Ayer tuve comida familiar en mi casa. Hace años odiaba las comidas familiares. Cada vez que había una, inventaba alguna excusa para no acudir porque me resultaban insoportables. Sin embargo, ahora ya no las veo tan horribles; incluso, alguna vez, me lo he llegado a pasar bien. Así que, cuando mi madre me dijo que este año ella no celebraba su santo en casa porque no le apetecía organizar ningún sarao, yo me presté enseguida a organizarla en la mía. Y mi casa se llenó de padres, hermanos, cuñados, sobrinos, etc. Además, vinieron con vino, whisky (del bueno), coñac, etc., lo cual siempre se agradece.
Pero lo más gracioso fue cuando, ya en los postres, estábamos hablando de alguien (un pariente lejano) y mi hermano se descuelga diciendo: “Ése, ése es un chafandín”. Todos nos reímo mucho, claro, porque nos creíamos que se había inventado la palabra. Pero, al cabo de un rato, despierta de su letargo y dice: “No, no, esa palabra existe”. Tuvimos que traer un diccionario y comprobar que, efectivamente, esa palabra existía y, lo más sorprendente, con el significado exacto que quería darle: “Persona vanidosa y poco juiciosa o de poco valer. Botarate”.
Hay que ver la familia, qué sorpresas te da a veces.