Hace algún tiempo Juan Cruz hablaba en su blog de Haro Tecglen y de cuando Cebrián se lo llevó a El País. Haro escribía muchos editoriales, también hacía la crítica de teatro y aquella columna de “Visto / Oído” . En estos días de lluvia me he acordado de una columna que recorté y que se llamaba precisamente El país de la lluvia. No tengo apuntada la fecha, pero seguramente durante aquellos días llovió mucho por estas tierras, lo que llevó a Haro a imaginarse una España nórdica, que sería reflexiva, filosófica y lectora. En ese país imaginario, los jóvenes dejarían el botellón y buscarían interiores cómodos y relajados, se reunirían junto al fuego, leerían y escribirían. Pero él mismo era escéptico y ya temía que haría falta que corriera mucha agua bajo los puentes para que este país se volviera más reflexivo y más culto.
Llueve últimamente mucho por estas tierras. Llovió hace días, cuando fuimos a ver a Serrat y Sabina y acabaron suspendiendo el concierto. Pero fue hermoso oírles cantar la última canción ( que el corazón no se pase de moda, que los otoños te doren la piel…) bajo la lluvia. Tambié llovió el sábado, cuando volvíamos de casa de Rafa, y ha estado lloviendo toda la noche aquí en Valencia. La lluvia altera tu ritmo vital, invita a quedarse en casa (o en el interior de un coche) y a ver la vida a través de un cristal por el que resbalan las gotas. Ayer, una amiga me dijo que escribiera algo sobre la lluvia. Al momento, me vino a la cabeza la portada de un libro de Coetzee, Juventud, en donde vemos a varias pesonas con paraguas en un Londres lluvioso. Es espléndido ese libro de Coetzee, como todos los de él, aunque sea muy duro, juzgando el mundo que le rodea y juzgándose a sí mismo (“Carece de talento para mentir, para engañar o saltarse las normas, igual que tampoco lo tiene para el placer y la ropa moderna. Sólo tiene talento para la tristeza, la tristeza sincera y aburrida. ¿Qué va a hacer si esta ciudad no recompensa la tristeza”, dice el personaje de sí mismo).
Así que lo mejor que se puede hacer en estos días de lluvia es leer un libro. Juventud, por ejemplo.
Este verano en un lugar frio del norte encontré rotos los cristales de una antigua estación. ¿Sería el anuncio de estas Lluvias otoñales?
comentario por paraqueloleas — Octubre 30, 2007 @ 5:43 pm |