Estilema

abril 3, 2011

Tipos elegantes

Filed under: Escritura,Gente — signos @ 7:51 pm

Siempre he tenido una extraña fascinación por la gente elegante y distinguida. Veo a alguno de ellos en la televisión o por la calle  y, literalmente, me derrito. Resulta muy fácil distinguirlos: basta obsevar cómo se lleva la taza a los labios o escucharle un simple “gracias” para saber que estás ante uno de ellos. Sé que son personas de buena cuna, educados en los mejores colegios y que pasan largas temporadas en Gran Bretaña o Estados Unidos para aprender idiomas; son  también altivos, un pelín soberbios y algo despectivos con la chusma. Y sin embargo…

Esta querencia mía por esta gente de alta alcurnia la descubrí hace muchos años, un día de primavera mientras veía en la televisión un programa de gramática y literatura que se llamaba “Hablando claro” y en el que salía de comentarista un tipo que se hacía llamar El marqués de Tamarón. Tenía nombre y apellidos, por supuesto, pero él los sustituía por su título nobiliario.  Hablaba El marqués de Tamarón y, de súbito, el mundo se paraba. El marqués de Tamarón, con esa elegancia rancia de la gente de prosapia, era para mí una especie de Voltarire con peluca que había cobrado vida para recordarte todas las cosas que debiste aprender (y no lo hiciste) cuando eras un adolescente pelambreras del BUP.

El otro día me pasó lo mismo leyendo una entrevista en El País con Carles Monguilod. Miren la fotografía y miren cómo empieza definiendo el periodista al personaje: “Abre el paraguas, se cubre y saluda con una delicada inclinación de cabeza a un vecino. El abogado Carles Monguilod es un ejemplo de exquisitos modales”. Pero resulta que el exquisito abogado también tiene un punto canalla y se dedica a defender a asesinos de ancianas o a El Vaquilla.  En el fondo, tiene  muy claro dónde está la ley y dónde la justicia.

Me fascinan esos tipos, aunque temo cruzarme con uno de ellos porque yo no estoy por los privilegios de clase y sigo creyendo en la igualdad y todo ese rollo. Ellos parecen de otra época,   una época que – a pesar de todo- no se acaba de extinguir por completo. Pero ¿qué quieren?, uno, que ya ha visto mucho, ve a este tipo de personas y piensa que eso de la igualdad sigue siendo una bonita utopía.

Aunque vuelva la revolución, en mi próxima vida yo me pido ser el marqués de Tamarón.

Blog de WordPress.com.