Estilema

marzo 20, 2010

¡A ver quién la tiene más larga!

Filed under: Gente,Libros — signos @ 8:44 pm

  Me lo decía el otro día JJV: “Se han picao, se han picao“. Y algo debe de haber de cierto. Empezó Javier Marías, rompedor en todo, con aquella trilogía: Tu rostro mañana. El primer volumen tenía 480 páginas; el segundo, 416; y el tercero, 712. En total,  1.608  páginas. Luego, vino Antonio Muñoz Molina con La noche de los tiempos: 960 páginas. Lo vi en las librerías y me asustó. Ya lo compraré, me dije, aunque mi hermano -sabedor de mi querencia por el escritor jiennense- me lo regaló estas Navidades.

  Hace poco, oí una entrevista en la radio con Julia Navarro en la que hablaba de su última novela: Dime quién soy. No me interesó demasiado, pero me quedé con el dato: 1.104 páginas. Quien sí me interesa -y cada vez más- es Arturo Pérez Reverte: me gustan sus artículos, sus novelas, su pose, su actitud ante la vida. Me entero de que ha publicado una nueva novela: El asedio, y corro a la librería para comprarla:  736 páginas.

  Se me dirá que parezco un alumno de la ESO, valorando las novelas por el tamaño. Pero ¿qué quieren que les diga?, ya me he tragado algunos tochos (Guerra y paz, La Regenta…) y siempre he tenido la sensación de que les sobraban mucha páginas.  Además, esos libros son muy incómodos de leer porque pesan mucho y se te caen de las manos (tal vez sean más útiles en los gimnasios, para hacer ejercicio), no se pueden abrir bien (los editores no han resuelto bien este problema), la letra es muy pequeña (no han pensado en que nos vamos haciendo mayores)… Tal vez el e-book sea la solución: no pesa, puedes cambiar la letra y ya no habrá tanta obsesión por ver quién es el que la escribe más larga.

  ¡Venga ese e-book!

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marzo 6, 2010

Jinetes escritores

Filed under: Escritura,Gente — signos @ 3:02 pm

   El otro día los diarios anunciaron la muerte de  Dick Francis, “jinete y escritor”. Seguramente, ese nombre no nos diga nada y es penoso que haya tenido que morirse para que sepamos algo de él. Este británico campeón de hípica llegó a ser jockey de la Reina Madre, y en la única ocasión que pudo ganar con un caballo de la realeza, éste se despanzurró en plena carrera y no hubo posibilidad de volverlo a levantar para que continuara hasta la meta (algo parecido a lo que le pasó a Carlos Sainz, ¡trata de arrancarlo!, con su bólido).

   Tras este incidente, Dick Francis se dedicó a la literatura. Creó un detective, Sid Haley, y empezó a escribir historias policiacas ambientadas en los hipódromos. No he leído ninguna novela de Dick Francis ni sabía de su existencia, pero sólo viendo su fotografía creo que hubiéramos sido buenos amigos. En primer lugar, me gustan los tipos que, tras caerse del caballo (hablo metafóricamente, claro), se dedican a escribir. Nunca te dan gato por liebre (como Pérez Reverte por aquí). Luego, viendo su fotografía, tiene esa pinta de inglés elegante, irónico, un poco borde, que siempre te tratará con deferencia, aunque luego te la dé por detrás. Puede, incluso, que ande un poco pasado de gin tonics, aunque jamás perderá la compostura.

   Pero lo que más me sorprende es que ese tipo que ni usted ni yo conocemos vendió más de 60 millones de ejemplares en todo el mundo. A mí una vez me enviaron una carta diciéndome que había vendido 30 ejemplares de una novela que tuvieron a bien editarme  y al día siguiente salí con gafas de sol para que nadie me reconociera por la calle. Si yo hubiera vendido más de 60 millones de ejemplares hace tiempo que me hubiera muerto de un ataque de ego.

   Y, sin embargo, miren a Dick Francis. Como si nunca hubiera roto un plato.

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