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El sábado estuvimos en casa de Fer, celebrando su cumpleaños. En un momento ya avanzado de la noche surgió el tema este de los blogs (bueno, en realidad es un tema recurrente en nosotros). Estábamos en su terraza, que da a la avenida de Pérez Galdós. Me vino a la mente aquella noche en la que empezó a llover torrencialmente y los coches sorteaban los contenedores que la lluvia había arrastrado hasta el medio de la avenida y un coche de policía intentaba apartarlos dándoles con el morro, como si se tratara de autos de choque. Alfredo y yo contemplábamos el espectáculo y la lluvia era tan intensa que no se veían ni los edificios de enfrente.
Bueno, allí estábamos la otra noche hablando y Quique pensaba que Fer utilizaba un tono demasiado personal en su blog. Vicente creía que el problema era que había un desfase entre el momento de la escritura y el de la lectura. Se escribe oliendo un perfume, oyendo unas palabras, sintiendo una piel, y se lee sin aromas, en silencio, sin roces. A mí me ha pasado alguna vez: leer un post con el café en la mano, a punto de marcharte, o muriéndote de sueño, o con la cabeza en otro lado.
A mí me gustan los post de Fer. Los encuentro muy poéticos, muy literarios. Sé que son muy personales, pero es en lo que menos me fijo. Si sólo me fijara en eso, tampoco me gustarían los blogs de Luis (qué bueno su último escrito), ni de Rafael Reig o de Juan Cruz. Por cierto, a Juan Cruz hace mucho que no lo leo, tal vez desde octubre, Ojalá octubre, ese mes de treinta y un días.
Hoy, siete de junio, he visto que Juan Cruz ha escrito otro libro: Muchas veces me pediste que te contara esos años. Un bonito título, sobre todo para aquella persona que te ha pedido muchas veces que le cuentes todo lo que te pasó en esos años en los que no estuvo.








