Eh là qui va là, inspectour Gadget, eh la ça va pas… Una canción en francés en un universo animado anglosajón. Era el inspector Gadget, con sus gadgetopiernas, sus gadgetobrazos, su gadgetoparacaídas o su gadgetófono. Hoy se llama gadgets a todos esos artilugios electrónicos que compramos compulsivamente. Cada vez hay más y cada vez nos resultan más imprescindibles: el móvil, el ipod, la cámara, el pen-drive, el lector de tarjetas, la PDA, el GPS…
Y además de eso, hay que estar al día con todo lo que sale en la red. Imprescindible saber qué es el RSS, moverse por las redes sociales como MySpace o Facebook… ¿Y qué me dices de las nuevas herramientas para las bibliotecas digitales? El Open Access, los repositorios, los metabuscadores. Ahora echo un vistazo al blog de Felipe Zayas y me encuentro con el Dabbleboard, el FastStone Capture portable, el Firefox portable, el Text2MindMap, el wik.is… ¿Te has enterado? Aquí te despistas un poco haciendo crucigramas y cuando vuelves han salido más aplicaciones que tomates, con la única diferencia de que los tomates te los comes con un poco de sal, y todos estos gadgets se te atragantan.
Creo que me voy a ir a la playa. Dicen que allí hay cosas todavía más extrañas: sombrillas, toallas, arena, bronceadores, biquinis… Y también dicen que allí la gente se tumba y no mira una pantalla sino el cielo, que es como una pantalla pero toda azul. Y que hundes las manos en la arena, coges un puñado y dejas que se deslice por entre los dedos. ¿Qué cosas, no? Todo el mundo sabe que los dedos están para aporrear teclados y hacer clic compulsivamente.
¡Qué subidón me está dando! Nada, nada, que me voy a la palaya o placha o platia, o como se diga.








