Estilema

mayo 6, 2017

Minimalismos (II). Mediodías

Filed under: Escritura — signos @ 9:42 pm

El mediodía, como dice el Diccionario, es un momento de extensión imprecisa, pero no (al menos, para mí) sobre las doce. Más bien, sobre las dos. Es un momento en que no pasa nada. Aprovechando este sol y esta temperatura benigna, la gente se sienta en una terraza, se toma una cerveza y mira. ¿Qué mira? Nada en concreto. El mediodía, si acaso.

Camino por la calle, a esa hora imprecisa, y pienso en esos europeos que nos tachan de absurdos por parar de dos a cuatro. Ellos son incapaces de entender ese instante en que las calles se vacían, disminuye el tráfico y el silencio parece adueñarse de todo. Para sentir el tiempo hay que verlo pasar. A mediodía, por ejemplo, en una terraza, mirando sin mirar…

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abril 15, 2017

Minimalismos

Filed under: Efímeros,Escritura — signos @ 12:50 pm

El diccionario define minimalismo como ‘tendencia estética o intelectual que busca la expresión de lo esencial eliminando lo superfluo’. Quitemos eso de ‘estética o intelectual’, que no me va nada, y centrémonos en la expresión de ‘lo esencial eliminando lo superfluo’. Ahora que hace tanto tiempo que no escribo en este blog y que ya poca gente me seguirá, es momento para expresar cosas que pienso, normalmente por la calle, mientras escucho música o la radio en un mp3, y me apetece escribir. Cosas sin importancia, tal vez superfluas, pero contadas eliminado lo superfluo. Así de paradójico.

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Vamos allá.

abril 17, 2016

Imágenes

Filed under: Escritura,Gente,Libros — signos @ 4:48 pm

Llevo semanas intentando escribir algo sobre las imágenes y las palabras. ¿Qué es más importante, una imagen o una palabra? Ya saben: una imagen vale más que mil palabras. ¿Es esto cierto?

Todo empezó en uno de esos días de Semana Santa. Estaba aburrido en casa y cogí un libro de la estantería, Educar en una cultura del espectáculo, de Joan Ferres. Leí el libro en el año 2000 e incluso conocí a Joan Ferres en una conferencia: hay que cambiar la forma de enseñar, venía decir, porque la cultura de la imagen ha desplazado a la de la palabra escrita. Siempre estuve de acuerdo con su tesis, aunque nunca me atreví a ponerla en práctica. Una contradicción que todavía me
acompaña.
Hace poco asistí a una charla del gramático Ignacio Bosque. Recomendó vivamente los libros de Ivonne Bordelois. En el Preguntas al lenguaje
transcurso de la conferencia (yo creo que la mejor que he oído nunca) nos dijo: “Lean ustedes los libros de Ivonne Bordelois”. Fui a muchas librerías y no encontré ningún libro de Ivonne Bordelois. Luego, conseguí uno por internet: Preguntas al lenguaje. Lo leí de un tirón y en esas páginas la autora también se plantea el problema de las imágenes y las palabras. Pero Ivonne Bordelois va más allá: unas no pueden existir sin las otras. Y si las imágenes se ausentan y las palabras fracasan, no queda más remedio que aventurarse en un gran silencio, del que nunca se vuelve.

Joan SebastiánVolví a pensar en las imágenes y en las palabras el otro día, en la exposición de Joan Sebastián. Joan pinta las palabras y  la imagen que queda es pura literatura. En las letras del Ulises está Joyce, está Dublín, está Nora y está Molly Bloom. Todo lo que necesitamos para sumergirnos en esa compleja novela de la que es tan difícil entrar como salir indemne.

Siempre que voy de viaje entro en las librerías o en las bibliotecas  porque los libros también forman parte del paisaje de las ciudades. Eso lo saben pocas personas. Solo los que miran los libros con los mismos ojos que se mira un cuadro, una calle o un grupo de gente corriendo en una tarde de lluvia.

febrero 13, 2016

Los demasiados libros

Filed under: Escritura,Gente,Música — signos @ 3:49 pm

Los demasiados librosAsí se llamaba un libro de Gabriel Zaid que hablaba sobre los muchos libros que hay en las librerías. Se editan demasiados títulos, venía a decir.  ¿Y qué más da? También hay muchos programas de televisión, y muchas revistas, y muchas canciones… Y nadie se queja.

Y muchas películas, ¿no? A propósito de las películas, me hubiera gustado hacer un post sobre la gala de los Goya, que me tragué enterita el sábado pasado. Pero ya se ha escrito demasiado sobre los Goya. Fue una gala aburrida, como todas, tolerable solo por los treinta segundos de máximo que le daban a cada galardonado para agradecer a su padre, a su madre, a su novia… Lo único que le dio un subidón fue la actuación de Joan Manuel Serrat. Por mucho ingenio que pongan los guionistas y muy bien que lo haga Dani Rovira, nunca llegarán al nivel de Serrat y de Juan Marsé, autor de la letra de Los fantasma del Roxy. Imposible, vamos.

Pero yo he venido aquí a hablar de libros. Porque, curiosamente, hoy todo el mundo habla de libros. Como Criscractal, que los encuentra de mucha utilidad, aunque no los abra (alguno abrirá, seguro). Y Nomadas Square, que duda entre libros físicos y libros digitales. ¡Físicos, físicos!, digo yo: que se puedan tocar, abrir, oler. Fíjense en las ilustraciones que acompañan sus post. Pura sensualidad.

¡Vivan los libros!

enero 25, 2016

Me pareció ver a Félix de Azúa

Filed under: Escritura,Gente,Libros — signos @ 8:15 pm

El otro día iba conduciendo y me pareció ver a Félix de Azúa. Seguramente no era Félix de Azúa porque no sé qué puede hacer Félix de Azúa en la esquina de Fernando el Católico con el Paseo de la Pechina, aquí en Valencia, cerca de Nuevo Félix de AzúaCentro. De todas formas me hubiera hecho ilusión que fuera él, si bien no creo que me hubiera atrevido a abordarlo. Todo lo más, lo hubiera saludado: “Buenas tardes, señor de Azúa”; o, tal vez, “Hola, Félix”. No sé, no tengo ni idea de cómo lo hubiera saludado.

Y es que a mí Félix de Azúa me parece un tipo brillante, inteligente, divertido. Uno de esos tipos con los que te irías, sin duda, a tomar un café o un whisky mientras hablas de lo divino y de lo humano. Hace mucho tiempo leí un libro suyo: Historia de un idiota contada por él mismo. La verdad, no me acuerdo mucho del contenido, pero nada más por ese título ya valía la pena leerlo. Muchos años después, en un salón decadente de Tordesillas, mientras me tomaba un café con leche que no sabía si era un cortado o un café con espuma, leí un artículo suyo y me quedé maravillado. Su capacidad de argumentación y sus razonamientos me llevaron casi al paroxismo (¡a mí, que soy un escéptico confeso y convicto!). Naturalmente, a partir de entonces me lancé a la lectura de todos los artículos de Félix de Azúa que encontraba a mi paso, pero ninguno llegó a la categoría de aquel que disfruté yo solo en un salón decadente de Tordesillas.

Autobiografía-de-papel-1Luego leí Autobiografía de papel, y me lo pasé muy bien. Es como pasar un rato con un amigo divertido, inteligente, sutil. También leí una entrevista que le hizo Juan Cruz en El País Semanal. El tío se había ido de Barcelona porque no entendía lo que los nacionalistas estaban haciendo con esa ciudad cosmopolita y maravillosa. Ahora vivía en Madrid. Tiene una hija, de corta edad, y una mujer, con la que comparte su vida. También tiene amigos (Savater, Marías…). Tiene tiempo, para leer, para escribir, para pasear, porque está jubilado. Sigue en activo.

La próxima vez que me encuentre con él (o me lo parezca) pienso pararlo: “Oye, cuando tenga unos años más, o ya mismo, quiero ser como tú”.

octubre 11, 2015

Recado de escribir

Filed under: Escritura,Gente,Libros — signos @ 7:39 pm

He mirado por casualidad el blog y me he dado cuenta de que hace mucho tiempo que no escribo nada. Y no es porque no imgresse me ocurran cosas, sino porque creo que esas cosas que se me ocurren no tienen el más mínimo interés. Por ejemplo, una vez que iba en bicicleta (siempre los domingos por la mañana) pensé en la diferencia entre salir a pedalear hacia el este o hacia el oeste. Hacia el este solo veía alegría y luz; cuando lo hacía al oeste, todo se tornaba oscuro y lúgubre. Al final del verano, pensé escribir un post que se iba a titular “Verano alegre” porque había descubierto en el El País las columnas de Luis Alegre, que me alegró los jueves de este verano. Ya le había oído a Benjamín Prado recomendar un libro suyo, Cerca de casa, que todavía no he leído, pero que lo haré mañana mismo.

La noche que llegué al café GijónY ahora que veo el último post sobre Paco Umbral me doy cuenta de que sigo con Umbral. Me compré en una librería de viejo La noche que llegué al café Gijón (lo tenía, pero vete a saber qué fue de él), y lo leo a ratos perdidos. Al cerrarlo, y pegar otro de esos marcadores adhesivos de colores en una página, me doy cuenta de que es la mejor historia de la literatura española contemporánea. Ya pueden venir Rico, Gracia, Alborg o Mainer a decir lo que quieran. Nadie cuenta la vida literaria de esos años como Umbral.

Cuando dejo el libro me entran ganas de escribir, pero pocas veces lo hago. El año pasado escribí un relato para la revista del instituto y cosas sueltas que fui leyendo aquí y allá. Resultó divertido, pero luego esas palabras, como es lógico, se las llevó el viento caliente y perezoso del verano. Entonces uno siente un no sé qué que no se puede explicar. El síndrome del escritor alegre y sin porvenir. Por eso, lo que yo quiero es escribir, pero no ser escritor. Qué paradojas tiene la vida.

marzo 27, 2015

Umbral y su hermano

Filed under: Escritura,Gente,Libros — signos @ 8:43 pm

Francisco Umbral y el poeta Leopoldo de Luis solían quedar muchos días en el café Gijón. Se llevaban bien, había una especial complicidad entre ellos; Umbral escribió que Leopoldo llegaba muchos días al café “alegrado y subido de color de la risa, y venía de sus oficinas de seguros lleno de versos, de cultura, de conversación, de chistes malos y poemas buenos”. Leopoldo de Luis se llamaba en realidad Leopoldo Urrutia, pero tuvo que cambiar de nombre porque el franquismo lo persiguió por su pasado republicano.

Cuando quedaban en el café Gijón, Leopoldo no sabía que aquel escritor divertido y culto era, en realidad, su hermano. Umbral sí lo sabía. Umbral sabía que no se llamaba Umbral. En verdad, muy poca gente sabía cómo se llamaba Umbral. UmbralTal vez su nombre era Francisco Pérez Martínez, como le recordó una vez Sánchez Dragó en un programa de televisión, aunque tampoco se llamaba así. Poco importa. Lo cierto es que el escritor de pelo largo, gafas negras de pasta y pañuelo anudado al cuello fue un referente para muchos de nosotros, con sus artículos de la movida, su cheli, su yo-he-venido-aquí-a-hablar-de-mi-libro.

Cuando leí esta noticia en el periódico, me acordé, más que de él, de otro tiempo (hay que ver con qué facilidad olvidamos) y me puse a buscar libros de Umbral por casa. No encontré casi ninguno, pese a que recuerdo haber leído bastantes. No sé, tal vez no eran míos, quizá los presté y no me los devolvieron. Solo encontré uno: Días felices en Argüelles. Lo leí casi de un tirón y me sorprendió su prosa limpia, poética, persuasiva. Umbral escribe sobre los periódicos, los periodistas, las musas, los políticos, los novelistas y los poetas de sus días felices, que, creo, fueron también los nuestros. Vale la pena volver a él, solamente para volver a aspirar el perfume de aquella época, ya perdida para siempre.

febrero 28, 2015

Perdedores

Filed under: Efímeros,Escritura,Películas — signos @ 2:58 pm

Hace poco, haciendo zapping un viernes por la noche, me encontré con una película que había visto hace muchos años: Sinatra, dirigida por Francesc Betriu y basada en un libro de Raúl Núñez. Es una película de perdedores, esos que solo tienen cabida en la ficción, pero que nos resultaban muy atractivos. No sabíamos por qué, pero aquellas historias formaban parte de la vida, y por eso las sentíamos también como nuestras. El fracaso era un blues, una canción de Sabina, una película de John Huston, una novela de Henry Miller. El fracaso era también una estética, una pose, una manera de ver el mundo.

En esa época Raúl Núñez vivía en Valencia, lo mismo que Alfons Cervera, Víctor Orenga, Abelardo Muñoz. Ellos formaban parte del paisaje de aquellos años. Esos Sinatras te contaban historias hermosas en medio de la noche, casi cuando ya amanecía. Pero esos Sinatras han ido desapareciendo de la ciudad, barridos por horteras en BMW, empresarios de la noche y dinámicos emprendedores enganchados a las redes sociales. Para ellos, fracaso es solo una palabra “a eliminar” de su vocabulario.

Una lástima. Con el tiempo se acaba descubriendo que el éxito solo escondía apariencias, engaños, alegrías efímeras. Paradójicamente, esas historias de ficción que nos mostraban el fracaso, estaban llenas de vida. Porque la vida, lo descubrimos más tarde, eran esas historias que nos pasaban y que ellos contaban tan bien. Como decía Paul Auster, las cosas le pasan a quien sabe contarlas.

 

enero 30, 2015

Profesores y alumnos

Filed under: Escritura,Gente — signos @ 10:33 pm

Leo en el diario un artículo sobre profesores universitarios. No quedan muy bien parados. “Ser mal profesor sale barato” dice el titular. El artículo, firmado por una tal Patricia Gosálvez, no hace justicia con los profesores universitarios, al menos con los que yo conozco. Y con los que he conocido, que me cambiaron radicalmente la vida. En aquellos años de juventud, nada transformó tanto mi forma de ser y de pensar como la Universidad y, por supuesto, como la gente que la habitaba y, en muchos casos, la sigue habitando. Nada ha influido tanto en mí como algunas lecturas, firmadas –curiosamente- por profesores universitarios.Universidad

¿Que hay profesores malos? Toma, claro. Como periodistas, escritores y fontaneros. Pero eso no sirve para denostar a todo un colectivo. “Ser mal profesor sale barato”. Tiene narices el titular. Conozco profesores universitarios que por poco más de doscientos euros al mes dan las clases que nadie quiere dar, en los horarios más intempestivos, a los grupos más numerosos y atrabiliarios. Todos podemos pensar que los profesores titulares que rechazan estos grupos y horarios tienen mucho morro, pero nadie osa poner en duda su capacidad intelectual. Como yo también estoy vinculado a la Universidad, a veces coincido con ellos en el despacho, intercambio pareceres o me tomo un café en el bar. Siempre me pellizco para saber que no estoy soñando, y que sí, son ellos, los que me cambiaron la vida cuando era más joven. Soy un privilegiado y no sé a quién coño agradecérselo. Tal vez a mí mismo, que fui alumno antes que profesor.

Y también a algunos alumnos que tengo o he tenido. No sé distinguirlos a principio de curso, pero sí al final. Y me entristece perderlos de vista. Solo a veces coincido, mucho tiempo después, con ellos. Apenas un instante, unos segundos. El tiempo necesario, en todo caso, para saber que el mundo sigue girando. A ellos no les pareció barato. Les resultó todo un lujo, con el tiempo casi fuera de su alcance, determinados profesores, determinadas clases, muchos días en la Universidad.

Barato, si acaso, es el periódico donde leyeron esa noticia. 1,30 euros o así. A veces les sale gratis, si tienen la suerte de que nadie lo esté leyendo en el bar donde se toman un café.

 

 

diciembre 16, 2014

Aproximaciones

Filed under: Efímeros,Escritura,Gente — signos @ 6:24 pm

Cerca de donde vivo, de donde he vivido en los últimos años, hay un bar que ahora se lo ha quedado un chino. No cierra nunca, ni siquiera el día de Navidad, y ha alterado la tranquilidad, siempre relativa, que tenía mi calle, al menos en los días de fiesta, o en verano, cuando la ciudad se queda desierta. Ahora, siempre hay frikis habitando la terraza de ese bar; ignoro dónde pasaban antes todos esos momentos, si en sus casas (que tendrán, supongo) o deambulando por la calle. Son tipos curiosos, siempre los mismos.

El otro día sorprendí a uno de ellos, borracho como una cuba, cantando una canción, que no llegué a reconocer, junto a una mesa, gesticulando y dirigiéndose con su canto a cuatro parroquianos que jugaban al dominó y que no le hacían niwhisky puñetero caso. Lo vi allí, a mediodía del sábado, tomando la que me imagino era ya la undécima copa, con sus cantos folclóricos, y cuando volví de hacer deporte, más de dos horas después, continuaba allí, tambaleándose como un borracho de película, cantando y dirigiéndose, esta vez, a nadie, si acaso a un árbol con las ramas secas.

Crucé con él una mirada, tan solo una décima de segundo. Lo había visto otras veces, vestido con traje de chaqueta y siempre reunido con gente. Me recordó físicamente mucho a un conocido mío, un profesor e investigador, tal vez el mejor investigador que hay en España sobre didáctica de la lengua y la literatura. Ese investigador es un tipo genial y yo había hablado con él hacía poco tiempo por los pasillos de un congreso; hablé no de literatura, sino de política: del PSOE, de Podemos, de estos tiempos que estamos viviendo. Él, veterano militante socialista, no entendía (o entendía demasiado, por ser perro viejo) ese discurso incendiario de los jóvenes de Podemos.

El parecido físico entre los dos era increíble. El parecido (físico) entre aquellos tiempos y estos también es increíble. Tanto, que hasta cuesta creerlo. Quién sabe, tal vez con una copa lleguemos a aproximar posiciones. Entre aquello y esto, entre unos y otros, entre tú y yo.

¡Camarero! Venga ese güisquito.

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