Estilema

Octubre 18, 2009

Demasiada felicidad

Archivado en: Escritura, Libros — signos @ 5:45 pm

   Así se llamaba un artículo de Muñoz Molina que leí hace algún tiempo. “A veces” -dice- “es posible sentir demasiada felicidad. En el banco, a la una de la tarde, entre indigentes adormecidos y madres jóvenes que hablan por el móvil, leyendo al sol a Alice Munro, me encuentro del todo en mi lugar”.

   El otro día, estaba montando en mi casa una librería que compré en Ikea y pensaba en ‘los demasiados libros’. Hay demasiados libros en casa y eso empieza a ser un  problema. Le dije a mi hijo que por cada libro que entrara en casa había que deshacerse de uno. Él se lo tomó muy en serio. Como estanteriahabíamos comprado tres nuevos, cogió al azar tres ejemplares de otra estantería y me dijo que me deshiciera de ellos. Los miré melancólicamente y, sin que se diera cuenta, los volví a colocar en su sitio.

   Y es que no resulta tan fácil deshacerse de los libros. Es cierto que hay algunos que no he leído y otros que  he dejado a medias. ¿Y qué? Es posibe que, incluso esos, escondan alguna historia: tal vez ese libro  me lo recomendara un amigo después de una tarde de risas en un bar, o que lo comprara tras leer una crítica subyugante, o que me dejara llevar, como me pasa muchas veces, por el título, la portada, una frase. Qué más da.

   El otro día, sin ir más lejos, en un acto que se celebró en la UNED de Valencia, compré un libro de Santiago Grisolía. Lo compré porque me lo pasé bien en la presentación del libro, y porque sí. Al término de la presentación, fui a que me lo firmara. ¿Cómo se llama?, me preguntó el científico. Jorge, le respondí. Jorge qué más, inquirió. Puso mi nombre y mi apellido y unas palabras afectuosas arriba de su firma.

   Tal vez, dentro de un tiempo, en un traslado o cuando busque algún objeto perdido, me encuentre con ese libro. Seguramente ya no me acordaré de su trama, pero al abrir la primera página me vendrá a la mente una tarde lluviosa de septiembre, ese lugar cálido, la gente que estaba conmigo aquella tarde y con la que compartí muchas más…

 logos-reciclaje

   Sí. Demasiada felicidad para tirarla al primer contenedor.

4 comentarios »

  1. Son curiosos esos destellos de lucidez que te hacen reconocer la felicidad, aunque solo sea un instante, y, como dice Muñozmolina, encontrarte del todo en tu lugar. De ahí que “lo bueno si breve…”

    Comment por Tomás — Octubre 20, 2009 @ 6:55 pm | Responder

  2. Acabo de (co)rresponder a un comentario de JoseV en “Criscractal”.

    Lo he acabado con unas palabras que he escrito muchas veces, algunas de ellas dedicadas a la Vida: “Ven. Que vengas”.

    Cuando ha venido, la Vida, lo ha hecho siempre con un paquete de libros bajo el brazo.

    “Nuestra prisión está construida de libros queridos”.
    Breton & Soupault

    Comment por CrisCrac — Octubre 20, 2009 @ 9:38 pm | Responder

  3. No creo que sea posible sentir demasiada felicidad. Ninguna, poca, bastante, mucha,…quizás, pero nunca demasiada. Momentos de felicidad perfecta, es posible, pero de ¿demasiada?, no creo (y eso que uno de mis abuelos murió de un alegrón).
    Algún día tienes que invitarme a tu casa y te mostraré lugares insospechados donde poner estanterías y libros. Aprendí en casa de mis padres, donde aprovechaban el mínimo rincón y hasta el hueco encima de las puertas.
    Sobre los libros, recordad también a JRJ:
    Libro:
    afán de estar en todas partes
    en soledad.

    Comment por Teresa — Octubre 24, 2009 @ 7:05 pm | Responder

  4. =D

    Comment por tu mama — Noviembre 12, 2009 @ 9:40 pm | Responder


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