Últimamente, me he tropezado varias veces con el nombre de Bob Dylan. Primero fue una canción antigua rescatada por casualidad en You Tube; despues, un poema de Benjamín Prado, y, ayer mismo, leí una noticia en la que se
afirmaba que el cantante iba a poner su voz a un navegador GPS. Pero el intérprete de Forever Young se tomaba un poco a chacota su cometido e ironizaba con que, más que guiar, podía despistar al conductor: “La siguiente, a la izquierda. No, a la derecha. Bueno, mejor, siga recto”.
Ya podrían sustituir aquí también esas voces cibernéticas por otras más adecuadas. He estado pensando y creo que la mejor voz española para un GPS sería la de El Fari. El Fari, esa mezcla de taxista y cantante, lo hubiera bordado, seguro. También Jesús Gil (“Sigue recto y tal y tal”) habría servido para esta tarea. Pero, desgraciadamente, ya no están entre nosotros. Otra opción, más chistosa, sería la de Torrente/Santiago Segura, que, por defecto, siempre te llevaría a un puti-club: “A la derecha, a la derecha, que hay unas chorbas…”. O el calvo ese de la Sexta que retransmite los partidos de fútbol: “Gira a la izquerda, hombre, o a la derecha, tiqui-taca, tiqui-taca, ¿qué pasa, Salinas?
Aunque, casi mejor, apagar el GPS y poner música: Hay mañanas y noches / porque existe Bob Dylan. / Hay planetas y oxígeno / porque existe Bob Dylan. / Hay veranos e inviernos / porque existe Bob Dylan /Yo nunca he estado solo / porque existe Bob Dylan. (B.P)
He leído a ratos perdidos Ni de Eva ni de Adán, la última novela de Amélie Nothomb. Confieso que no la he encontrado ni bien ni mal, ni todo lo contrario. Pese a todo el bombo que le han dado (entrevistas en El País Semanal, reportajes en televisión, portadas en revistas literarias, etc.) no acabo de ver ‘el acontecimiento’. A no ser que la autora sea, ella misma, ‘el acontecimiento’.
En la madrugada del 13 de agosto de 1961, la radio de Alemania del Este interrumpió su programa “Melodías de noche” para transmitir la noticia de que, a partir de ese momento, ya no se podía pasar hacia el Berlín Oeste. La justificación que se dio para el cierre era que había que intentar frenar la avalancha de refugiados que estaba dejando “exangüe” a la RDA. Así que la gente que se levantó el 13 de agosto de 1961 se encontró con que ya no podía pasar al otro lado para ver a su familia, a sus amigos o a la chica que había conocido hacía unos días. Gregorio Samsa también se levantó una mañana convertido en bicho. La historia la escribió un tal Franz Kafka y a estos hechos se les acabó tildando de “kafkianos”, esto es, absurdos o inquietantes.
muro se le llamó “de primera generación”. Como la gente se lo saltaba, se construyó otro muro, y entre los dos se puso arena y se sembró de minas. Encima, los policías fronterizos disparaban a cualquier cosa que se moviera.