Estilema

abril 30, 2008

Novelas (I)

Filed under: Escritura,Gente,Libros — signos @ 12:48 pm

AVISO. Este post, y los que siguen, los escribí (o pensé, ya no lo sé) antes del 28 de abril, fecha en la que una tal Eva repartió impunemente unos ejemplares con tapas rojas a los allí reunidos. Vaya para ellos este post (y los que siguen).

 

  Hace casi diez años escribí una novela que se llamaba Patinazo artístico. El libro contaba la historia de un estudiante de filología que acababa la carrera y se disponía a hacer la tesis doctoral. Mientras la estaba redactando le ocurrirán una serie de cosas que darían al traste con su incipiente carrera académica. La novela la leyeron unos cuantos amigos que se rieron mucho con la historia y que creyeron (estoy seguro) que era autobiográfica.  

  Luego, la guardé en un cajón y me olvidé de ella.

   Unos años más tarde me llamó una amiga y me dijo que andaban  buscando novelas para un proyecto editorial que se ponía en marcha. Como a mí me acababan de dar un premio por una novelita que había escrito, me preguntó  si tenía algo para publicar. Naturalmente, le dije que no. Volvió a insistir y le volví a decir que no, que lo único que tenía era un “divertimento” imposible de sacar a la luz pública. “Tráemelo”, exigió. Pero no podía. ¿Cómo iba a darle una novela en la que el personaje principal era filólogo (como yo) y  mandaba a paseo la tesis (como yo) durante esa década maravillosa que fueron los años 80 (época en la que yo estudié). La gente identificaría a ese personaje conmigo (lógico) y pensaría que a mí me había ocurrido todo lo que le sucedía al protagonista (cosa ya no tan lógica, porque un novelista tiene eso que se llama “inventiva”).  Yo no me había enamorado de una patinadora ni había acabado como acaba el personaje de la novela. Pero seguro que la gente se creería que lo que le había pasado a él me había pasado previamente a mí.

  No digo que algunas cosas no me ocurrieran. Pero el ochenta por ciento era pura inventiva.

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abril 27, 2008

So far away

Filed under: Escritura — signos @ 2:15 pm

La tarde del domingo se consumía lentamente entre las canciones de Carole King, el café con leche sin azúcar, aquel estudio tan aburrido de Aumont sobre la estética del cine y el libro de Cortázar, Rayuela, leído ya muchas veces y cada vez con más desorden, saltándose páginas,  capítulos, sólo  atendiendo a los párrafos subrayados. No en vano este libro eran muchos libros. Estaba sobre la mesa del estudio, o en el brazo de un sillón, o en la mesilla de noche, o, también, en un  banco del Jardín Botánico, o sobre el césped de los jardines de Viveros. Daba lo mismo. Se podía abrir por cualquier página y empezar a leer: “Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar  contra mí como una luna en el agua”.

Cuando Julio se acercó la taza a los labios, con el café con leche ya frío, Carole King cantaba So far away, doesn’t anybody stay in one place anymore,  y a través de la ventana sólo se veía la silueta ennegrecida de los edificios próximos. El sol se había ido, la tarde de aquel domingo tan plácido como anodino se marchaba sin decir adiós, y la música ponía el sonido ambiente preciso a esa mezcla de alegría y tristeza que invadía la atmósfera de la habitación. Sacó un teléfono móvil de un cajón, lo conectó, marcó un número, esperó una respuesta y, a continuación, dijo mecánicamente que el artículo iba por e-mail a la redacción. Emitió un “chao” desganado y colgó

           

Es verdad. Qué lejos ha quedado todo.

 

 

abril 26, 2008

En caída libre

Filed under: Gente — signos @ 10:12 am

 

 Un artista en caída libre. Así titula un periodista el artículo que firma sobre el futbolista José Antonio Reyes. Me hace gracia esa expresión: en caída libre. ¿Quién no se ha sentido así alguna vez? La verdad es que con el paso de los años va cayendo todo: el cabello, la juventud, las fuerzas, el ánimo.

  A mí me han caído tantas cosas que ya ni me molesto en recogerlas. Últimamente, me dicen que también voy perdiendo neuronas porque veo más arte, emoción y belleza en un gol (de Morientes, por ejemplo) que en un verso de Rimbaud. La verdad es que me da buen rollo ver al Moro,  a Messi o a Fernando Torres en el campo. Los ves revolverse en el área y te da el subidón. 

  Pero es verdad que Reyes va en caída libre; tal vez por el poco peso de su cabeza. No sé qué vio el refinado Arsene Wegner cuando se lo llevó a Londres, pero debió de alucinar con él y, sobre todo, con su familia. Una vez, la matriarca, Mari, al enterarse de que el hotel valía 200 euros, decidió pasar la noche en el vehículo, con el padre, el hermano y la novia.  El coche era un Mercedes SLR McLaren valorado en 550.000 euros.

Pero, aunque se conduzca con los pies,  hace falta cabeza. Y si no, ya se sabe.

abril 19, 2008

Ministras

Filed under: Gente — signos @ 10:38 am

 

  Debo decir que el nombramiento del nuevo Gobierno de Zapatero me ha producido, más bien,  indiferencia. Zapatero me parece ahora un “producto” de plexiglás, sobre todo después de haberlo visto en los debates con su “colega” Mariano. No lo pude evitar y me dio la risa cuando se despidió en plan actor: Buenas noches y buena suerte. Casi me meo.

  Lo que ya no me da tanta risa son las opiniones de los periodistas sobre las nuevas ministras. No es que me considere un defensor de las mujeres, ni siquiera  de los hombres o de los homosexuales. Me defiendo a mí mismo, y no siempre. Pero que los periodistas no tengan otra cosa más ingeniosa que decir que los habituales chistes de corte machista me deja bastante preocupado. David Gistau llama a Carme Chacón, “la del bombo”; Jiménez Losantos tilda a Bibiana Aído como “la flamenca” y Javier González Ferrari vuelve a cargar sobre Chacón y dice: “Hemos pasado del recluta con niño a la ministra de Defensa con niño, aunque todavía en camino”.

  ¡Ay!, qué risa. Estos chicos deberían abandonar rápidamente sus redacciones e irse a actuar a El club de la comedia. Urdaci ya lo hizo y le salió muy bien.

abril 16, 2008

Solitarios

Filed under: Gente,Libros — signos @ 10:20 am

  Siempre me han atraído las historias de tipos solitarios y marginales. A lo mejor es porque yo también lo soy (solitario, digo). He leído en El País un artículo de Enric González titulado “Tipos solitarios”. Debo decir que, tal vez,  leo a Enric González sólo porque lo conocí en Segovia, en el Festival Hay. Me pareció un tipo interesante. A pesar de que hoy en día te puedes comunicar a través de pantallas digitales y tal, creo que la relación personal es insustituible y te da una dimensión de las personas que difícilmente puede transmitir una pantalla pixelada.

  Dicho esto, hablaré de quien habla Enric González en su artículo: de Jeffrey Bernard, un periodista británico cuya principal afición consistía en apostar a los caballos y largarse al pub Coach and Horses a pasar sus buenos ratos bebiendo vodka y fumando cigarrillos. Su columna, Low life, se convirtió en un modelo irrepetible porque Bernard era uno de esos tipos irrepetibles capaz de hacer obras de arte con el humo de sus cigarrillos y su apestoso aliento de wodka. Bernard escribió su propia necrológica y dijo en tercera persona de sí mismo que “su alcoholismo alcanzó tal gravedad que se vio incapaz de desempeñar el trabajo más sencillo. En consecuencia, se le aconsejó que se dedicara al periodismo”.

  Enric González también nombra a otros solitarios que se dedicaron al periodismo porque, tal vez, no podían desempeñar otros trabajos más sencillos: Josep Pla, Julio Camba, Feliciano Fidalgo. A este último lo recuerdo hablando, con su voz carajillera y entrecortada, los domingos por la mañana en aquel programa de radio que presentaba Concha García Campoy. Y en lá última página de El País. Dice de él González que “era un espíritu libre, enfermizamente generoso” y que “procuró morir solo y arruinado. Lo consiguió parcialmente”.

  Si se para uno a pensar, hay que ver cuánta compañía nos hicieron y nos siguen haciendo esos tipos solitarios.

abril 10, 2008

La escritura (II)

Filed under: Escritura,Libros — signos @ 9:12 am

 

  Hay gente que dice que empezó a escribir después de leer El Quijote o Crimen y castigo. Me parece muy bien. Yo las leí cuando todavía no tenía veinte años; me gustaron y tal, pero no sentí unas enormes ganas de escribir después de leerlas. En realidad, lo que a mí me gustaba cuando tenía dieciocho años era el cine, y, en especial, las películas de Woody Allen.

  A esa edad yo formaba parte de un grupo de cine (me parece que esto ya lo he contado en otra ocasión, así que pido disculpas por mi pesadez). Como todo el mundo quería dirigir e interpretar, quedó libre el oficio de hacer argumentos, tramas y diálogos (no puedo decir que eso fueran “guiones”). Mi maestro era Woody Allen y mis historias eran muy parecidas a las suyas.

  Luego, me olvidé bastante del cine, un poco menos de la literatura,  y me dediqué a otras cosas propias de la edad.

  A principios de los noventa, me encontré con un libro que me cambió la vida.  Se llamaba y se llama Describir el escribir (Descriure escriure, en su original catalán), y su autor es Daniel Cassany. Es uno de esos libros que salen a tu encuentro para recordarte cuál es tu lugar en el mundo. No te dice cómo escribir sino qué es escribir. Además, te recuerda que un “escritor” no es siempre ese tipo alucinado que redacta a golpe de whisky e inspiración, sino aquel que sabe plasmar sus pensamientos en una hoja de papel. Nada más. Y nada menos.

  Le debo mucho a ese libro. Una vez lo releí para escribir un artículo sobre diarios personales y volví a sentirme feliz. Y muchas veces lo miro con cierta nostalgia,  como quien mira una fotografía antigua en donde se aúnan todas los recuerdos de una época. Una época pasada y feliz. La época a la que nos gustaría regresar.

abril 6, 2008

Desde la terraza

Filed under: Escritura — signos @ 3:46 pm

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  Sabía que podía encontrarse con ella en la fiesta de Miki, y que le daría mucha vergüenza después de haberla evitado en el bar de Pascual y de todas esas cosas que le había dicho meses atrás. Por eso ideó una estrategia, un acercamiento por etapas que no resultara demasiado sospechoso: primero, un mensajito al móvil,  y,  después,  un encuentro “casual”.

  El resultado fue más bien desconcertante, sobre todo para él. ¿Qué le hacía a ella estar tan a la defensiva? ¿Dónde estaba esa chica más bien desinhibida que había conocido antes? ¿Por qué no había dado el resultado apetecido ese encanto que él desgranaba sólo en las grandes ocasiones?

  Finalmente, ella picó el anzuelo. Tardó tres o cuatro días en llamarlo, pero ahí estaba, marcando su número, concertando una cita, cayendo en la trampa. No hablaron de nada en concreto, pero sí de la fiesta de Miki, la de todos los años, la que una vez los volvió a unir.

  Ella no fue a la fiesta. Lo había decidido incluso antes de la cita.  Pero eso a él ya no le importaba. O sí, pero de otra manera. Mientras él bailaba, ella estaba en su casa regando las macetas. Cuando se acodó en la barandilla para fumarse el porro que se había liado, escuchó una música desde un coche: años 70, un grupo inglés…, no sabía con certeza. En todo caso, una música pasada, de otra época, de esas que las radios programan de vez en cuando.

  Tiró la colilla de un papirotazo (“¡qué palabra!”, pensó) y se quedó mirando hacia el infinito. El vientecillo suave que soplaba del este le resultó agradable. No sé sintió ni bien ni mal (o no sintió ni el bien ni el mal que él siempre le había hecho). Simplemente,  sintió de otra manera. Se  sintió de otra manera.

abril 2, 2008

Barrio

Filed under: Escritura,Gente — signos @ 7:18 am

barrio-sesamo-2.jpg 

  He salido de casa y llevo todavía en mi cabeza una canción de Camera Obscura que acabo de oír en la radio. Paso por la bodega El Pilar  y veo a los parroquianos de siempre ya a esa hora tan temprana de la mañana. La chica de la ORA se prepara para poner multas; Alberto, que tiene una hija adolescente en plena fiebre consumista, abre la peluquería, aunque sabe que por la mañana tendrá poca clientela; el quiosco de Neus llevará ya un rato abierto, al igual que el bar Llombay y el horno donde compro todos los días un cruasán, aunque yo digo “curasán” porque si no, no me entienden. Cojo allí mismo 20 minutos, el periódico gratuito del que ya no puedo prescindir. Conocí a su director este verano, en un curso que organizó la UNED de Valencia, y, pese a tener mi edad o menos, me pareció un tipo interesante.   Me vuelvo a casa después de dejar a mi hijo en el colegio y desayuno hojeando el 20 minutos. Marujeo un rato por casa.  Ahora trabajo por las tardes, de manera que dispongo de algunas mañanas libres, de jubilata, que llamo yo. Seguramente, a media mañana, acabaré tomándome un cortado en el Iruña. El otro día vi a Susi, la camarera, en otro bar y los dos nos reímos mucho porque era como encontrarnos en otra galaxia.

  Supongo que todos los barrios tienen un aroma parecido: el del café de los bares, del pan recién hecho de los hornos, de la tinta y papel de los quioscos, ropa y baratijas de las tiendas de chinos, colonias de las peluquerías… El otro día estuve en el nuevo piso de Luis, un bonito ático en una calle de Puerto de Sagunto. Nos dimos una vuelta por su barrio: dejamos a un lado Mercadona, pasamos por una tienda de chinos, entramos en un quiosco y acabamos en un bar de diseño tomándonos unas cervezas. En el fondo, los barrios no se diferencian demasiado unos de otros. El suyo, eso sí, tiene cerca el mar.

  ¡Oh!, el mar.

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