Estilema

abril 16, 2017

Minimalismos (I): David Trueba

Filed under: Gente,Libros,Películas — signos @ 7:04 pm

El otro día, caminando por una calle arbolada,  iba escuchando a David Trueba en la radio. Creo que fue Manuel Vicent quien dijo que David Trueba era pura proteína. Estoy de acuerdo. Pero me pasa una cosa con David Trueba: creo que sus comentarios, sus opiniones, sus respuestas a cualquier pregunta son mejores que sus novelas o sus películas. Y creo que él lo sabe. Por eso escribe novelas o dirige películas. Para hablar sobre ellas.

David_Trueba

Me imagino la situación: un grupo de gente se reúne para abordar un proyecto y en un momento determinado alguien dice: “¿Sabes quién haría esto bien? David Trueba”. Si en un momento determinado, un grupo de gente está tratando sobre un tema y alguien pregunta “¿Sabes quién haría esto bien?” y pronuncia tu nombre, tu vida adquiere sentido. Ya sabes cuál es tu lugar en el mundo. Ya no tienes que preocuparte por nada más. Esa mesa ya está reservada para ti.

abril 17, 2016

Imágenes

Filed under: Escritura,Gente,Libros — signos @ 4:48 pm

Llevo semanas intentando escribir algo sobre las imágenes y las palabras. ¿Qué es más importante, una imagen o una palabra? Ya saben: una imagen vale más que mil palabras. ¿Es esto cierto?

Todo empezó en uno de esos días de Semana Santa. Estaba aburrido en casa y cogí un libro de la estantería, Educar en una cultura del espectáculo, de Joan Ferres. Leí el libro en el año 2000 e incluso conocí a Joan Ferres en una conferencia: hay que cambiar la forma de enseñar, venía decir, porque la cultura de la imagen ha desplazado a la de la palabra escrita. Siempre estuve de acuerdo con su tesis, aunque nunca me atreví a ponerla en práctica. Una contradicción que todavía me
acompaña.
Hace poco asistí a una charla del gramático Ignacio Bosque. Recomendó vivamente los libros de Ivonne Bordelois. En el Preguntas al lenguaje
transcurso de la conferencia (yo creo que la mejor que he oído nunca) nos dijo: “Lean ustedes los libros de Ivonne Bordelois”. Fui a muchas librerías y no encontré ningún libro de Ivonne Bordelois. Luego, conseguí uno por internet: Preguntas al lenguaje. Lo leí de un tirón y en esas páginas la autora también se plantea el problema de las imágenes y las palabras. Pero Ivonne Bordelois va más allá: unas no pueden existir sin las otras. Y si las imágenes se ausentan y las palabras fracasan, no queda más remedio que aventurarse en un gran silencio, del que nunca se vuelve.

Joan SebastiánVolví a pensar en las imágenes y en las palabras el otro día, en la exposición de Joan Sebastián. Joan pinta las palabras y  la imagen que queda es pura literatura. En las letras del Ulises está Joyce, está Dublín, está Nora y está Molly Bloom. Todo lo que necesitamos para sumergirnos en esa compleja novela de la que es tan difícil entrar como salir indemne.

Siempre que voy de viaje entro en las librerías o en las bibliotecas  porque los libros también forman parte del paisaje de las ciudades. Eso lo saben pocas personas. Solo los que miran los libros con los mismos ojos que se mira un cuadro, una calle o un grupo de gente corriendo en una tarde de lluvia.

marzo 6, 2016

Umberto Eco

Filed under: Gente,Libros — signos @ 7:41 pm

No se pierdan el artículo que ha escrito Antonio Muñoz Molina en Babelia (“Cerca de Umberto Eco“).  Cuenta el autor de Un invierno en Lisboa lo cerca que estuvo en diversas ocasiones de saludar al escritor piamontés y la mala suerte de no lograrlo nunca. “Qué pena no haber estrechado nunca la mano de Umberto Eco. Estuve cerca, eso sí”, concluye.umberto_eco1

Yo también estuve cerca, no de saludar, sino de ver a Umberto Eco. Fue en Bolonia, hace ocho años. Leí que Umberto Eco impartía una conferencia en la Universidad, pero aquel día teníamos que ir a visitar a un amigo a Padova. ¿Estaremos de vuelta a las cinco?, pregunté. Todos fruncieron el ceño. En efecto, a esa hora todavía estábamos en el tren. No vi nunca a Umberto Eco. Pero estuve cerca, eso sí.

apocalipticosMuñoz Molina también hace referencia a Apocalíticos e integrados, aquel libro que yo leí a trozos, fotocopiado, antes del archifamoso El nombre de la rosa. Luego me lo compré, en la misma edición de Lumen en donde aparecía Superman en la portada sobre un fondo blanco. No he podido resistir la tentación de desempolvarlo y de echarle un vistazo: está subrayado y tiene algunas anotaciones.

Es curioso: el libro habla sobre la cultura de masas, los comics, el cine, la televisión… Pero el editor añadió al final un par de páginas con este título: Umberto Eco: la vida, los libros.

febrero 19, 2016

Maestros antiguos

Filed under: Gente,Libros — signos @ 9:20 pm

Ayer me entretuve viendo el último episodio de Cuéntame. Un aburrimiento, se lo puedo asegurar. Pese al título, parece que los guionistas no tienen nada que contar (¡con las cosas que hay que contar de esa época!). Lo único que vale la pena, se lo aseguro, es la cabecera, es decir, la canción de Fórmula V interpretada por Miguel Ríos. Ahora entiendo a Sabina, a Serrat, a Víctor Manuel…, que, cuando actuaban juntos, decían que el único que sabía cantar era Miguel Ríos.

Y hablando de maestros. Tras el episodio de Cuéntame (para los que NO se durmieran), esa tele rancia y con olor a naftalina que es La 1 nos regaló un programa en donde se hacía un repaso de los escritores que ocuparon, con bastante frecuencia, las pantallas en los años 80 y 90. Por ahí aparecieron Cela, Umbral, Delibes, Arrabal, Antonio Gala. Casi nada. Y los que comentaban esa época gloriosa de la tele eran, nada más y nada menos, que  Armas Marcelo, Rodríguez Lafuente, Sánchez Dragó, Manuel Hidalgo, Pérez Reverte, Lorenzo Díaz, Gurruchaga…

http://www.rtve.es/alacarta/videos/ochentame-otra-vez/

A veces, cuando escucho ahora a gente “de nivel” en televisión me quedo un poco perplejo. Lo comento con amigos y compañeros de trabajo, todos más o menos de la misma generación, y compartimos una misma sensación. Pero, claro, viendo ayer el programa me di cuenta de que nosotros tuvimos unos maestros con mucho nivel. Eran tipos cultos, inteligentes, brillantes. Y quieras que no, algo se pega. Puede ser que los tiempos hayan  cambiado. Hoy los programadores se escudan en la audiencia. “Es lo que el público demanda”, dicen. Pero si tú ofreces calidad, creas espectadores “de calidad”. Una ecuación muy sencilla. ¿O no?

enero 25, 2016

Me pareció ver a Félix de Azúa

Filed under: Escritura,Gente,Libros — signos @ 8:15 pm

El otro día iba conduciendo y me pareció ver a Félix de Azúa. Seguramente no era Félix de Azúa porque no sé qué puede hacer Félix de Azúa en la esquina de Fernando el Católico con el Paseo de la Pechina, aquí en Valencia, cerca de Nuevo Félix de AzúaCentro. De todas formas me hubiera hecho ilusión que fuera él, si bien no creo que me hubiera atrevido a abordarlo. Todo lo más, lo hubiera saludado: “Buenas tardes, señor de Azúa”; o, tal vez, “Hola, Félix”. No sé, no tengo ni idea de cómo lo hubiera saludado.

Y es que a mí Félix de Azúa me parece un tipo brillante, inteligente, divertido. Uno de esos tipos con los que te irías, sin duda, a tomar un café o un whisky mientras hablas de lo divino y de lo humano. Hace mucho tiempo leí un libro suyo: Historia de un idiota contada por él mismo. La verdad, no me acuerdo mucho del contenido, pero nada más por ese título ya valía la pena leerlo. Muchos años después, en un salón decadente de Tordesillas, mientras me tomaba un café con leche que no sabía si era un cortado o un café con espuma, leí un artículo suyo y me quedé maravillado. Su capacidad de argumentación y sus razonamientos me llevaron casi al paroxismo (¡a mí, que soy un escéptico confeso y convicto!). Naturalmente, a partir de entonces me lancé a la lectura de todos los artículos de Félix de Azúa que encontraba a mi paso, pero ninguno llegó a la categoría de aquel que disfruté yo solo en un salón decadente de Tordesillas.

Autobiografía-de-papel-1Luego leí Autobiografía de papel, y me lo pasé muy bien. Es como pasar un rato con un amigo divertido, inteligente, sutil. También leí una entrevista que le hizo Juan Cruz en El País Semanal. El tío se había ido de Barcelona porque no entendía lo que los nacionalistas estaban haciendo con esa ciudad cosmopolita y maravillosa. Ahora vivía en Madrid. Tiene una hija, de corta edad, y una mujer, con la que comparte su vida. También tiene amigos (Savater, Marías…). Tiene tiempo, para leer, para escribir, para pasear, porque está jubilado. Sigue en activo.

La próxima vez que me encuentre con él (o me lo parezca) pienso pararlo: “Oye, cuando tenga unos años más, o ya mismo, quiero ser como tú”.

octubre 11, 2015

Recado de escribir

Filed under: Escritura,Gente,Libros — signos @ 7:39 pm

He mirado por casualidad el blog y me he dado cuenta de que hace mucho tiempo que no escribo nada. Y no es porque no imgresse me ocurran cosas, sino porque creo que esas cosas que se me ocurren no tienen el más mínimo interés. Por ejemplo, una vez que iba en bicicleta (siempre los domingos por la mañana) pensé en la diferencia entre salir a pedalear hacia el este o hacia el oeste. Hacia el este solo veía alegría y luz; cuando lo hacía al oeste, todo se tornaba oscuro y lúgubre. Al final del verano, pensé escribir un post que se iba a titular “Verano alegre” porque había descubierto en el El País las columnas de Luis Alegre, que me alegró los jueves de este verano. Ya le había oído a Benjamín Prado recomendar un libro suyo, Cerca de casa, que todavía no he leído, pero que lo haré mañana mismo.

La noche que llegué al café GijónY ahora que veo el último post sobre Paco Umbral me doy cuenta de que sigo con Umbral. Me compré en una librería de viejo La noche que llegué al café Gijón (lo tenía, pero vete a saber qué fue de él), y lo leo a ratos perdidos. Al cerrarlo, y pegar otro de esos marcadores adhesivos de colores en una página, me doy cuenta de que es la mejor historia de la literatura española contemporánea. Ya pueden venir Rico, Gracia, Alborg o Mainer a decir lo que quieran. Nadie cuenta la vida literaria de esos años como Umbral.

Cuando dejo el libro me entran ganas de escribir, pero pocas veces lo hago. El año pasado escribí un relato para la revista del instituto y cosas sueltas que fui leyendo aquí y allá. Resultó divertido, pero luego esas palabras, como es lógico, se las llevó el viento caliente y perezoso del verano. Entonces uno siente un no sé qué que no se puede explicar. El síndrome del escritor alegre y sin porvenir. Por eso, lo que yo quiero es escribir, pero no ser escritor. Qué paradojas tiene la vida.

marzo 27, 2015

Umbral y su hermano

Filed under: Escritura,Gente,Libros — signos @ 8:43 pm

Francisco Umbral y el poeta Leopoldo de Luis solían quedar muchos días en el café Gijón. Se llevaban bien, había una especial complicidad entre ellos; Umbral escribió que Leopoldo llegaba muchos días al café “alegrado y subido de color de la risa, y venía de sus oficinas de seguros lleno de versos, de cultura, de conversación, de chistes malos y poemas buenos”. Leopoldo de Luis se llamaba en realidad Leopoldo Urrutia, pero tuvo que cambiar de nombre porque el franquismo lo persiguió por su pasado republicano.

Cuando quedaban en el café Gijón, Leopoldo no sabía que aquel escritor divertido y culto era, en realidad, su hermano. Umbral sí lo sabía. Umbral sabía que no se llamaba Umbral. En verdad, muy poca gente sabía cómo se llamaba Umbral. UmbralTal vez su nombre era Francisco Pérez Martínez, como le recordó una vez Sánchez Dragó en un programa de televisión, aunque tampoco se llamaba así. Poco importa. Lo cierto es que el escritor de pelo largo, gafas negras de pasta y pañuelo anudado al cuello fue un referente para muchos de nosotros, con sus artículos de la movida, su cheli, su yo-he-venido-aquí-a-hablar-de-mi-libro.

Cuando leí esta noticia en el periódico, me acordé, más que de él, de otro tiempo (hay que ver con qué facilidad olvidamos) y me puse a buscar libros de Umbral por casa. No encontré casi ninguno, pese a que recuerdo haber leído bastantes. No sé, tal vez no eran míos, quizá los presté y no me los devolvieron. Solo encontré uno: Días felices en Argüelles. Lo leí casi de un tirón y me sorprendió su prosa limpia, poética, persuasiva. Umbral escribe sobre los periódicos, los periodistas, las musas, los políticos, los novelistas y los poetas de sus días felices, que, creo, fueron también los nuestros. Vale la pena volver a él, solamente para volver a aspirar el perfume de aquella época, ya perdida para siempre.

noviembre 1, 2014

Un tranvía en SP o SP en bicicleta

Filed under: Escritura,Gente,Libros — signos @ 2:12 pm

Un tranvía en spSiempre me llamó mucho la atención esa novela de Unai Elorriaga, con ese enigmático título: Un tranvía en SP. Creo que llegaron a darle el Premio Nacional de Literatura. Pero no  la he leído, y no sé si tengo ganas de hacerlo. Me llama la atención el título, como también me llaman la atención algunos rostros, algunos gestos o algunas miradas. Pero nada más.

Un día, hace más de un año, había pedido permiso (o me lo había tomado, no sé) para asistir a un congreso. Iba conduciendo por la avenida de Suecia y me detuve ante un semáforo en rojo. En la radio hablaban de corrupción (la misma monserga de siempre). Ya por entonces empezaba a estar harto de oír  las mismas noticias, así que cambié de emisora. Un violín y un piano inundaron el habitáculo del automóvil. De súbito, la calle se quedó vacía y un tipo, vestido con vaqueros y americana, pasó por mi lado en bicicleta hacia la avenida de Blasco Ibáñez. Era la única figura humana que se veía en la calle, a las nueve de la mañana, en un día tibio de marzo. No parecía en absoluto una calle de Valencia, siempre ruidosa y atestada de gente. La estampa recordaba más bien una ciudad centroeuropea, silenciosa, culta, civilizada. Todo lo contrario a la mía.

Tardé un momento en darme cuenta de que aquel tipo en bicicleta era S.P. Un tranvía en SP, pensé. O Una bicicleta en SP. SP en bicicleta, en todo caso. SP es un tipo inteligente, irónico, algo distante. Nunca eleva la voz, nunca te interrumpe cuando hablas, nunca deja de hacer algún comentario ingenioso a lo que dices. No parece, ciertamente, un tipo de aquí. Parece, más bien, un centroeuropeo. Así que la estampa que yo vi aquel día, o la que creí ver (ya no estoy seguro), fue una estampa en SP.

Ahora, todas las mañanas, cuando voy al trabajo, ya no pongo la radio porque me aburren las mismas noticias, quiero decir, la misma noticia de hace ya casi dos años. Pongo música, imagino mi coche en SP,  circulando por una ciudad que no es la mía y camino de un lugar que solo existe en mi imaginación. Pero cuando llego a ese lugar y apago la música, todo vuelve a ser como antes.  Habrá que tomar  un día ese tranvía en SP, para saber adónde nos lleva.

 

octubre 19, 2014

El nuevo diccionario de la lengua

Filed under: Escritura,Lenguas,Libros — signos @ 4:09 pm

diccionario-de-la-lengua-espanola-vigesimotercera-edicion-version-normal_9788467041897Como ya saben, esta semana se ha puesto a la venta el nuevo Diccionario de la lengua española. La edición de un nuevo diccionario debería de ser motivo de júbilo para todos los que compartimos este idioma, pero no han sido pocas las críticas que le han caído al Diccionario y a la Academia que lo sustenta. Algunos periodistas incendiarios atacan la modernez de la institución criticando la entrada de vocablos como chupi, birra, tunear, culamen, friki o botellón. Claro, dicen, como algunos vetustos académicos se lían con jovencitas, tienen que usar estas palabras para estar a la altura: “Vámonos, chati, a tomar unas birras a ese garito del que todos hablan”, “Vaya culamen que luce tu nueva novia, tronco”, “Este sitio está lleno de frikis, vámonos a mover el esqueleto a otro garito”, etc. Renovarse o morir.

Otros periodistas están todo el día con el latazo de los anglicismos: que si coach, password, liftinglink, etc. ¿Qué quieren que les diga? Al final, todo el mundo los dice y se acaban aceptando. Cuando están a punto de morir de éxito, viene el lumbreras de turno y los adapta al castellano, creando híbridos con boina más horteras que Paco Martínez Soria y Fernando Esteso juntos: bluyín, pirsin, zum, bisnes, jipi (por no hablar de güisqui: el empresario que tenga el cuajo de etiquetar así la bebida escocesa va directo a la ruina).

A mí me parece mucho más peligroso aceptar palabras a las que teníamos que haber echado a patadas del diccionario: externalizar, burdo  eufemismo para enmascarar una privatización que solo pretendió acabar con el sistema público de salud; mileurista, extraña denominación para los que cobraban un sueldo de mierda y que ahora se han de conformar con lo que hay; serendipia, mayúscula horterada para la chiripa de toda la vida; amigovio (¿de verdad alguien utiliza esta palabra?); gayumbos (en seria competencia con calzoncillos: ¿cuál de las dos suena peor?). Antes de que entraran todas esas preciosidades, tendrían que haber arreglado un poco la definición de algunas, como feminela, que, según el diccionario, es un “pedazo de zalea que cubre el zoquete de la lanada” (debo este descubrimiento a Xosé Castro, que me hizo reír mucho con esta y otras definiciones del diccionario).

A pesar de lo dicho, yo soy un friki de las palabras y de los diccionarios. Y celebro mucho cada entrevista que, con motivo de esta nueva edición del diccionario, le hacen a José Manuel Blecua, director de la RAE. Escuchándole (y también a Pascual y a Rico) he pasado momentos muy gratos en mi vida. No me cuesta nada imaginármelos en la barra de un bar, con un whisky (que no güisqui) en la mano, revolcándose de risa con todas esas definiciones de su diccionario.

septiembre 28, 2014

El sur

Filed under: Gente,Libros,Películas — signos @ 7:21 pm

El sur_Erice

La película se llamaba El sur y estaba dirigida por Víctor Erice. Erice era uno de esos directores que llamaban “de culto”. Venía de dirigir El espíritu de la colmena, tal vez la mejor película del cine español: “magistral, moderno y complejo filme”, decía La Turia, la Biblia cultureta de mi juventud. Sobre Erice había una especie de halo místico que lo hacía todavía más atractivo: que solo dirigía una película cada diez años, que para sobrevivir hacía publicidad, que era un tipo solitario y extraño…

EL SUR_AdelaidaEl otro día me enteré del fallecimiento de Adelaida García Morales. La noticia solo merecía un breve en el diario. García Morales escribió el relato El sur, que publicó Jorge Herralde en Anagrama y que dio lugar a la película de Erice. Adelaida García Morales fue pareja de Víctor Erice y sobre ella también corrían muchas leyendas: que si era muy guapa (había sido modelo), que era profesora de bachillerato y se tuvo que dejar este oficio porque no aguantaba a los alumnos mascando chicle, etc.

Todos mis amigos de entonces vimos la película y nos enamoramos de esas imágenes, pese a que (decían) era una película incompleta (faltaba la mitad del metraje, escamoteado por su productor, Elías Querejeta, atento solo a los fines comerciales) y pese a que su actor principal, Omero Antonutti, que venía de protagonizar la exitosa Padre padrone, estaba doblado y resultaba algo hierático en su personaje. También leímos, por supuesto, el relato de Adelaida García Morales, que Anagrama tuvo que publicar con otra historia porque El sur  ocupaba poco más de cincuenta páginas.

Pero a nosotros nos daba igual. Idolatramos El espíritu de la colmena sin entender un solo fotograma; celebramos El sur por aquellas imágenes que destilaban una bella tristeza y comentábamos con pasión el libro de García Morales en antros de mala muerte mientras bebíamos whisky escocés con hielo.

Toda esa generación nos dejó su visión del mundo, que es también la de muchos de nosotros. No les importaba demasiado el ego ni la cuenta de resultados. Todo lo contrario de lo que pasa hoy. Una lástima.

 

 

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