Estilema

Octubre 18, 2007

Alumnos que me gustaría volver a ver

Archivado en: Clases — signos @ 9:43 pm

 Hoy he dado mi primera clase en Sagunto. Aunque yo empecé en la UNED de Valencia, y en Valencia sigo dando algunas clases, siempre he considerado Sagunto como mi puesto, mi destino. Empecé en 2001 y desde entonces he ido todos los lunes (ahora los jueves) por esa carretera que bordea el mar y parece llevarte a un lugar que sólo existe en la ficción y  acaba en un castillo que se recorta en un cielo rojizo a esa hora en la que cae la tarde.

 Me acuerdo del primer año en que di clases en el Aula de Sagunt, del grupo que se formó, de la complicidad que establecimos con las clases, con las bromas que iban surgiendo con aquellos temas tan plomizos de gramática. Me acuerdo de un pareja que no se perdía ni una sola clase; me acuerdo también de Pablo, un jiennense que servía a la patria con retranca y tricornio; de María, una castellana leísta y muy lista;  de Sandra, una rubia alta y algo miope a la que le gustaba mucho el cine y que estaba empeñada en rodar un corto. Llegamos,  incluso, a esbozar un guión en el bar del instituto, pero luego ya no supe nada de ella. Y de Roberto, el coordinador del curso, un tipo alto y simpático que se liaba unos cigarrillos (he dicho cigarrillos) perfectos. Luego se fue, como pasa con la gente interesante, que siempre acaba marchándose.

 Soledad Puértolas escribió un libro que se titulaba Gente que vino a mi boda;  Ignacio Vidal-Folch otro que se llamaba Amigos que no he vuelto a ver. A mí me gustaría escribir una novela (bueno, un relato, siempre he sido más bien de distancias cortas) que se titulara, por ejemplo, Alumnos que me gustaría volver a ver.

Espero escribirlo algún día.

El rosicler

Archivado en: Libros — signos @ 11:21 am

 Le han dado el premio de narrativa a Molina Foix por su novela El abrecartas. Veo que Juan Cruz en su blog también la recomienda con entusiasmo.  A mí también me gusta recomendar novelas. Disfruto haciéndolo porque es como compartir “atemporalmente” momentos felices. Echas la vista atrás, te ves a ti mismo con el libro entre las manos y piensas que esa persona a quien le estás hablando de la novela disfrutará lo mismo que tú. Pero no siempre ocurre. 

 prt_desorden.jpg Hay también un autor, al que también recientemente han dado un premio, que a mí me gusta mucho. Es Juan José Millas. Recuerdo cuando leí El desorden de tu nombre, una novela que me fascinó de principio a fin. Todavía conservo la primera edición, en Alfaguara, de 1988, y me acuerdo muy bien de aquella época, de cómo la leí y de la gente con la que la compartí. Puede que sea la novela que más he recomendado (y que he regalado) de entre todas mis favoritas, que son muchas. La historia de Julio Orgaz; la mujer con la que se encuentra en el parque y que desordenaba palabras; aquel tipo que escribía cuentos, Orlando Azcárate; el rosicler…

¿Saben ustedes qué es el rosicler? Pues el color rosado que tiene el cielo al amanecer. En la novela de Millás,  el personaje principal sale a la calle cuando está amaneciendo y se dice “El rosicler, qué palabra, qué vida, qué rarísimo es todo”.

Es verdad. Qué rarísimo es todo.

Octubre 17, 2007

Tengan cuidado ahí afuera

Archivado en: Uncategorized — signos @ 4:56 pm

 Ha pasado mucho tiempo desde el último post, lo sé. Pero como el blog sigue ahí…

Últimamente me apetece contar cosas, pero sé bien, ¡Vive Dios!, que la gente no siempre está por la labor de escucharte. Y hace bien, qué caray (o qué coño). Tampoco es cuestión de inundar a los pocos amigos que te van quedando con correos interminables que aparecen una y otra vez en la bandeja de entrada del Outlook, que te desbordan, que te confunden, que te cabrean, que te sobrepasan.  De manera que el blog es una buena solución: tú escribes y el que quiera ya te leerá. O sea, nadie, porque con la cantidad de blogs que hay circulando por ahí, ya me dirás tú quién se va a entretener en uno que se llama “Estilema”.

Aunque también puedo decir que voy a hablar de la gente que conozco (de ti, amigo lector, es decir, amigo y lector) y que voy a ser incisivo y tal. A lo mejor así despierto cierta curiosidad.

Así que, como decían los chicos del teniente Furillo en aquella estupenda serie de televisión, “tengan cuidado ahí afuera”.

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