Estilema

enero 19, 2013

Valencia y la literatura

Filed under: Gente,Libros — signos @ 5:19 pm

Ayer estuve en Bibliocafé, un café-librería que hay en Valencia, asistiendo a la presentación de Orangetown, de Salva Pons.   Habló el autor; habló su amigo Santiago Posteguillo, que se partía de risa leyendo en voz alta algunos pasajes, y habló Luis Valera, que iba a su bola y parecía el que mejor se lo estaba pasando con esto de la novela criminal.  Pero casi todas las palabras pronunciadas por unos y otros confluyeron en la ciudad de Valencia. ¿Es Valencia  una ciudad literaria?

Unos pensaban (con juicio) que no. Barcelona  (nadie nombró a Madrid, por lo que deduzco que la mayoría eran seguidores del Valencia club de fútbol) sí que lo es. Barcelona tiene al Pijoaparte; la Rambla; a Vázquez Montalbán y su Pepe Carvalho; el Raval; a Mendoza y su ciudad de los prodigios… ¿Y Valencia? Se nombró a Vicent Andrés Estellés, pero esta ciudad fallera y petarda no conoce a sus poetas. También a Vicente Gallego y Carlos Marzal, pero no veo a estos poetas escribiendo un poema  teniendo la ciudad de Valencia de fondo. Valencia es una ciudad sin poesía.

Ya nadie se acuerda de Pérez Casado y su intento de convertirla en mediterránea y europea, con su jardín del Turia, sus tranvías, su festival de cine mediterráneo, su teatro en la calle, su música en los jardines de los Viveros… Llegó Rita y acabó con todos esos refinamientos: esta el la ciudad del ruido, de las fallas, de los petardos, de los castillos a cualquier hora de la noche, de los pasacalles, de la Virgen de los Desamparados, de los grandes eventos…

Seamos claros:  Rita Barberá, Alfonso Rus, Paco Roig … no son personajes literarios. Son personajes de falla, ninots  a los que es mejor no dejar hablar. Si acaso un breve cartel a sus pies escrito en valenciano macarrónico. Y poco más.

La literatura es otra cosa. No sirve cualquier palabra. No puedes poner a cualquier personaje. Dicen que Camilo José Cela, cuando estaba a punto de morir, tuvo un recuerdo para su ciudad natal: “¡Viva Iria-Flavia!”, exclamó antes de dar el último suspiro. Juan José Millás recordaba este hecho y apuntaba que las postreras palabras del escritor gallego no hubieran sido las mismas de hacer  nacido, por ejemplo, en Mondoñedo.

Pues eso.

enero 12, 2013

¿Tomamos algo?

Filed under: Escritura,Gente — signos @ 4:26 pm

lápizSuelo contar a menudo una anécdota que le oí una vez a Sánchez Dragó (perdón) sobre el escritor Balzac (aunque tampoco estoy seguro de que fuera él; tal vez se refería a Zola o a Victor Hugo: da lo mismo). El caso es que Balzac (o uno de esos) entraba a las tabernas y cuando el camarero le preguntaba qué iba a tomar, él siempre respondía: “Yo tomo notas”.

Yo también, en cualquier lugar, tomo notas. Desde que tengo uso de razón me recuerdo comprando libretitas para anotar lo primero que se me pasaba por la cabeza. En mi niñez y juventud, eran pequeños blocs de gusanillo que adquiría en las papelerías de mi barrio; después, en esos tiempos en los que viví claramente por encima de mis posibilidades, me aficioné a los Moleskine y otros cuadernos de diseño. En ellos anotaba el título de un libro imprescindible, el nombre de una película de la que un amigo me había hablado, una idea genial para un relato que iba a escribir, una canción recién oída en la radio, una cita que ya nunca me iba a abandonar (¡ay!, aquella de Victor Hugo: “Toda revolución tiene sus días de llamas y sus años de humo”, a la que yo añadí “¿Aplicable a la pasión?”, para después anotar otra: “Más vale perder una pasión que perderse en ella”). No sé en quién pensaba entonces. Pero me detendré aquí: “El secreto de ser aburrido es decirlo todo” (Voltaire).

Bueno, todo esto viene a cuento porque el otro día leí un artículo de Marcos Ordóñez (no se pierdan sus columnas los jueves en El País; te cambian  el jueves de arriba abajo). Habla de una escritora americana que dice que “la gente que toma notas en cuadernos es una especie distinta. Gente solitaria y reticente que siempre está cambiando la disposición de las cosas, insatisfechos, ansiosos, niños que al parecer sufrieron al nacer cierto presentimiento de pérdida”.

Sin duda, anotamos todas esas cosas para que no se nos olviden, conscientes de que luego vendrán otras que acabarán por condenarlas al olvido. Pero así es la vida. Y lo que anotamos forma parte de esa vida, aunque, al cabo de los años,  ya no nos interese demasiado. El título exacto del libro que he anotado esta mañana en un cuaderno pequeño que compré en Oxford me recordará, dentro de nada, esta mañana soleada del mes de enero, en la que, caminando por una avenida, me he preguntado (por primera vez en muchos años) si debería seguir con lo que estoy haciendo o, por el contrario, abandonarlo para siempre.

Suerte que, en el paseo, me he distraído mirando el escaparte de una papelería en donde vendían cuadernos ideales para tomar notas en este año que empieza.

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