Estilema

septiembre 29, 2008

Vila-Matas y su dietario

Filed under: Escritura,Libros — signos @ 9:37 am

  Cuando los periódicos deportivos hablan del equipo de Unai Emery (que, por cierto, se parece mucho a mi amigo Ximo Escuder), es decir, del Valencia C.F., siempre destacan la conexión Villa-Mata, que es letal para el equipo contrario.

  La conexión Villa-Mata me lleva, inevitablemente, al escritor Vila-Matas. El otro día iba dando una vuelta por el centro de la ciudad y entré en  Druni, me puse de todos los perfumes que encontré y salí algo aturdido. Con todos esos efluvios entré en La Casa del Libro, que está al lado de la perfumería,  y vi el Dietario voluble de Vila-Matas. Lo abrí y leí un fragmento:  “Me fascina el frío. He llegado a veces a pensar qu el frío dice la verdad sobre la esencia de la vida. Me parece que el frío es muy elegante y se ríe de una manera infinitamente seria. Y el resto es silencio, vulgaridad, hedor y gordura de caseta de baño.” Me pareció una buena frase. Luego, leí unos comentarios sobre los finlandeses y me compré el libro.

 “El mundo es una ilusión, un escenario en el que todos tenemos frases que decir y un papel que representar. Cierta clase de actores, al reconocer que están en una obra, seguirán actuando a pesar de todo; otra clase de actores, escandalizados de descubrir que están participando en una mascarada, tratarán de irse del escenario y de la obra. Los segundos se equivocan. Se equivocan porque fuera del teatro no hay nada, ninguna vida alternativa a la que uno pueda incorporarse”, dice Vila-Matas en la página 171.

 

  Lo he pasado bien leyendo el Dietario voluble. Pero no es un libro que recomendaría o regalaría a cualquiera. Leer a Vila-Matas es como charlar con un amigo del que hace tiempo no tenías noticias.

septiembre 25, 2008

Paco, Eusebio y el Floppy

Filed under: Gente,Libros,Películas — signos @ 3:21 pm

El otro día iba andando por la calle y me pareció ver a  mi tío Paco, cosa imposible, claro, porque mi tío Paco murió hace cuatro años. Físicamente me recordaba mucho a Mario Benedetti, aunque ideológicamente no tenía nada que ver con él,  ya que era un hombre católico, de derechas y con unos rígidos principios morales. Era profesor de dibujo y pintor, leía el ABC (aunque ese diario, en el fondo, era demasiado liberal para él), iba a misa todos los días y, en sus buenos tiempos, se dejaba caer por el Círculo de Bellas Artes. Se indignaba mucho ante los programas que veía en televisión porque eran demasiado ordinarios,  echaba pestes del cine español (sobre todo de las actrices, que eran unas guarras) y montaba en cólera ante cualquier declaración socialista. Yo lo saqué en una novela (era el tío Eusebio de Floppy Disk) y lo convertí en un crápula, un bohemio al que le gustaban demasiado las mujeres y la fiesta y al que toda la familia  tenía como un caso perdido. Lejos de enfadarse, se tomó con muy buen humor al personaje, al que reconoció de inmediato, ya que había pasajes que lo identificaban claramente. Nunca me hizo ninguna pregunta sobre el particular,  y ante las provocaciones que le lanzaba de vez en cuando mi hermano, él siempre se reía, me daba dos palmadas en el hombro y se ponía a hablar de cine clásico, de  Chandler, de Woodehouse y de todas las cosas que le entusiasmaban.  Le hacía mucha gracia Mendoza y se partía de risa con los títulos que Javier Marías le ponía sus novelas: Mañana en la batalla… ¿qué? Ja, ja.

  Era un habitual en las comidas de Navidad, ya que era soltero y no tenía apenas familia, fumaba como un carretero y se mantuvo en perfecta forma hasta los ochenta y tantos, en que le empezó a fallar (creo) el hígado. Se fue sin armar demasiado ruido y se llevó con él cientos de escenas de películas, que recordaba a la perfección y recreaba con todo lujo de detalles en  esas comidas a las que siempre se apuntaba y era bienvenido. Le he echado muchas veces de menos. Y es que tíos así no deberían desaparecer nunca.

septiembre 22, 2008

Suicidios ejemplares

Filed under: Escritura,Gente,Libros — signos @ 6:20 pm

  Suicidios ejemplares es un libro de relatos de Enrique Vila-Matas. Es un buen título, sin duda, como lo son, por ejemplo, En busca del tiempo perdido o El desorden de tu nombre. Me he acordado de ese libro de relatos al leer en el periódico la noticia del suicidio del escritor estadounidense David Foster Wallace, que apareció ahorcado en su domicilio el pasado 12 de septiembre. Tenía 46 años y hace tiempo pidió ser internado en un hospital porque no controlaba sus pulsiones suicidas.

  La semana pasada los periódicos hablaban de Cesare Pavese, del que se cumple un siglo de su nacimiento. Pavese se suicidó por amor, con barbitúricos, y nos dejó esa obra impresionante: El oficio de vivir.  Otro hermoso título.

  En cambio a Larra, otro suicida, nunca se le ocurrió ponerle un título a sus artículos. Por esos sus editores simplemente los llaman Artículos varios o Artículos de costumbres.  Menos mal que también escribió una obra de teatro: El doncel de don Enrique el Doliente, que es un título extraño. ¿Se imaginan en la librería pidiéndole al encargado un ejemplar de  El doncel de don Enrique el Doliente? Bueno, Letizia sí que lo hizo porque fue el regalo con que obsequió a Felipe cuando lo conoció. Digamos que ese libro le sirvió para ligar un poco con el príncipe.

  Para que luego digan que leer no sirve para nada.

septiembre 18, 2008

Dean Martin y la felicidad

Filed under: Gente,Música,Películas — signos @ 7:45 am

  Siempre me hizo mucha gracia Dean Martin. Cuando iba a la facultad, mis amigos y yo lo imitábamos porque nos lo pasábamos bien haciéndolo. Nos reíamos mucho con él, con Jerry Lewis y con toda esa gente. Ahora leo en el periódico un artículo de mi admirado Enric González sobre Dean Martin y compruebo que para él no sólo fue un tipo divertido, sino que lo considera el prototipo de la felicidad. Dice González: “¿Puede ser feliz un hombre con una copa en la mano, un chiste en los labios, un montón de mujeres alrededor y una montaña de dólares en el banco? Mi opinión es que sí. Absolutamente,  sí. Pongo como prueba a Dean Martin. No cabe duda de que fue el hombre más cool del siglo XX. Yo también sostengo que fue el más feliz”.

  Y es que uno se pone a mirar a Dean Martin y enseguida se le pasan los malos rollos. Ni psicólogos, ni psiquiatras ni demás ralea. Pasa lo mismo (guardando las distancias, por supuesto) con Arturo Valls y el personaje que interpreta en Camera Café. ¿Se imagina uno una velada aburrida con Arturo Valls? No, por supuesto.  Te podrá caer mejor o peor, pero la diversión está asegurada.

  Y es que tipos así te hacen olvidar un mal día nada más aparecen por la esquina.

septiembre 11, 2008

Wendy

Filed under: Escritura,Libros — signos @ 11:35 am

  Tías buenas hay un montón por el mundo. Algunas escriben, y eso siempre es de agradecer. Y unas pocas escriben bien, lo que hace que el mundo sea un lugar mucho más agradable.  Una de ellas es Wendy Guerra. Aquí está.

   Guapa, ¿eh? O sugerente. ¡Qué más da! El otro día vi un libro de ella titulado Ropa interior.

Si me dejaran llevar todo lo que extraño
Si me dejaran cargar la isla y el milagro
no tendría adónde regresar
no volvería a mí
ni a tus recuerdos.
           *
Soy una buena obra
quizá la mejor de toda su colección
Pero tan efímera que el MOMA no puede conservarme.
                *
Y aun si él no pensara en empujarme
Puedo lanzarme yo
Tendría el tiempo perfecto para ver en el aire lo que quiero
Como una intervención en el vacío
La foto y una muda reconstrucción de ciertos
sentimientos.

  Por favor, que alguien venga y me presente a Wendy Guerra.

septiembre 9, 2008

John Grisham

Filed under: Escritura,Libros — signos @ 12:41 pm

 

 Leí hace unos días una entrevista con John Grisham, el famoso autor de best sellers, que ha vendido nada menos que 250 millones de libros. Trabajaba de abogado hasta que un día decidió escribir un relato sobre una historia real que le afectó profundamente. A partir de ahí ya no ha hecho otra cosa que escribir.

  El tío tiene muy claro los ingredientes que ha de tener una buena novela: En primer lugar, para que un libro llegue a ser un best seller “es indispensable que tenga suspense” porque “el suspense engancha a todo el mundo”. En segundo lugar, “en la historia tiene que haber un héroe o una heroína que se ganen inmediatamente las simpatías del lector”. “En mi caso” -sigue diciendo- “hay un tercer elemento, que no se da en todos los escritores, y es que mis libros son limpios, no hay nada escabroso ni moralmente objetable en ellos”.

  El entrevistador, un poco mentecato, insisiste siempre sobre las mismas cuestiones, pero Grisham lo tiene tan claro todo que es capaz de responder con elegancia y sin ningún tipo de ofuscación lo mismo de antes sin que se note demasiado. Me gustó el tipo; me pareció auténtico, aunque debo confesar que no he leído nada de él,  ya que las revistas y suplementos que me han guiado siempre en mis lecturas me han hecho creer que no valía la pena asomarse a este tipo de productos. Los suplementos que yo leo, redactados por prestigiosos críticos literarios,  recomiendan novelas de calidad, por ejemplo, El mar,  de John Banville: “A veces su imagen surgía de mí de manera espontánea como un súcubo interior, y un arrebato de deseo engullía la mismísima raíz de mi ser. Un verdoso crepúsculo, después de la lluvia, con una cuña de luz húmeda en la ventana y un tordo completamente fuera de estación trinando en los lupinos que goteaban, estaba yo echado boca arriba en la cama en tan intensa efusión de insaciable deseo -este deseo flotaba como un nimbo en torno a la imagen de mi amada, rodeándola por todas partes, aunque ninguna estuviera enfocada- que prorrumpí en sollozos, abundantes, sonoros y emocionados más allá de todo control”, se puede leer en la página 78.

  ¡Vas tú a comparar a Grisham con Banville! ¡Por favor!

septiembre 3, 2008

Cien libros

Filed under: Escritura,Gente,Libros — signos @ 10:01 am

 

  Este verano, en el suplemento dominical del diario El País, salió un reportaje titulado  “Cien libros que cambiaron la vida de cien escritores españoles”. Recuerdo que lo leí en una terraza de la avenida de Aragón, aquí en mi ciudad, que se queda maravillosamente desierta durante esos días del mes de agosto. No tengo ya la revista (últimamente, me desprendo de casi todo) y no puedo citar con exactitud los títulos más votados, pero eran los de siempre. Un escritor que se precie no puede nombrar a cualquier plumífero contemporáneo, sino que siempre antepondrá a Cervantes, a Proust, a Joyce, a Virgilio, a Dante… ¡Faltaría más!

  La verdad es que olvidé aquel reportaje ese mismo domingo de agosto, pero lo he vuelto a recordar leyendo un artículo de Andrés Trapiello, que lo trae a colación para decir que él también fue convocado a esa consulta, pero que finalmente la desatendió porque “uno no iba a poder responder algo así… en serio”. No seguí leyendo, pero me fijé su foto. Está joven Trapiello, con ese melenón y esa pintilla de eterno estudiante.

 

  Hubo un tiempo, en los años noventa, en  que yo leía a Trapiello y escuchaba música clásica. Ahora no hago ni una cosa ni la otra.  No sé si esto es mejor o peor. Tampoco creo que ningún libro me haya cambiado la vida. Algunos me han impactado, otros me han emocionado y, seguro, muchos me han influido. En ese sentido le tengo que dar la razón a Vargas Llosa, ese escritor antipático y engreído al que una vez le preguntaron cómo le habían influido a él determinados libros y decía que no lo sabía, pero que estaba seguro de que él no era el mismo después de haber leído La metamorfosis o Madame Bovary.

  Lo mismo me pasa a mí. Después de acumular lecturas y experiencias durante estos años, he dejado, de manera inconsciente,  de leer a Trapiello y de escuchar música clásica. Pero no sé, tampoco descarto la posibilidad de volver a ellos. De una manera inconsciente, por supuesto.

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