Estilema

febrero 5, 2011

La vida es sueño

Filed under: Escritura,Gente — signos @ 4:54 pm

Llevo semanas buscando por mi casa un pin adquirido en una tienda de souvenirs de Oxford que representa el escudo de  All Souls. Me lo suelo poner en las chaquetas y así impresiono a algún alumno pardillo que me pregunta por la insignia. “Ah, sí”, le contesto sin darle mucha importancia, “es de un college inglés en el que estuve impartiendo un seminario hace un par de veranos”. Esto me da, a  ojos de ciertos pupilos aventajados, un empaque considerable y convierte en importante  cualquier chorrada que explico en clase. Un familiar me dijo hace tiempo que para ser alguien en la vida has de decir que has estado en los mejores sitios y hacerlo sin darle importancia, como si fuera la cosa más natural del mundo. Así que yo sigo su consejo y convierto cualquier pin en un acontecimiento irrepetible.

El caso es que, después de mucho buscar, encontré el pin de All Souls en un cajón de mi escritorio. Proclamé a grito pelado el encuentro por toda la casa y volví a mi rutina habitual. Hace unos días, cuando iba a colocarme el pin en una de mis chaquetas, descubrí que no estaba en el cajón del escritorio donde lo había dejado. Lo busqué por toda la casa, pregunté a todos los miembros que la habitan por el pin y ninguno sabía nada. Ni siquiera recordaban el júbilo con que fue celebrado el afortunado encuentro. “Lo habrás soñado”, me respondieron con indiferencia.

“¿Lo habré soñado?”, me pregunté con muchas dudas, puesto que aquel hecho lo recordaba a la perfección y yo muy raramente recuerdo lo que sueño. Mis sueños se desvanecen como el humo y, además, son muy recurrentes: yo siempre sueño que soy un marqués o un duque (o un intelectual de alto copete, tipo Diderot con peluca), no doy un palo al agua, el servicio está siempre pendiente de mí, sufro de mal de amores, escribo historias refinadas y melancólicas, doy paseos por el campo y, al atardecer, mi secretario me informa de cómo siguen mis propiedades. Otra cosa que he soñado muchas veces es que soy un delincuente y tengo a toda la policía detrás. Robo, mato y chantajeo con frecuencia, aunque siempre me libro por los pelos.

Por eso creo que es una suerte no recordar los sueños. Si los tuviera siempre presentes no podría salir a la calle (ver a un agente de policía me podría provocar un infarto o, peor aún, no soportaría ser un tipo normal que se ha de hacer la comida cada día o tiene que coger el coche para ir al trabajo). Por eso sigo dándole vueltas al sueño del pin. Era tan real que no puede haber sido un sueño.

Lo malo es que yo sin ese pin ya no soy nada, como Sansón sin su melena, Messi sin el balón, Eva sin Adán.

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