Hace algunos días se celebró el día de la UNED. En la sede de Valencia se les ocurrió organizar un día festivo en el que la gente pudiera ir allí y recitar el poema que más le gustara. Por allí pasaron políticos, periodistas,
profesores, estudiantes, paseantes y amantes de la vida.
Tal vez fue una apreciación personal, pero me dio la impresión de que, en la mayoría de los casos, la gente había seleccionado con cuidado el poema que iba a recitar, y que esas pocas líneas en verso contenían lo esencial de su pensamiento, su filosofía de vida. Ningún invitado se tomó a broma el acto. Era tal la identificación en algunos casos que parecía que esas palabras no fueran sino de la persona que estaba recitando en ese mismo instante.
El acto, ya digo, estaba abierto a cualquier persona. Yo mismo, que pasaba por allí, llegué y recité un poema. Desde siempre me ha gustado uno de Juan Luis Panero, titulado Un lejano adiós. Pero es demasiado triste. Descarté otro de Luis Alberto de Cuenca, que no me atrevo a recitar en público, y me decidí por uno que habla de la identidad. Se llama Denominación de origen: extranjero y dice así:
La patria es estar lejos de la patria:
una nostalgia de la infancia en noches
en que te sientes viejo, una nostalgia
que sube a tu garganta como el agrio
sabor del vino en las resacas duras.
La patria es un estado: pero de ánimo.
Un viejo invernadero de pasiones.
La patria es la familia: ese lugar
en el que dan paella los domingos.
Mi patria está en el cuerpo de Patricia:
mi himno es su gemido, mi bandera
su desnudez de doce de la noche
a ocho de la mañana. Tras la ducha
mi patria va al trabajo, yo me exilio.
Es de un tal Juan Bonilla. ¿Qué poema hubieras recitado tú?
Ayer estuve en una tertulia sobre “Memorias de Adriano” de Marguerite Yourcenar. Leí: “(…) en sueños, la noche sin refugio /con redes de oro, el perfume/ cuajado de amapolas en tus labios/ mientras yo contemplo la patria destruida de tu cuerpo (…)” Marta López Vilar, “Adriano habla al cuerpo muerto de Antínoo”. Para la Uned hubiera escogido uno de esos que tú abandonaste como un apátrida.
Comentario por Sobre estructuras sintetizantes — Abril 30, 2009 @ 11:35 am |
Claro, porque tú recitas bien. Por cierto, tu directora también vino.
Comentario por Signos — Abril 30, 2009 @ 12:29 pm |
Gracias.
¿Y qué leyó ella?
Comentario por Sobre estructuras sintetizantes — Abril 30, 2009 @ 2:09 pm |
Yo hubiera recitado esto que casi me sé y que enteramente soy.
“Nadie puede ignorar la presencia del que vive,
del que en pie en medio de las flechas gritadas,
muestra su pecho transparente que no impide mirar,
que nunca será cristal a pesar de su claridad,
porque si acercáis vuestras manos, podréis sentir la sangre”.
Vicente Aleixandre. Del poema “Soy el destino”.
En el libro “La destrucción o el amor”.
Comentario por CrisCrac — Abril 30, 2009 @ 6:29 pm |
Un hombre es la ciudad en la que vive.
La lluvia fina que traga sus pasos
cuando un sábado vuelve a casa
de madrugada, y estuvo tan cerca y
no fue feliz. Un hombre es la ciudad
en la que viven otros hombres
que conversan con sus palabras,
visten esos cuatro colores
y hasta pudieran ser él mismo.
(J. A. Cilleruelo)
Para mi la poesía está en los mapas, en las ciudades, y en los “hombres que conversan con sus palabras” y escriben poemas como éste.
Comentario por mrcds — Mayo 2, 2009 @ 11:16 am |
Desde el primer verso del poema que incluye mrcds la memoria me ha traído este otro, prodigioso, que parece su complementario:
“Volverás a deshora,
por un camino viejo,
a la ciudad antigua donde duermen
tus recuerdos”.
Dámaso Alonso.
Comentario por CrisCrac — Mayo 2, 2009 @ 3:22 pm |
Este del sabinero Benjamín Prado es el mio:
A LA SOMBRA DE UN ÁNGEL
“Vino el que yo quería,
el que yo llamaba.
No aquel que barre cielos sin defensas,
luceros sin cabañas,
lunas sin patria,
nieves.
Nieves de ésas caídas de una mano,
un nombre,
un sueño,
una frente.
No aquel que a sus cabellos
ató la muerte.
El que yo quería.”
Comentario por Kriss — Mayo 2, 2009 @ 7:18 pm |
EL TIGRE ESTÁ EN LA NIÑA
Tiger! Tíger! Burning bright
In the forest of the night
William Blake
El tigre está en los ojos
Preso entre curvas mansas, perezosas
Despertando del lodo como vegetaciones
Entre panales y gorjeos al borde de la cama
El grifo abierto, el rumor, el vapor de la bañera
El zumo de naranja, las tostadas
Todo lo que se apunta con la lengua del lápiz
El gesto de la mano que suelta una paloma
Los pechos como nidos ocultos en las ramas
Y una serpiente dulce como un canto
Entre viejas consolas y entre jaulas de flores
Buenos días muchacha, hace tiempo olvidada
No despiertes del todo en la visita
Sigue tus infalibles líneas ecuatoriales
Siempre dormida, virginal, obscena
Conoces tú a la dama de la mano en el pecho?
El tigre está en la niña del ojo de la mujer
José Coronel Urtecho
Comentario por Romi — Mayo 3, 2009 @ 4:35 pm |