Ya sé que no soy nada original hablando del Barça, pero sólo quería expresar aquí la alegría infinita que sentí ayer cuando el equipo de Guardiola ganó la Liga de Campeones.

Bueno, yo soy del Valencia, porque creo que uno ha de ser del equipo de su ciudad o de aquel que lo vincula con su niñez, con esos años en que todo es un descubrimiento y entrar en un estadio de fútbol es entrar en el paraíso. En mi caso, fue mi tío Laureano quien me llevó por primera vez al Mestalla a ver el Valencia-Real Madrid. Laureano, con ese nombre que a mí siempre me ha sonado a César romano, era un tipo alto y fuerte que fumaba puros de kilómetro y que vino de algún sitio lejano para casarse con una tía mía de El Puig. Puede que olvide muchas cosas, pero no ese domingo en Mestalla.

Pero, además de esta debilidad local, todo el mundo siente una inclinación por un club grande. Por estos pagos, el Madrid y el Barcelona. En otros lugares, supongo, el Inter y el Milán; el Manchester y el Liverpool; el Oporto y el Benfica.
Para mí, el Barça no tiene parangón, empezando por su entrenador, Pep Guardiola; pasando por su juego, rápido y atrevido, y acabando por su estrella menos estrella, Andrés Iniesta. Guardiola está a años luz del típico entrenador de encefalograma plano, fanfarrón y soberbio, tipo Schuster. El juego del equipo dista un lustro del aburrimiento y del sopor que supone ver un partido del Real Madrid o del Valencia. Y el juego de Iniesta, de Xavi o de Messi, deja en bufonada las piruetas de Guti o de Raúl.
Por no hablar de su presidente, Joan Laporta. Compárese con Juan Soler, con Del Nido o con el difunto (dicen) Gil. Y por no hablar tampoco de sus comentaristas y seguidores: Serrat, Vila-Matas, Pepe Rubianes, Ferràn Adrià, Martínez de Pisón, Zapatero, Vázquez Montalbán, Estopa, Judit Mascó, Vicent Adrià…
Y, también, por no dar una retahíla de nombres que han pertenecido al Barça, baste citar a uno: Frank Rijkaard.

¡Enhorabuena, campeones!
accidente, una enfermedad… y ¡zas!, se acabó. Pero, últimamente, no hay tregua, ni respiro: Pablo Lizcano, Antonio Vega, Mario Benedetti… Por cierto, muchos han olvidado que Benedetti, además de al amor, también dedicó muchos poemas a la muerte, a la amistad, al paso del tiempo: Cuando éramos niños / los viejos tenían como treinta / un charco era un océano / la muerte lisa y llana / no existía / luego cuando muchachos / los viejos eran gente de cuarenta / un estanque era océano / la muerte solamente una palabra / ya cuando nos casamos / los ancianos estaban en cincuenta / un lago era un océano / la muerte era la muerte / de los otros / ahora veteranos / ya le dimos alcance a la verdad / el océano es por fin el océano / pero la muerte empieza a ser / la nuestra
hermanos, el crítico cinematográfico, el historiador y el músico; tal vez también la de Jess o Jesús, que -aunque no muy bien visto- se dejaría caer alguna vez por allí para celebrar una comida familiar o un cumpleaños.
comprando alguna, y parecía que se sentía como Woody Allen en aquella comedia en la que el protagonista, tras comprar un montón de revistas serias, pide por lo bajini el Playboy o el Penthouse, a lo que el empleado responde a voz en grito llamando a un compañero que estaba al otro lado de la tienda: EH, ¿TENEMOS EL PLAYBOY? ¿QUEDA ALGÚN PLAYBOY? TENGO AQUÍ UN CLIENTE QUE QUIERE EL PLAYBOY. DÁSELO A ÉSTE, ES ÉSTE EL QUE QUIERE PLAYBOY, le dice señalando a Woody Allen, que intenta esconderse dentro de su gabardina y salir de allí por piernas.
cine, la literatura y los personajes que más me han influido son de esos años, y cada vez soy más consciente de ello. Y también la televisión, ahora tan denostada, me nutrió (recordad que la televisión era nutritiva) de un montón de referentes de los que ya no he podido prescindir. Recuerdo el programa de García Tola, Si yo fuera presidente, con sus entrevistas estrambóticas, y a Joaquín Sabina, Javier Krahe y Alberto Pérez cantando aquellas canciones que nos gustaban tanto.
Aprendí mucho con todo ellos. Aquellos programas, sin ser yo demasiado consciente, me formaron y me dieron una visión del mundo amplia, divertida y enriquecedora.