Estilema

enero 31, 2010

Tu lugar en el mundo

Filed under: Escritura,Gente — signos @ 7:58 pm

  El otro día escuché una entrevista con Iñaki Gabilondo y le oí decir que, tras abandonar el informativo de Cuatro,  iba a presentar un nuevo programa en CNN +. Gabilondo no ha tenido mucho éxito en televisión (ni ahora ni nunca), todo lo contrario que en la radio, donde era el número uno indiscutible. Uno daba vueltas al dial, se encontraba con la voz de Iñaki Gabilondo y ya era imposible cambiar de emisora: jamás he visto a un tipo capaz de transmitir tal cercanía y calor a través de las ondas. Daba igual de lo que hablara: tú oías esa voz y ya te interesaba el tema.

  Pero Gabilondo sigue empeñado en salir en televisión, y yo no le auguro ningún éxito porque uno debe siempre buscar su lugar en el mundo. Hay personas que hablan dos minutos con alguien y ya saben con absoluta certeza cómo es la otra persona, y otros que se retiran a tiempo porque intuyen que no van a conseguir nada. Siempre aciertan y son mentes privilegiadas. Lo malo es que muchos de nosotros nos empeñamos en conseguir lo que no nos corresponde: ser amigo de quien está muy lejos de nosotros, tener sexo con quien sólo quiere amistad,  ocupar un puesto destinado a alguien muy distinto, etc.

  Tal vez, como decía Sabina, la vida no sea sino un sistema de compensaciones: lo que nos dan por un lado, nos lo quitan por otro. Tal vez cada éxito lleve aparejado su propio fracaso. Tal vez sea todo así.

http://www.youtube.com/watch?v=33nVu9FDfGE

enero 23, 2010

Soledad

Filed under: Escritura,Gente,Películas — signos @ 5:13 pm

   No la he reconocido en la foto que ha salido hoy en El País, pero Soledad Villamil es la actriz de El secreto de sus ojos, y de una película que me gustó mucho: El mismo amor, la misma lluvia, una de mis favoritas, junto con Lo que queda del día y Otra mujer (por poner dos que me vienen a la memoria). En El mismo amor, la misma lluvia hay una escena en donde Laura (Soledad Villamil), tras ver una película basada en un relato de Jorge (Ricardo Darín), le dice a éste, al que acaba de conocer,  que la historia le ha gustado mucho, pero que tras una segunda lectura la trama gana en complejidad y bla, bla, bla. Jorge la interrumpe, la mira fíjamente, sonríe y le dice: ¿Una segunda lectura? ¿Quieres tomar algo? Nada más que por esa escena, ya vale la pena ver la película.

   Bueno, el caso es  que Soledad Villamil ha venido a España porque, además de ser actriz, también es cantante y ofrece un recital en Barcelona. Como es argentina y su disco se llama Morir de amor, la periodista le pregunta por el asunto y ella responde: “Morir de amor no es sentir que se tiene un puñal clavado en el pecho. Morir de amor es el éxtasis de un sentimiento que cuando es llevado al máximo te acerca a la muerte y te aleja del tiempo”. Desde luego, no hay como los argentinos para soltar frases contundentes.  El éxtasis, según los místicos, es la fusión íntima del alma con Dios; un orgasmo, según la interpretación terrenal; la hostia, en terminología moderna.

   Soledad nos regala otra frase: “Una pareja es una unión de dos seres autónomos que se encuentran en un momento determinado. No puedes dejar tu felicidad en manos de otro; es el camino más rápido para fracasar”.

Hay que decir que Soledad Villamil y la periodista (Helena Belmonte) se toman durante el encuentro sendas copas de vino, estupendo a juzgar por el precio (20,80 euros). Claro, así cualquiera suelta esas frases.

enero 22, 2010

Lectores

Filed under: Escritura,Gente — signos @ 4:04 pm

  Uno de los tópicos más manidos en literatura tiene forma de pregunta: ¿Para quién se escribe? Y las respuestas son tan múltiples y variadas que necesitaríamos cien post para resumirlas. Pero, como todo en la vida, cualquier cosa es susceptible de ser simplificada: García Márquez dijo que él escribía para que sus amigos le quisieran un poco más.

  Los blogueros necesitamos el cariño de nuestros amigos. ¿Y quiénes son nuestros amigos? Los que nos leen y nos escriben, por supuesto. CrisCrac raramente falta a la cita, con su estilo criscraclino que tintinea como unos hielos y que tiene el mismo sabor que el primer sorbo de un whisky de malta. Atticus, desde su ídem, disecciona  la realidad  para que nada quede sin analizar. Cuidado con lo que dices: su lupa sherlockholmiana lo someterá todo al análisis hipotético-deductivo. ¿Y qué decir de Estructuras sintetizantes? Te dejará K.O., perplejo, out, dándole vueltas y más vueltas a sus sintéticas palabras: tal vez quiso decir que…, o tal vez que…

  ¿Paraqueloleas? La lees y siempre piensas que ha querido decir más de lo que dice. Teresa: sintética, contundente, lúcida y punto (y coma, por supuesto). Fer, el pesimista que piensa que todavía todo es posible, te contempla desde su Mac y deja caer palabras como notas de su saxo (que él se ha empeñado en  tocar porque se parece al cuerpo de una mujer). Perdida se perdió en un laberinto borgiano; Kriss se alegra leyendo un verso triste de Benjamín Prado y desde ahí hace un triple salto mortal para volver a la vida.

  Garfunkel es un escéptico burlón que ha decidido ver lo toros desde la barrera y Romi, la incombustible anti-todo (anti-Reverte, of course), a quien no la tumban ni los vientos huracanados que soplan y soplan últimamente por estos lares, siempre pondrá una objeción a lo dicho.

  ¿Y qué decir de Joanet? Pues nada, porque a los artistas hay que dejarlos a su aire. Y a Josep, que siga con sus historias infantiles y sus pastissos de glòria. Lo mismo que a Coletas, con su big band, pura música, pura alegría, a punto de hacer saltar por los aires las notas de  un pentagrama, globos de colores, risas en clave de sol.

  En ocasiones los lectores son tan enigmáticos como sorprendentes, y te dejan caer un hecho del pasado, una intención, un enigma, un insulto o una equivocación.

  A veces me divierto tanto leyendo los comentarios que me gustaría seguir escribiendo.  ¡Ah, pero quién supiera escribir para escribir sobre lo que otros han escrito!

enero 5, 2010

Los mejores libros del año

Filed under: Escritura,Libros — signos @ 10:46 am

  Durante los últimos días, cualquier diario que se precie ha seleccionado en sus suplementos literarios los mejores libros del año. Aparece, sin duda, Javier Cercas con su Anatomía de un instante; Muñoz Molina y el voluminoso La noche de los tiempos; el inquietante Philip Roth con su último título: Indignación; El viajero del tiempo, de Andrés Neuman; Caín,  de José Saramago, y otros libros tan exquisitos como desconocidos. Ni rastro, por supuesto, de Stieg Larsson y la última entrega de Millennium; ni del último libro de Dam Brown; ni de La mano de Fátima, de Ildefonso Falcones…

  ¿Qué ocurre? Pues lo que todo el mundo sabe o sospecha: que hay un hiato entre la crítica y el lector común. Éste no hace caso de la crítica especializada porque no sabe de su existencia o desconfía de ella (hay demasiado amiguismo). ¿Y qué pasa con las editoriales? Pues que deben mantener un delicado equilibrio porque, por un lado, son empresas (y deben ganar dinero) y, por otro, se mueven por intereses culturales y deben promover la calidad. Pero lo primero siempre acaba primando, porque si no generan dinero  para seguir publicando, inevitablemente acabarán cerrando.

  ¿Qué pasaría si, por ejemplo, Belén Esteban (una iletrada, como todo el mundo sabe) escribiera  un libro? Yo se lo digo: arrasaría. La editorial que publicara su libro se forraría; las cadenas de librerías (El Corte Inglés, La Casa del Libro e, incluso,  la FNAC) organizarían presentaciones en donde venderían cientos de ejemplares y verían sus tiendas llenas a rebosar, el libro sería objeto de comentario en las peluquerías, en las oficinas, en las aulas universitarias, en el patio de los institutos y en los platós de televisión, lo que provocaría todavía más ventas.

  Imagínese que usted hereda una editorial. Le llegan dos libros: uno de J.C., que será, sin duda, el libro del año y, seguramente,  también el de la década. En unos años, figurará en los libros de texto como uno de los títulos clave del siglo XXI, y del que los alumnos deberán tener    noticia para obtener el graduado escolar. El otro, un ejemplar de B.E., un auténtico bodrio del que, seguramente, no podrá llegar ni a la página 10, pero que le va a reportar unos pingües beneficios, una vida desahogada, aunque no mucho prestigio intelectual.   

  ¿Con qué opción se queda?

Blog de WordPress.com.