Estilema

marzo 27, 2009

La comedia nueva o El café-gol

Filed under: Gente,Libros — signos @ 8:27 pm

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  El otro día vi que estrenaban en mi ciudad La comedia nueva o El café, la obra de Leandro Fernández de Moratín. Rápidamente, volví a mis años de estudiante y a mi extraña querencia por ese “insigne poeta desamorado”.

  Y todo fue por la lectura de un artículo en el que Lázaro Carreter lo moratincalificaba así:  “insigne poeta desamorado”. Hay una sustancial diferencia entre desamorado y desenamorado. El primero es  incapaz de sentir amor; el segundo,  en cambio, lo ha sentido alguna vez, aunque lo haya abandonado. Moratín no sentía el amor como pasión, sino como preocupación. Podía amar “hasta el límite en que el sentimiento se transforma en arrebato, hasta el instante en que la intimidad del alma debe abrirse” , decía de él Lázaro Carreter. Con todo ese material, ideé mi propia teoría sobre el desamor en las comedias de Moratín y se la conté a mi profesor en un examen. Tordera, que en el fondo era un sentimental, valoró esas palabras  en exceso y me puso más nota de la que me merecía.

  Todo este rollo viene a cuento por la obra de Moratín que han estrenado en mi ciudad.  Y es que no estoy seguro de si me apetece ir a verla. Hace un tiempo vi El sí de las niñas y me aburrí como una ostra. Entre  La comedia torresnueva o El café o  el Barça-Bayern o, mejor aún, el Liverpool-Chelsea…, ¿qué quieren que les diga? Un bar de esos ingleses, una pinta de cerveza, una multitud enfervorecida, un tiro al palo, un gol de Torres (Liverpool number nine), unas risas al final… ¡No hay color!

  La evolución de las especies, que diría Darwin.

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marzo 26, 2009

Intermedio

Filed under: Escritura,Gente — signos @ 10:22 pm

  Seguramente, estos años que estás viviendo sean los mejores de tu vida. Piénsalo bien. Seguramente, nunca serás tan joven ni tendrás tantas ganas de hacer cosas.

  Puede que esas cosas mañana te vayan mejor. Pero, en todo caso, eso será mañana. Puede que la vida te depare aún alguna sorpresa agradable. Pero, para eso, tendrás que llegar hasta el final de la calle y torcer la esquina. Y todo se andará.

  Eso pensaba hoy, mientras escuchaba cantar a unos mariachis y compartía una comida con mis compañeros (ya amigos, muchos de ellos) del trabajo. Extraña cosa la amistad. Llega casualmente y parece que no se vaya a ir nunca. A veces vas en su busca y se escapa. Otras veces, sólo hay que saber esperar.

  Sabe esperar, aguarda a que la marea fluya, decía A.M. Aguarda sin partir y siempre espera, que el arte es largo y, además, no importa.

  Eso. Además, no importa.

marzo 19, 2009

Ecos

Filed under: Gente,Música — signos @ 12:10 pm

  Tal vez, el ladrón que te robó el ipod en el metro no haya podido resistir la tentación y haya oído las canciones que tenías grabadas. Tal vez, antes de dárselo a un colega para que lo revenda, se haya parado a mirar su  contenido. Aunque es poco probable.

  ¿Adónde van las canciones que un día partieron?, se preguntaba Silvio Rodríguez. ¿Adónde van las canciones de Cat Stevens, de Van Morrison, de Slowly-Aute? Todavía están sonando en una tarde de hace muchos años, en un viaje por carretera, en una mañana de domingo. Todas esas canciones son tuyas aunque aquel tipo te las quitara del bolso en unas escaleras mecánicas del metro de Madrid. Te quitó la música pero no las canciones,  que siguen sonando en algún lugar de la memoria.

  Escucha ahora  a Cat Stevens la persona que ha comprado tu ipod en un mercadillo de Madrid. Pasa una canción y otra  hasta que encuentra una que le gusta. Se va aficionando a la música, a tu música, y poco a poco se va pareciendo más a ti. Ahora se llama como tú, tiene tu edad y viste de una forma parecida a la tuya. Cada día que pasa hace una nueva cosa que, aunque ella no lo sepa, llevas tú haciéndo desde tiempo inmemorial.

  I miss you so much, when I’m singing my song, canta Van Morrison.

http://www.youtube.com/watch?v=XL4r5Ewrz0U

marzo 13, 2009

El juego del ahorcado

Filed under: Libros — signos @ 7:49 am

  El otro día me leí El juego del ahorcado, la novela de Imma Turbau sobre la el-juego-del-ahorcado-bolsillo1_libro_image_bigque  acaban de hacer una película. Me la leí de un tirón, en tres horas o por ahí. Me gustan esas novelas de ciento y pico de páginas que, si te enganchan, te las puedes zampar de un bocado. “Mi libro es como un sándwich en Preciados, /listo para comerse /sin pensar, de un bocado,/y seguir disfrutando de la calle”, decía el poeta Martínez Aguirre en la  primera página de La camarera del cine Doré.  Esos libros son como un café con un amigo, como una noche de risas, como una sobremesa que se alarga sin darte cuenta.

  El juego del ahorcado es una novela intensa, bien construida, sin demasiadas florituras. Está próxima a la literatura juvenil. No en vano los dos protagonistas son dos niños que se convierten en adolescentes y, entonces, todo se empieza a mover. “Hasta ahora te han pasado cosas, ahora tendrás que hacer cosas con lo que te pase” es una frase genial que leí una vez en un libro y que resume a la perfección el paso de la niñez a la adolescencia, a la juventud o a la madruez. Da igual: el paso de un sitio a otro.

  Como he dicho, la leí y me puse a hacer otras cosas. Pero era difícil regresar a la vida normal porque no se sale  indemne de ciertas aventuras y, a veces, leer una novela lo es. Al día siguiente, todavía con la historia dándome vueltas por la cabeza, cogí la novela y leí el principio. Me pasó una cosa muy extraña: me sentí como si regresara a un punto de mi vida que ya hubiera vivido, pero que, esta vez,  tuviera la ocasión de modificar: esas palabras que no deberías haber dicho, esa persona a la que nunca debiste abordar, ese gesto que lo echó todo a perder. Ahora estaba justo en ese instante y lo podía modificar sabiendo qué había ocurrido después. Da hasta miedo pensarlo: me guardo esas palabras, no saludo a esa persona, evito un gesto que pueda interpretarse mal.  Y toda mi vida, de repente, se modifica.

  Extraño mundo este de la literatura. A veces, hasta parece real.

marzo 8, 2009

La lectora

Filed under: Escritura,Libros — signos @ 10:07 pm

En una avenida de Valencia hay una pequeña estatua que representa a una  dscn1562chica leyendo. La chica está ahí, ensimismada, ajena a lo que ocurre a su alrededor, con el libro sobre las piernas. Parece una niña pero, en realidad, tiene una edad indefinida, igual puede tener diecisiete que treinta y tres. Pese a que es una avenida con mucho tráfico, ella ha sabido crearse un espacio agradable rodeándose de césped y agua, un paraíso en medio del ruido y del humo de la ciudad. Ella lee todos los días, haga frío o calor, llueva o luzca el sol. Mientras la veo me acuerdo de una cita de Alberto Manguel: “Todos nos leemos a nosotros mismos y al mundo que nos rodea para vislumbrar qué somos y dónde estamos. Leemos para entender, o para empezar a antender. No tenemos otro remedio que leer. Leer casi tanto como respirar, es nuestra función esencial”.

   Extraña ciudad esta en la que vivo. Seguramente, las guías no recogen a la lectora. Las guías sólo se preocupan del Hemisfèric, del Palau de les Arts, del Oceanogràfic y de otros edificios prescindibles. Y del puente de Calatrava, la Peineta, joder, se me olvidaba. Calatrava y sus puentes. Allá donde vas, te encuentras con uno. Para eso prefiero los puentes de Cortázar, yo también me uno al aniversario, ya sabes, me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado, ni Wright ni Le Corbusier van a hacer un puente sostenido de un solo lado, y no me mires con esos ojos de pájaro…

   Tal vez esa chica lea a Cortázar, aunque juraría que el libro que tiene sobre las piernas es de Jane Austen. Orgullo y prejuicio, por ejemplo. Es una gran lectora y no encuentra placer en nada más. No soy una gran lectora y encuentro placer en muchas cosas, le responde Elizabeth. Toma, castaña.

marzo 3, 2009

Libros antiguos

Filed under: Escritura,Gente,Libros — signos @ 5:59 pm

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Se ha inaugurado en estos días en mi ciudad la feria del libro antiguo y de ocasión. Mi amigo Juanjo es el primero en ir. Es como esas señoras que siempre aparecen en televisión el primer día de rebajas entrando en tropel a El Corte Inglés. Juanjo está ahí desde el uno de marzo y en más de una ocasión ha aparecido en los periódicos junto a la noticia de la inauguración de la feria. Así es él. Yo también voy, no se vayan a creer, aunque mi afición por los libros polvorientos y mostosos es limitada. De vez en cuando veo un título que me llama mucho la atención y lo compro. Y ya está.

  Una vez me pasó una cosa curiosa. Compré un diccionario de inglés muy barato y cuando lo abrí encontré una hoja fotocopiada en la que alguien se ofrecía a dar clases de inglés. “Aprende inglés con hablante nativo. Llámate a David”, decía, y luego seguía un número de teléfono. Me inventé un nombre falso y llamé: Estoy interesado en aprender inglés. Quiero hablar con David, dije. Soy yo, me respondió una voz femenina.

  Quedé con él (que era ella) en un bar demodé de Marqués del Turia frecuentado por señoras elegantes que van allí a merendar. Sally era una chica morena, delgada, de ojos grises y mirada hipnotizante. Había roto con David y su subsistencia dependía de mí y de cuatro estudiantes más. Acepté recibir sus clases (faltaría más) y con ella aprendí casi todo el inglés que sé.

  Años más tarde, cuando fui a Londres, la llamé, pero en el número que ella me había dado nunca contestaba nadie. Vista en la distancia, creo que esa historia no ocurrió nunca y que, en realidad, la leí en una de esas novelas de ocasión adquiridas en la feria del libro. O, tal vez, en una novela que yo mismo escribiré algún día y que se titulará Mi terraza da al noroeste. Un título provisional, claro, hasta que encuentre el definitivo.

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