Estilema

Febrero 8, 2008

Dar clase

Archivado en: Clases — signos @ 7:04 pm

                    aula-2.jpg 

  Recuerdo a un profesor que tenía en la Facultad. Iba siempre despistado, decía las cosas dos veces sin darse cuenta, nos preguntaba si había en clase algún repetidor porque iba a contar una anécdota que ya había contado en cursos anteriores. No sé si era buen profesor (a veces  no sé muy bien qué es eso), pero era divertido, sugerente, reflexivo. Escribía poemas y diarios, que yo leí mucho después. A veces me lo encontraba en la parada del autobús, mirando hacia el infinito.

  Una vez entró en el aula, dijo que venía de comer con una amiga y que no iba a dar clase. A continuación se calló. Nos callamos nosotros también. Estuvimos así muchos  minutos. He olvidado muchas clases; pero ésa,  nunca.

  Voy esta tarde nublada a dar clase y, no sé por qué, hoy me siento él. Miro a los alumnos y, como un resorte, se me disparan las palabras del tema 9. Pero, en realidad, debería haber dicho: “Vengo de comer con unos amigos. No voy a dar clase”.

  Pero no lo hice, pese a que en mi frente se podía leer “vengo de comer con unos amigos y no voy a dar clase”. Tal vez dentro de algún tiempo alguien escriba sobre mí y sobre esa clase.

Enero 23, 2008

Una canción

Archivado en: Clases, Escritura, Gente, Música — signos @ 10:03 pm

Paisaje  Iba conduciendo y, de súbito, la vida se redujo a esa canción. Creía que era Beth Orton y, sin querer, me acordé de esa chica que hace años me pasó una cinta con canciones de Beth Orton. Resulta curioso que le gustara ese tipo de música tan melancólica a ella, tan fría, tan cerebral.

  Blue like the winter snow in the full moon. Así empieza la canción. Luego, el semáforo se puso en verde, se cruzó un motorista y no pude prestarle la atención necesaria. Sólo algunas palabras aisladas: December, ice, promises… mientras veía los árboles desnudos, las nubes grises, el frío de la gente, la tarde rojiza. En la carretera, a un lado, el mar revuelto estrellándose contra el muro de piedra;  al otro, las montañas recortadas, y, al fondo,  el castillo de Sagunto  “iluminado como una enorme vela encendida”.

  I want you to remember me that way decía la canción, que no era de Beth Orton sino de Natalie Marchant.

  “Quiero que me recuerdes así”, le decía yo a nadie. 

  Luego, las noticias de la radio, el café apresurado, unas fotocopias, las clases… Lo de siempre.

Enero 5, 2008

Chomsky enamorado

Archivado en: Clases, Escritura, Gente, Lenguas, Libros, Música — signos @ 3:36 pm

Noam Chomsky    Tenía que ocurrir: Noam Chomsky se ha convertido en canción. 

  Todavía recuerdo la fascinación que ejercía sobre nosotros Noam Chomsky y su gramática generativa. Aunque aquello no había Dios que lo entendiera, nosotros éramos serios y disciplinados y fueron muchas las tardes que dedicamos  a desentrañar sus teorías sintácticas y sus diferentes modelos de gramática generativa y transformacional.

  Chosmsky era una eminencia y, además, trabajaba en el  MIT (Massachussets Institute of Technology), que, desde nuestra ignorancia, era el no va más de los centros de  investigación. Trabajar en el MIT era como estar en un gran cerebro al que sólo tenían acceso mentes privilegiadas venidas de diferentes partes de este mundo e, incluso, del más allá.

  Chomsky para principiantes

  Aquella teoría era muy difícil de entender, de manera que salieron cientos y cientos de libros y artículos intentando explicar la gramática generativa. Como nadie consiguió hacerlo, a finales de los noventa salió un librito que se llamaba Chomsky para principiantes, que con muchos dibujos y poco texto intentaba acercarse a la figura del lingüista y activista político.

  Pero las nuevas generaciones ya no están por la labor,  no quieren  pasar por el calvario que pasamos nosotros y han transformado a Chomsky en canción. Noam Chomsky se ha enamorado de ti es el título de la canción de Astrud, cuya letra dice algo así como: Noam Chomsky se ha enamorado de ti / Hace meses que Chomsky está loco por ti. / Sólo piensa en volar de Boston a Valencia / y pasear contigo por el cauce del Turia / hasta que tú le quieras./ Él no tendría prisa y tendría paciencia…

En fin, paciencia.

Diciembre 22, 2007

Edetanos

Archivado en: Clases, Gente — signos @ 10:00 pm

  Ayer estuve con la gente de Llíria. Es decir, estuve con la gente que ha estado conmigo en los últimos trece o catorce años (¡uf!, hay que contarlos para darse cuenta). Aquí podemos ver una foto que nos hicimos hace mucho tiempo.

 foto-lliria.jpg  Estuve con Luis, Juan Carlos, Concha, Teresa, Paco, Ada, Empar, Barra, Juana, Elu, Zamorano… No vi a Pepe Aigües, ni a Deo, ni a Claudi, ni a Vicent, ni a Lastra, a los que echo de menos. Pero sí vi a Juanjo, con su consistencia, su barba, sus gafas y esa ruidosa carcajada con la que acompaña todas sus sentencias. Dice que ya le cansan las clases, pero -en el fondo- no es  cierto, porque él ha nacido para esto de la docencia, si la docencia consitiera aún en la transmisión de sabiduría y no en el coñazo pedagógico en el que se ha convertido. Jamás he visto a Juanjo por los pasillos con una cartera o con papeles bajo el brazo. Él iba a clase con las manos en el bolsillos, se sentaba y empezaba a transmitir sabiduría. Luego,  continuaba en el bar, porque él no hace esas distinciones tan sutiles que hacemos todos entre bar, aula y pasillos.

  En su aspecto físico siempre me ha recordado a Àngel Casas, aquel presentador catalán tan divertido que sabía sacar a sus entrevistados todo el partido posible. Y también tiene algo de Fernando Savater, tal vez por la barba, las gafas, o esa pasión con la que cuenta las cosas. El cóctel entre espectáculo y sabiduría da lugar a su persona. 

  Así que imagínense  la escena: suena una música, a continuación unos aplausos y aparece sobreimpresionado en la pantalla el rótulo de “El show de J.J.” y un señor con barba empieza a hablar con rigor y amenidad de cualquier acontecimiento histórico, responde a las preguntas de los telespectadores y comenta las imágenes más significativas de la semana. Y todo ello con una audiencia millonaria.

  Pa’ cagarse.

Noviembre 27, 2007

La lata de la Religión

Archivado en: Clases — signos @ 8:18 pm

  De vez en cuando me doy un paseíto por el blog de Felipe Zayas. Había leído cosas suyas, claro, porque Felipe lleva media vida escribiendo sobre temas de lengua y literatura, pero lo conocí en persona hace tres años, en un curso sobre educación y nuevas tecnologías. Bueno, en realidad no sé si el curso se llamaba así, porque siempre ponen unos nombres muy pomposos: Las TIC y las aulas digitales, nuevas tecnologías en la educación, los retos en la educación del siglo XXI, el desafío de… Se llamara como se llamara, el caso es que Felipe Zayas iba allí a compartir su pasión por los blogs.

  En Darle a la lengua me he encontrado con este vídeo. Él se pregunta si no formará parte de una campaña para prestigiar las clases de Religión frente al “adoZtrinamiento sociata de Educación para la ciudadanía”. Puede ser. Pero el anuncio es insuperable: el careto de él cuando se gira para contemplar a la chica, su sonrisilla (que parece estar diciendo “ahora verás dónde queda todo ese ardor”),  ella que, mientras recibe la bendición, no se puede creer lo que está ocurriendo…

  La tentación, el deseo, la castidad, el ardor, el pecado… Interpretaciones hay miles. Ahora, yo,  de la chica, dejaba la Coca-cola y me tomaba un whisky.

 

Noviembre 17, 2007

Lakoff & Pons

Archivado en: Clases, Gente, Libros — signos @ 11:00 pm

Lakoff           Pons    

  Leo en el periódico que, entre los catorce “notables” que asesorarán al PSOE para su programa electoral,  se encuentra el lingüista Geeorge Lakoff. Supe de la existencia de Lakoff por un curso de doctorado que hice ya hace unos años que trataba sobre lingüística cognitiva, más concretamente sobre la teoría que pusieron en marcha Dan Sperber y Deirdre Wilson y que se conoce como la Teoría de la Relevancia.

  Es una teoría bastante complicada,  y el encargado de descomplicarla un poco a aquellos alumnos algo perplejos fue Salvador Pons, un profesor de la Universidad de Valencia al que le fui cogiendo aprecio a medida que íbamos avanzando en el curso. Antes de conocerlo, yo no creía (¡Vive Dios!) en la pragmática y en todas esas zarandajas, pero poco a poco, ese profesor de hablar pausado y sonrisa irónica que parecía estar aplicando en clase algunas de las teorías que explicaba, me conveció de su utilidad y, sobre todo, de que aquello era un territorio intelectualmente divertido y todavía inexplorado en muchas de sus facetas.

  A lo mejor, Pons no gozaba de mucha simpatía entre el alumnado, ya que no era el típico profesor guay que cuenta chistes en clase y que siempre pone las mismas preguntas en los exámenes,  pero te hacía reflexionar sobre el trabajo que estabas haciendo y,  si querías aprobar con él,  tenías que trabajar duro. Por eso es de esos profesores que valoras sólo cuando ha pasado algún tiempo, cuando has de ser tú el que explique algún tema difícil o cuando te enfrentas solo a libros como el de Lakoff, No pienses en un elefante, que yo acabo de comprar este fin de semana y que estoy ansioso por leer. 

  Así que celebro haber conocido a Salvador Pons y sólo lamento que aquel curso se acabara tan pronto.

Octubre 30, 2007

Pío Baroja

Archivado en: Clases, Libros — signos @ 7:09 pm

PÃo Baroja Aquí vemos a Pío Baroja, con su boina y su bufanda. Se ve que era un tipo friolero. En un libro que hablaba sobre los escritores y el cinematógrafo, leí que no le entusiasmaba el cine porque una vez fue a una sala y hacía tanto frío que se resfrió. En esta foto aparece en lo que seguramente será su mesa de trabajo,  con los utensilios de escritura a la vista. Hoy hemos hablado en clase sobre Pío Baroja, y los alumnos (tan jóvenes) no parecen tener una mala opinión de él. Ese estilo antirretórico del que hacía gala ha permitido que hoy en día todavía se le pueda leer bien, sin excesivas complicaciones, que es lo que la gente busca cuando lee una novela. En ese sentido, ha resistido mucho mejor el paso del tiempo que Valle-Inclán, por ejemplo. Por eso, es mucho más fácil recomendar Zalacaín el aventurero o Las inquietudes de Shanti Andía que las Sonatas.

 A mí me gustó El árbol de la ciencia cuando la leí por primera vez, y también Zalacaín el aventurero. Tengo por ahí algún volumen de sus memorias que he leído a trozos, porque cuando llevo mucho rato leyendo me acaba molestando ese estilo que tiene tan descuidado, tan tosco. Es como ver una pared llena de desconchones: si la miras una vez casi ni te das cuenta, pero si te quedas mirando fijamente, acabas contándolos y todo. De todas formas, tengo amigos a quienes les gusta mucho y lo defienden con verdadera pasión. Por eso no seré yo quien lo critique.

 Cuando he terminado la clase y he salido a la calle me he llevado una sorpresa porque era casi de noche. Luego he caído en  que el domingo cambiaron la hora. Tendré que estar un poco más al cabo de la calle.

Octubre 23, 2007

Literatura

Archivado en: Clases — signos @ 6:09 pm

Valle-InclánHoy hemos estado hablando en clase sobre Valle-Inclán. Javier Marías, en su libro Miramientos, lo retrata de la siguiente manera: “Aquí está Valle-Inclán con su barba fluvial, lo que más llama la atención en todos sus retratos, también cuando la barba era negra pero sobre todo cuando ya era espumosa y blanca y se iba dispersando o deshilachando según caía. [...] Aquí está  mirando a la cámara, no le ha dado tiempo a encararse del todo con ella, por eso tiene un aire de muy leve sorpresa o susto, parecen fingidos, como quien simula espantarse ante un niño que se disfrazó de fantasma y se acercó creyendo que no era visto”.

 Valle-Inclán era un provocador y un pendenciero. Me he preguntado si hoy existe algún escritor así y les he trasladado la pregunta a los alumnos. Han salido los nombres de Sánchez Dragó, de Pérez Reverte, de Umbral. Pero es difícil encontrar hoy a un tipo tan estrafalario.

 Y también es difícil encontrar hoy en día a gente a la que le guste la literatura. Estos alumnos que tengo en el Curso de Acceso  de la UNED se han matriculado por propia voluntad en esta asignatura, en estos tiempos que corren, de menosprecio general hacia las humanidades. Ayer, sin ir más lejos, leí en El País (El periódico global en español) una entrevista con un tal Robert Mundell, Premio Nobel  de economía y muchas otras cosas más, pero que da la impresión de ser un tecnócrata de esos que va a arreglar el sistema educativo a base de tecnología, productividad e imput creciente. Dice el citado Mundell que “Los niños van a la escuela primaria y luego a la secundaria pero no están preparados para trabajar”.  No sé muy bien qué significa eso, pero supongo que para él lo mejor sería que primero se estudiara una formación profesional y, después, si hay ganas y recursos, todas esas zarandajas de literatura, música, historia, latín, filosofía…

 Seguramente no he sabido interpretar sus doctas palabras. Un tipo que fue asesor del ex presidente de Estados Unidos Ronald Reagan, que impulsó la llegada del euro a la UE,  que enseña en universidades de China (y, añado yo, que no ha pisado en su vida un aula de secundaria en un instituto público), no puede estar equivocado.

 Les dejo con una canción Luis Eduardo Aute que habla, precisamente, de literatura. Espero que la disfruten.

Octubre 18, 2007

Alumnos que me gustaría volver a ver

Archivado en: Clases — signos @ 9:43 pm

 Hoy he dado mi primera clase en Sagunto. Aunque yo empecé en la UNED de Valencia, y en Valencia sigo dando algunas clases, siempre he considerado Sagunto como mi puesto, mi destino. Empecé en 2001 y desde entonces he ido todos los lunes (ahora los jueves) por esa carretera que bordea el mar y parece llevarte a un lugar que sólo existe en la ficción y  acaba en un castillo que se recorta en un cielo rojizo a esa hora en la que cae la tarde.

 Me acuerdo del primer año en que di clases en el Aula de Sagunt, del grupo que se formó, de la complicidad que establecimos con las clases, con las bromas que iban surgiendo con aquellos temas tan plomizos de gramática. Me acuerdo de un pareja que no se perdía ni una sola clase; me acuerdo también de Pablo, un jiennense que servía a la patria con retranca y tricornio; de María, una castellana leísta y muy lista;  de Sandra, una rubia alta y algo miope a la que le gustaba mucho el cine y que estaba empeñada en rodar un corto. Llegamos,  incluso, a esbozar un guión en el bar del instituto, pero luego ya no supe nada de ella. Y de Roberto, el coordinador del curso, un tipo alto y simpático que se liaba unos cigarrillos (he dicho cigarrillos) perfectos. Luego se fue, como pasa con la gente interesante, que siempre acaba marchándose.

 Soledad Puértolas escribió un libro que se titulaba Gente que vino a mi boda;  Ignacio Vidal-Folch otro que se llamaba Amigos que no he vuelto a ver. A mí me gustaría escribir una novela (bueno, un relato, siempre he sido más bien de distancias cortas) que se titulara, por ejemplo, Alumnos que me gustaría volver a ver.

Espero escribirlo algún día.

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