Este verano, en el suplemento dominical del diario El País, salió un reportaje titulado “Cien libros que cambiaron la vida de cien escritores españoles”. Recuerdo que lo leí en una terraza de la avenida de Aragón, aquí en mi ciudad, que se queda maravillosamente desierta durante esos días del mes de agosto. No tengo ya la revista (últimamente, me desprendo de casi todo) y no puedo citar con exactitud los títulos más votados, pero eran los de siempre. Un escritor que se precie no puede nombrar a cualquier plumífero contemporáneo, sino que siempre antepondrá a Cervantes, a Proust, a Joyce, a Virgilio, a Dante… ¡Faltaría más!
La verdad es que olvidé aquel reportaje ese mismo domingo de agosto, pero lo he vuelto a recordar leyendo un artículo de Andrés Trapiello, que lo trae a colación para decir que él también fue convocado a esa consulta, pero que finalmente la desatendió porque “uno no iba a poder responder algo así… en serio”. No seguí leyendo, pero me fijé su foto. Está joven Trapiello, con ese melenón y esa pintilla de eterno estudiante.
Hubo un tiempo, en los años noventa, en que yo leía a Trapiello y escuchaba música clásica. Ahora no hago ni una cosa ni la otra. No sé si esto es mejor o peor. Tampoco creo que ningún libro me haya cambiado la vida. Algunos me han impactado, otros me han emocionado y, seguro, muchos me han influido. En ese sentido le tengo que dar la razón a Vargas Llosa, ese escritor antipático y engreído al que una vez le preguntaron cómo le habían influido a él determinados libros y decía que no lo sabía, pero que estaba seguro de que él no era el mismo después de haber leído La metamorfosis o Madame Bovary.
Lo mismo me pasa a mí. Después de acumular lecturas y experiencias durante estos años, he dejado, de manera inconsciente, de leer a Trapiello y de escuchar música clásica. Pero no sé, tampoco descarto la posibilidad de volver a ellos. De una manera inconsciente, por supuesto.


Vaya, tal cual así, te he encontrado hoy, con un “no sé”, un “no descarto”, todo inconscientemente, sin tiempo ni palabras. ¿La vuelta al cole?, ¿esos días azules?. Tendré que preguntarle a Rosario. Besos.
comentario por Sobre estructuras sintetizantes — Septiembre 3, 2008 @ 9:05 pm |
¿dónde podría conseguir el articulo de A. Trapiello en internet? Gracias
comentario por marina — Septiembre 14, 2008 @ 1:41 pm |