Estilema

febrero 21, 2009

Azul

Filed under: Efímeros,Escritura — signos @ 12:47 pm
  el-mar-31
 
   Dejo la autopista y tomo el desvío que lleva hacia Puerto de Sagunto. En la radio suena Siboney y yo, en ese instante, me imagino que estoy en el Helios, en Denia, tomando un Martini blanco y mirando el mar con gafas de sol. Naturalmente, estoy junto a ti. ¿De qué me hablabas? ¡Ah, sí!, del trabajo, de la crisis, de la que se nos viene encima…
  Pero ¿has visto el mar?
  De súbito, miro un momento hacia la derecha y lo veo.
  Es el mar.
  ¡Oh, el mar! La mar. ¿Por qué me trajiste, padre, a la ciudad?
  Voy conduciendo y me dan ganas de dejar el coche y mirar sólo el mar.    
  ¡Tan bien como yo estaría en una huerta del mar, contigo, hortelana mía!
  Me pitan porque me desvío, porque no sigo la línea recta de la carretera, pero es tan azul la línea que separa el azul del cielo del azul del mar que no puedo dejar de mirarla. De mirarte.
  Vuelvo a la carretera y al mundo,  aunque sepa que hay otro, maravilloso, del color del cielo,  que navega sólo por tu mar.
  ¡Algas frescas de la mar, algas, algas!
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febrero 15, 2009

fragmentos de un discurso amoroso

Filed under: Escritura,Gente,Libros — signos @ 1:53 pm

todorovVoy paseando por la ciudad y veo,  junto a la parada del autobús, a Todorov. Tiene el pelo blanco y eléctrico, como si hubiera metido los dedos en un enchufe. Está hablando con Barthes, Roland Barthes, que asiente a lo que dice su amigo y sonríe tímidamente. Lleva en la mano un par de carpetas y algunos libros. Uno de ellos es Fragments d’un discours amoureux. Seguramente se lo ha prometido a alguna colega o alguna alumna del Collège de France, con una dedicatoria especial. La chica no podrá disimular una emoción intensa roland-barthescuando vea las palabras cariñosas que Barthes le ha escrito. Algún día de lluvia tal vez hojee el libro, lea algunos fragments, recuerde el día en que se lo regaló.

  Al cabo de un momento viene Trubetzkoy, con su abrigo largo y su porte aristocrático. Viene de estar con sus amigos del círculo de Praga y todavía no ha convencido a Jakobson para que le haga un prólogo.  A sus pies, majestad, se ríen Todorov y Barthes mientras le estiran de la bufanda. Llámenme Alteza, contesta desde su considerable altura.

kristeva2   Están esperando a Julia Kristeva. Cuando llegue se irán a La Galette a hablar de literatura y a ver pasar la vida mientras afuera empieza a nevar. Un grupo de jóvenes, sentados a una mesa contigua, comienza a hablar de Facebook y de Flickr. ¿Es éste nuestro tiempo? parece estar preguntando Todorov. Alguien repara en el grupo y saca una fotografía con el móvil. Barthes posa ligeramente retraído.

http://www.youtube.com/watch?v=es5Iwb0rsf8

febrero 7, 2009

Mi otro yo

Filed under: Escritura — signos @ 12:00 pm

  Hace unos días, salió en Babelia un artículo titulado  “¿Literatura del yo? ¿Qué yo?”. Su autora, Juana Vázquez, reflexiona sobre las distintas formas que tiene el autor de mostrarse en sus obras. Habla del yo oculto, del yo histórico,  del yo fragmentado en una diversidad de personajes, etc.

   He pensado que en el caso de que yo escribiera una novela (un suponé), qué yo sería yo. Por de pronto, el yo de mis novelas sería un tipo activo, o mejor, un hombre de acción. Como la autora del artículo dice que el yo del autor se suele ocultar para crear un yo con el que se identifica, el yo de mis novelas sería un tipo musculoso, fibroso, con una dentadura perfecta y ojos verdes. Mi yo, por descontado, tendría la voz de Iñaki Gabilondo.

  Sería displicente con mis subordinados, más bien antipático (he observado que la gente antipática goza de más prestigio), orgulloso y un poco canalla. Por supuesto, hablaría inglés todo el rato.

  ¿Cómo sería mi yo histórico? Pues sería un tipo dieciochesco adornado con  una de esas pelucas ridículas y gesto altivo. Me haría tratar siempre de voltairemonsieur, estaría próximo a algún valido del rey  y leería a Voltaire.

  ¿Y si mi yo se fragmentara en multitud de personajes secundarios? Entonces sería el confidente canalla, la rubia fría y despiadada, el infeliz que cree que todavía todo es posible,  la chica que se larga con otro, el músico ambulante, el actor secundario que no encuentra su papel, el pintor bohemio y el violinista en tu tejado.  

  Y, por supuesto, un escritor elegante, a la par que  distinguido, por el día, y un borrachuzo impresentable por la noche. Un suponé, ya te digo.

febrero 4, 2009

Un tipo genial

Filed under: Gente — signos @ 9:47 am

  

El  otro día me encontré en la secretaría de la UNED de Sagunto a un alumno que hacía años que no veía. Se llama Jose, y nunca he sabido sus apellidos. Me acuerdo muy bien de él porque era un tipo que me alegraba las clases, hasta tal punto que siempre estaba deseando que me preguntara alguna cosa para interrumpir la explicación y así escuchar sus divertidas reflexiones sobre  los temas aridos que allí tratábamos. Es una de esas personas que sólo surge una vez cada muchos años, uno de esos tipos que, sin saberlo,  es capaz hacer filosofía cada vez que abre la boca. Un tipo genial que fabrica obras maestras sin pretenderlo.

  Lo vi más joven, más delgado, más jovial. Me dijo que ahora hacía mucho deporte y que seguía “comiéndose la vida a bocados”. Su última ocurrencia fue la de abrazarse a un árbol centenario para ver si así se le contagiaba algo de su longevidad. Y es que, comparados con la mayoría de las obras de la naturaleza, los seres humanos no duramos una mierda, se lamentaba.

  Es uno de esos tipos con los que, sin duda, te irías de farra, te gastarías hasta el último euro y se te harían las tantas sin darte cuenta. Le pregunté en qué curso estaba y me respondió que “en primero, por supuesto”. Hacía tres años que estaba en el mismo curso, pero eso le daba exactamente lo mismo, porque desde el día en que se presentó a un examen y lo aprobó,  su vida cambió radicalmente. Ya nada volvió a ser como antes. Para él fue como si le hubiera tocado la morterá en el euromillones o como si se le hubiera aparecido Halle Berry en su casa suplicando un poco de cariño en una noche lluviosa. Un milagro, vamos.

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