llenos de ingenio y de sabiduría  hayan dejado su poso en mucha gente y su espíritu  no se pierda nunca.

 

Abril 29, 2009

Poesía eres tú (y tú)

Archivado en: Efímeros, Escritura, Gente, Música — signos @ 8:12 pm

  Hace algunos días se celebró el día de la UNED. En la sede de Valencia se les ocurrió organizar un día festivo en el que la gente pudiera ir allí y recitar el poema que más le gustara. Por allí pasaron políticos, periodistas, soy_unedprofesores, estudiantes, paseantes y amantes de la vida.

  Tal vez fue una apreciación personal, pero me dio la impresión de que, en la mayoría de los casos, la gente había seleccionado con cuidado el poema que iba a recitar,  y que esas pocas líneas en verso contenían lo esencial de su pensamiento, su filosofía de vida. Ningún invitado se tomó a broma el acto. Era tal la identificación en algunos casos que parecía que esas palabras no fueran sino de la persona que estaba recitando en ese mismo instante.

  El acto, ya digo, estaba abierto a cualquier persona. Yo mismo, que pasaba por allí,  llegué y recité un poema. Desde siempre me ha gustado uno de Juan Luis Panero,  titulado Un lejano adiós. Pero es demasiado triste. Descarté otro de Luis Alberto de Cuenca, que no me atrevo a recitar en público, y me decidí por uno que habla de la identidad. Se llama Denominación de origen: extranjero y dice así:

La patria es estar lejos de la patria:  Día de la UNED 9una nostalgia de la infancia en noches
en que te sientes viejo, una nostalgia
que sube a tu garganta como el agrio
sabor del vino en las resacas duras.
La patria es un estado: pero de ánimo.
Un viejo invernadero de pasiones.
La patria es la familia: ese lugar
en el que dan paella los domingos.
Mi patria está en el cuerpo de Patricia:
mi himno es su gemido, mi bandera
su desnudez de doce de la noche
a ocho de la mañana. Tras la ducha
mi patria va al trabajo, yo me exilio.

  Es de un tal Juan Bonilla. ¿Qué poema hubieras recitado tú?

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