Que te den Nocilla
Leo un artículo en el periódico sobre la ‘generación Nocilla’, esto es, una nueva generación de escritores que rompe esquemas, busca renovar las letras españolas y bla, bla, bla. Yo me quedé en la ‘generación Kronen’, aquella de Mañas, Mújica, Prada, Etxebarría, etc. Una vez Raúl del Pozo le dijo al autor de Historias del Kronen que sus personajes se pasaban el día follando y bebiendo cubatas. Ignoro qué harán los personajes de esta generación con la Nocilla, si se la comerán con pan o se la untarán por el cuerpo como crema solar.
Forman esta nueva hornada de escritores Jorge Carrión, Vicente Luis Mora, Eloy Fernández y Juan Francisco Ferrer. O sea, ni puta idea. El cabeza visible es Agustín Fernández Mallo, un físico que trabaja en un hospital diseñando tratamientos de radioterapia para curar el cáncer. Da la impresión de que se la trae floja toda esta movida que se ha montado sobre su novela y la generación a la que da nombre. Dice que le va la vida “del no escritor: ir al trabajo, hacer la compra, ver la tele…”. Tiene razón. De escritor ya va Vicente Verdú, diciendo sus habituales tonterías, justo en una columna de la misma página.
No he leído a Fernández Mallo, pero le reconozco el acierto de los títulos: Nocilla Dream es buenísimo, y también Carne de píxel, un poemario que acaba de publicar. La denomina ‘poesía postpoética’. Me he acordado de que en mis años de estudiante vino a la Facultad Carlos Bousoño a dar una conferencia sobre la poesía postmoderna. Hubo un llenazo del copón porque allí todo el mundo quería ser postmoderno. Ser postmoderno era la hostia en aquellos años ochenta lleno de aspirantes a postmoderno. La conferencia fue un rollo, pero allí la peña lució vestuario, calzado, peinado, pendientes, piercings, tatuajes y todo lo que hiciera falta para demostrar que era el más postmoderno de la sala.
Ahora se lleva ser postpoético. Los que escribimos post somos posteros. Esto, de por sí, ya es una modernidad (somos post-algo).
Bueno, a lo que iba. Una tarde de estas me voy a la FNAC o a París-Valencia y me compro el Nocilla Dream.

A mí la Nocilla me llega cuando ya estaba algo crecidito. Soy un poco más de la generación del pan con aceite o chocolate, del membrillo y de aquella horrorosa mantequilla de tres colores. Así que no puedo ser “post”, soy “prenocilla”.
A mí me deslumbró un ensayo de Bousoño sobre Vicente Aleixandre. El libro lo conseguí por un premio de poesía en el instituto; no tiene mérito alguno, yo ya tenía 20 añazos y acentuaba hórridamente, peor que los traductores automáticos ésos, los de las tostadoras, batidoras, deuvedés y otros ingenios pijolétricos.
Una tarde de éstas nos vemos en la efnak, y con la mano tonta le birlo a los del chaleco un libro con foticos o le meto mano a una gorda, o a dos, ya lo decido sobre la marcha.
Comentario por CrisCrac — Marzo 11, 2008 @ 8:15 pm
Ahórrese el paseo y el dinero. Si ya leyó a Mañas o a Mestre (su paisano que mataba dinosaurios con tirachinas) la lectura de Nocilla Dream ya está hecha. ¿Qué es la postmodernidad?
Comentario por Uno que prefiere algo de anonimato — Marzo 16, 2008 @ 10:43 am