Estilema

marzo 25, 2011

Escribiré sobre aquello

Filed under: Efímeros,Escritura — signos @ 8:31 pm


Hoy mismo he acabado de escribir un libro que se llama Mudanzas y que cuenta una historia personal. En realidad es un mini-libro, ya que apenas llega a las noventa páginas, y que -supongo- también quedará inédito, ya que no tengo demasiado interés en que sea publicado. Lo he repasado (a ratos libres) bastantes veces, cambiando aquí un adjetivo, borrando alguna frase un tanto ofensiva, dividiéndolo en capítulos más bien cortos, añadiendo fragmentos ilustrativos sobre los protagonistas, etc. Me ha divertido mucho escribirlo y, sobre todo, me ha divertido pensar cómo reaccionarían los protagonistas cuando lo leyeran. Algunos seguro que no me volverían a dirigir la palabra; otros, seguramente, me invitarían a una cerveza, y, los más, me mirarían de una forma extraña. Y es que la escritura crea extrañas marcas en la gente: rencores muy profundos, complicidades divertidas, distancias insalvables, intrigas desconcertantes. Hay que tener cuidado con lo que uno escribe porque te puede dejar marcado para siempre.

Al cabo del tiempo, uno puede olvidar  que le has llamado gilipollas, pero jamás olvida un párrafo escrito en el que quedó como un gilipollas. Así es, pese a que, en el fondo, el ejercicio de la escritura es efímero y olvidadizo. Quien piense que la labor del escritor es importante no sabe lo que está diciendo. Sin embargo, la gente se toma muy en serio lo que se dice de ella por escrito. Estamos llenos de contradicciones. El libro más famoso de la literatura en español es el Quijote, la historia de un hombre que se vuelve loco de tanto leer, en un país en el que los índices de lectura siempre han estado por los suelos.

Pese a que a veces siento la tentación de pulsar una tecla y enviar el manuscrito a alguien que pudiera hacer gestiones para que las casi noventa páginas acaben encuadernadas en forma de libro, creo que esconderé esa historia, Mudanzas, en cualquier cajón de mi estudio. Por no hacer mudanza en mi costumbre.

marzo 12, 2011

Librerías

Filed under: Libros — signos @ 4:58 pm

  Este verano en París dos chicos y una chica se emborrachaban en la hora feliz con daiquiris y mojitos mientras miraban de reojo los últimos rayos de sol de una tarde de agosto. Esa imagen podría ser la de cualquier ciudad a esa misma hora. Sin embargo, unos metros más allá, al doblar la esquina, está  Shakespeare & Company, una librería única en el mundo. Uno pisa Shakespeare & Company e, inmediatamente, se convierte en un aventurero que ha ido a París con solo lo puesto, sin saber dónde va a dormir esa noche y con la incertidumbre de si se va a levantar convertido en artista o en mendigo. Todos los que han soñado alguna vez con ser Hemingway han pasado una noche furtiva en el primer piso de Shakespeare & Company a cambio de escribir la primera página de su gran obra.

  En otra parte de la ciudad, en el bulevar de Saint-Germain, los turistas se disputan un lugar en la terraza de Les Deux Magots o de Flore. Debo a Atticus la recomendación de tomarme un café en Les Deux Magots, el mítico lugar frecuentado por Sartre y toda aquella panda de existencialistas. Vale la pena, me dijo, gastarte los cinco euros que te cobran por un café servido con amabilidad, acompañado de una jarrita de agua y de un bombón. Allí me sentí yo un Sartre de pacotilla dejando pasar el tiempo y acordándome de cuando leí La náusea o una de esas. O a lo mejor no la he leído nunca, aunque poco me importó aquella tarde de verano soleada y tranquila.

  A pocos metros de allí está La Hune,  una librería que no cierra hasta la medianoche. Este fin de semana he leído en un periódico una ruta por librerías de París hecha por profesionales de la cultura y del diseño y que le encantaría hacer a más de uno o una que yo sé: Eyrolles, La Chambre Claire, Galignani, Artazart, L’Harmattan, Librarire du Moniteur… ¡Uf!

  París es un café en donde suena una suave música de acordeón y una librería desde la que se puede ver la torre Eiffel.

marzo 5, 2011

Sobre la inutilidad del arte

Filed under: Escritura — signos @ 11:58 am

  El otro día, aprovechando que tenía un par de horas libres en mi absurdo horario, me subí a un autobús sin un destino determinado. Tomar el pulso a una ciudad un miércoles por la mañana desde la ventanilla del 70 tal vez no tenga demasiado interés, salvo el de saber qué hace la gente en el centro de la ciudad un día en que tú no puedes estar allí porque estás trabajando en otro lugar. Cuando el autobús se metió en un atasco, me puse a leer el periódico y enseguida me interesé en una entrevista al escultor Jaume Plensa,  un artista que se entretiene o se inspira leyendo a Einstein y a René Thom, el matemático francés que desarrolló la teoría de las catástrofes. Cada vez me interesan más las matemáticas, así que seguí leyendo.

  Jaume Plensa dice que el arte no sirve para nada, y que precisamente por eso es tan importante y tan poderoso. Eso es verdad. Me acordé que vi hace tiempo una exposición suya en el IVAM, en donde colgaban cientos de letras que eran como cortinas. Las letras, al chocar una con otras, producían música, que es -lo confiesen o no- lo que en realidad quieren hacer los escritores cuando juntan las letras. Pero muy pocos lo logran.

  Imagínense que van andando por un parque y se encuentran esta escultura de Plensa. Impactante, ¿no? Dialogue, se llama, y, efectivamente, esos dos bustos están hablando de algo interesante, hasta el punto de que uno no sabe si se para a mirarlos o a escucharlos.

  El miércoles pasado, a la altura de la plaza de San Agustín, vi desde la ventanilla  a dos chicas en la parada del autobús.  Un poco más allá un hombre se detuvo ante un escaparate en donde dos empleadas estaban vistiendo a unas maniquíes. A veces el Dialogue consiste solo en mirar el mar frente a un Martini blanco. Si uno se para a pensar, todos esos actos no tienen ninguna utilidad, no sirven para nada. Tal vez por eso son tan necesarios.

  Si esa mañana yo no me hubiera escapado de mi trabajo, no me habría enterado de nada.

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