El otro día, aprovechando que tenía un par de horas libres en mi absurdo horario, me subí a un autobús sin un destino determinado. Tomar el pulso a una ciudad un miércoles por la mañana desde la ventanilla del 70 tal vez no tenga demasiado interés, salvo el de saber qué hace la gente en el centro de la ciudad un día en que tú no puedes estar allí porque estás trabajando en otro lugar. Cuando el autobús se metió en un atasco, me puse a leer el periódico y enseguida me interesé en una entrevista al escultor Jaume Plensa, un artista que se entretiene o se inspira leyendo a Einstein y a René Thom, el matemático francés que desarrolló la teoría de las catástrofes. Cada vez me interesan más las matemáticas, así que seguí leyendo.
Jaume Plensa dice que el arte no sirve para nada, y que precisamente por eso es tan importante y tan poderoso. Eso es verdad. Me acordé que vi hace tiempo una exposición suya en el IVAM, en donde colgaban cientos de letras que eran como cortinas. Las letras, al chocar una con otras, producían música, que es -lo confiesen o no- lo que en realidad quieren hacer los escritores cuando juntan las letras. Pero muy pocos lo logran.
Imagínense que van andando por un parque y se encuentran esta escultura de Plensa. Impactante, ¿no? Dialogue, se llama, y, efectivamente, esos dos bustos están hablando de algo interesante, hasta el punto de que uno no sabe si se para a mirarlos o a escucharlos.
El miércoles pasado, a la altura de la plaza de San Agustín, vi desde la ventanilla a dos chicas en la parada del autobús. Un poco más allá un hombre se detuvo ante un escaparate en donde dos empleadas estaban vistiendo a unas maniquíes. A veces el Dialogue consiste solo en mirar el mar frente a un Martini blanco. Si uno se para a pensar, todos esos actos no tienen ninguna utilidad, no sirven para nada. Tal vez por eso son tan necesarios.
Si esa mañana yo no me hubiera escapado de mi trabajo, no me habría enterado de nada.

Hace unos días oí la narración de un empleado de una feria de arte (no recuerdo si era ARCO, pero algo así). Contó que un artista había hecho una “performance” en la que se distribuían por el suelo cenizas varias. Por la noche, la señora de la limpieza, cargada de sentido común barrió las cenizas. Cuando llegaron por la mañana y vieron el “desastre” intentaron ponerlasd de nuevo más o menos como estaba. Llegó el supuesto artista y, naturalmente, no se dio cuenta de nada pese a que parecía algo planificado y sesudo.
Dicho de otro modo, hay que dejar de dar a todos estos tipos ese “plus” de generosidad intelectual y estética y acercarnos limpios de prejuicios. No sé lo que es el arte, pero estos individuos no me hacen gracia, y creo que tienen tanto derecho a autodenominarse artistas como yo a atribirme el descubrimiento de la relatividad.
Las matemáticas tienen belleza u elegancia. No me extraña lo que dices.
Comentario por Atticus — marzo 5, 2011 @ 1:34 pm |
Una vez un profesor me dijo que una obra de arte era todo aquello susceptible de estar en un museo. En cambio creo que hay muchas obras cuyo arte consiste en que te las encuentres por casualidad al doblar una esquina, y que te provoquen algo positivo: ‘El peine de los vientos’ no podría estar en otro sitio sino en el que está. Hay mucho arte y Dialogue en las olas estampadas contra las rocas (o en el mismísimo Martini blanco agitado por los hielos).
Comentario por paraqueloleas — marzo 5, 2011 @ 4:58 pm |
El arte es el reflejo de la sociedad. Quizás no le veamos ningún sentido porque nuestra sociedad actual tampoco lo tenga. No se, es complicado definir esto del arte.
Me quedaría con la definición que de él dió, Octavio Paz:
“El arte (…) es la cresta visible de ese iceberg que es cada civilización hundida”.
Muy poético tu itinerario en bus, en horas laborales!!! Il m’a plu!!:)
Comentario por kriss — marzo 6, 2011 @ 10:33 am |
me pregunto si altamira muestra o no la (in)utilidad del arte
Comentario por CrisC — marzo 8, 2011 @ 9:03 pm |
Recuerdo unas siluetas que vi en Berlín, a lo lejos, aparentemente en medio del rio, en un dia nublado. De lejos yo veía tres, pero alguién veía dos, mientras que un tercero no lo tenía muy claro. Eran enormes, aunque a la vez parecía que iban a salir volando. Luego resultó que venía en todas las guías: 30m, 45T, el artista quiso decir… Verlas de cerca ya no me interesó, para mi lo importante fue la impresión que me quedó despues de aquel encuentro no planeado. ¿Será esa la utilidad del arte?
Comentario por paraqueloleas — marzo 10, 2011 @ 5:27 pm |