Estilema

febrero 13, 2016

Los demasiados libros

Filed under: Escritura,Gente,Música — signos @ 3:49 pm

Los demasiados librosAsí se llamaba un libro de Gabriel Zaid que hablaba sobre los muchos libros que hay en las librerías. Se editan demasiados títulos, venía a decir.  ¿Y qué más da? También hay muchos programas de televisión, y muchas revistas, y muchas canciones… Y nadie se queja.

Y muchas películas, ¿no? A propósito de las películas, me hubiera gustado hacer un post sobre la gala de los Goya, que me tragué enterita el sábado pasado. Pero ya se ha escrito demasiado sobre los Goya. Fue una gala aburrida, como todas, tolerable solo por los treinta segundos de máximo que le daban a cada galardonado para agradecer a su padre, a su madre, a su novia… Lo único que le dio un subidón fue la actuación de Joan Manuel Serrat. Por mucho ingenio que pongan los guionistas y muy bien que lo haga Dani Rovira, nunca llegarán al nivel de Serrat y de Juan Marsé, autor de la letra de Los fantasma del Roxy. Imposible, vamos.

Pero yo he venido aquí a hablar de libros. Porque, curiosamente, hoy todo el mundo habla de libros. Como Criscractal, que los encuentra de mucha utilidad, aunque no los abra (alguno abrirá, seguro). Y Nomadas Square, que duda entre libros físicos y libros digitales. ¡Físicos, físicos!, digo yo: que se puedan tocar, abrir, oler. Fíjense en las ilustraciones que acompañan sus post. Pura sensualidad.

¡Vivan los libros!

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noviembre 21, 2014

Antes de empezar

Filed under: Efímeros,Escritura,Música — signos @ 6:21 pm

Antes de empezar, vea el vídeo que hay debajo, por favor,  y lea el post a la vez que escucha la música. Es una canción de Elton John, Rocket Man, que trata sobre un astronauta que es enviado a Marte y reflexiona sobre la soledad que va a sentir en ese planeta, el tiempo que va a tardar en regresar a la Tierra y volver a ver a los suyos.Birmingham

La última vez que escuché esta canción fue este verano, en Birmingham, en una de esas tiendas en donde venden pequeñas cosas para regalar a tu pareja o a un amigo en su cumpleaños. Sobre todo había tarjetas de felicitación (les gustan mucho a los ingleses), llenas de frases ingeniosas, tanto que a veces cuesta encontrarles el sentido. Sonaba de fondo Rocket Man mientras yo miraba regalos para alguien y leía palabras que llenarían de emoción o indiferencia a decenas de personas, siempre necesitadas de algo.

La música de Elton John me llevó a un tiempo, y también a otro, aún más lejano, porque siempre me ha gustado la música de ese excéntrico inglés; me ha acompañado en mi adolescencia, en mi juventud, ayer mismo. En esta ocasión, estaba en esa pequeña tienda de Birmingham, y me sentía bien, no me apetecía salir, quería seguir leyendo palabras en inglés dentro de esa tienda. De repente pensé (o sentí) que mi sitio era aquel, que había ido a la tienda desde el trabajo, en Waterloo Strett, para comprar un regalito y luego acudir al pub, donde había quedado con mis amigos.

En un libro maravilloso de Juan Marsé, donde hace retratos de diversos personajes y, al final, el suyo propio, dice que presiente que se ha equivocado de país, de época, de profesión y hasta de sexo. Yo no sé si me he equivocado de sexo, de época y de profesión (tal vez), pero de lo que estoy seguro es que me he equivocado de país.  Yo, de español, tengo bien poco. Nada, más bien. Aquí me siento como en Marte y echo de menos todo lo que me recuerda a las Islas. Así que ando como perdido en un vuelo eterno, sin entender, deseando que llegue el día del regreso. Pero puede que para eso todavía quede mucho tiempo. Soy un rocket man en medio de este secarral corrupto, y la gente que está sentada en los bares jugando al dominó con un palillo entre los dientes me grita cosas que no entiendo…

And I think it´s gonna be a long, long, time…

mayo 4, 2014

Vivo cantando

Filed under: Escritura,Gente,Música — signos @ 9:56 am

Como todos ustedes saben, el próximo día 25 de mayo tenemos todos una cita para ir a votar a nuestros candidatos al Parlamento Europeo. Yo todavía no tengo decidido el voto, pero lo que es seguro es que el domingo 25 me plantaré a primera hora en el colegio electoral para depositar (o hacer una deposición, tanto da) mi papeleta en la urna europea.

Porque yo, amigos, me siento muy feliz de ser europeo. Ya lo fui en mi niñez y adolescencia, cuando no me perdía nunca el festival de Eurovisión, y, más tarde,  celebré con champagne el día en que Felipe y los suyos firmaron el tratado de adhesión. En realidad, desde el 69 (un buen año, se mire por donde se mire), yo vivo cantando de lo feliz que soy de ser europeo.

Al principio, como también se ve en la canción de Salomé que aquí pueden escuchar, mi felicidad era tibia, comedida, circunspecta. Pero a medida que iba pasando el tiempo (como también le pasa a Salomé interpretando la canción)  me sentía más suelto, más alegre, más vivaz. Cada mañana, al entrar en el cuarto de baño para asearme, me imaginaba al maestro Augusto Algueró dirigiendo la orquesta, al trío de machotes haciendo los coros y a mí con el vestido de flecos, y me ponía  a cantar desaforadamente proclamando mi amor a Europa.

El éxtasis entró con el nuevo siglo, cuando, ya con euros en los bolsillos,  podía viajar a todos los países de la Unión enseñando solo mi DNI, podía también asistir a cursos financiados con los fondos FEDER y hasta dar clases en la universidad con el nuevo plan Bolonia. He pensado destinar algunos créditos ECTS al análisis semiótico del vídeo de Salomé. Como europeos que semos (perdón, somos), hemos de estar a la última en innovación educativa.

Últimamente, estoy un poco desanimado. Como también dice la canción “… solo quiero que me digas que está pasando/que estoy temblando de estar junto a ti”. Pero, en todo caso, fíjate si soy europeo que el otro día me pareció que el vídeo de la canción de Salomé del festival de Eurovisión, el de toda la vida, era ahora en color y lo presentaban en alemán.

 

noviembre 16, 2012

Son las matemáticas (y Peret), estúpido

Filed under: Escritura,Música — signos @ 6:41 pm

Son las matemáticas, estúpido se  titula un artículo que leí el otro día en el diario El País y que me dejó muy pensativo. Está escrito por un tal Luis Garicano, una eminencia (se ve) en el mundo de las finanzas. No en vano es catedrático en la London School of Economics. Venía a defender la importancia de las matemáticas en el mundo actual, cosa que nadie pone en duda, y a medida que iba leyendo el artículo más me iba convenciendo de todo lo que decía. Somos fáciles de convencer (se ve) por estos nuevos gurús que han sustituido a filósofos, literatos y periodistas de un plumazo.

El artículo acababa hablando, como no,  de educación. A los niños, dice, no se les exige suficiente porque las clases son demasiado blandas, rutinarias y memorísticas. Dice que los chicos salen del colegio sin haber adquirido los tres fundamentos claves necesarios para salir adelante en la economía del conocimiento (“economía del conocimiento”, ¡caray!): un nivel avanzado de confianza en el uso de las matemáticas y la estadística; una capacidad elevada para escribir un argumento, no solo correcto gramaticalmente, sino razonado con claridad y convicción; y un nivel avanzado de inglés.

Mediten sus palabras. Y luego asientan. ¡Qué razón tiene el jodío! Fíjense en cualquiera de esos economistas con corbata que sale en la tele (y ha estudiado en el Caxton College y en la London School of Economics): nivel avanzado en el uso de las matemáticas y estadística, capacidad para razonar con convicción, nivel avanzado de inglés. ¡Qué estúpidos hemos sido! No era la filosofía, ni la literatura, ni la historia. Eran las matemáticas, aplicadas (claro) al mundo financiero.

Cuando era un adolescente, entré en un bar del barrio del Carmen y me quedé fascinado viendo a un grupo de jóvenes, sentados en taburetes e iluminados por las luces tenues de unas velas, cantando una canción de Peret. “Corazón, corazón”, repetían unos mientras otros daban palmadas. No eran matemáticas, pero su ritmo era tan perfecto como los pasos de una demostración; tampoco admitía razonamientos convincentes porque en asuntos del corazón ya se sabe que la razón tiene poco que hacer; y, por último, no era inglés, pero su lenguaje era mucho más universal.

No sé qué sería de esos jóvenes, pero a Peret no le fue mal en la vida, ¿no?

octubre 24, 2009

El blues de Memphis

Filed under: Efímeros,Escritura,Música — signos @ 10:43 am

  Bueno, yo sigo con mi particular homenaje a Bob Dylan, esta vez con el enlace siguiente:

http://www.youtube.com/watch?v=ZGUy2ajGu9A

  La canción Memphis Blues ha tenido muchas versiones. Una de ellas es la de Kiko Veneno, un tipo peculiar donde los haya. Él nació en Cataluña, pero se fue a vivir a Sevilla. Mucha gente, como se sabe, ha hecho el camino contrario: nació en Andalucía, pero se fue a trabajar y a vivir a Cataluña. El camino contrario no es muy usual, pero dice mucho de quien lo emprende. Aquí canta con Miguel Ríos, otro tipo que, por circunstancias personales, me cae bien. También él volvió a Granada, pero esto ya nos lo imaginábamos porque lo había anunciado en una canción.

  “Esto puede ser el fin, esto puede ser el fin”, cantan una y otra vez. Cierto. Una vez me apunté una frase que decía, más o menos: “Cada paso es un fin, sin dejar de ser un paso”.

  Pues eso: cada post (este mismo, sin ir más lejos) puede ser el fin, sin dejar de ser un paso. O viceversa.

agosto 28, 2009

Bob Dylan

Filed under: Música — signos @ 10:13 am

  Últimamente, me he tropezado varias veces con el nombre de Bob Dylan. Primero fue una canción antigua rescatada por casualidad en You Tube; despues, un poema de Benjamín Prado, y, ayer mismo, leí una noticia en la que se navegador-gps-panasonicafirmaba que el cantante iba a poner su voz a un navegador GPS. Pero el intérprete de Forever Young se tomaba un poco a chacota su cometido e ironizaba con que, más que guiar, podía despistar al conductor: “La siguiente,  a la izquierda. No, a la derecha. Bueno, mejor,  siga recto”.

  Ya podrían sustituir aquí también esas voces cibernéticas por otras más adecuadas. He estado pensando y creo que la mejor voz española para un GPS sería la de El Fari. El Fari, esa mezcla de taxista y cantante,  lo hubiera bordado, seguro. También Jesús Gil (“Sigue recto y tal y tal”) habría servido para esta tarea. Pero, desgraciadamente, ya no están entre nosotros.  Otra opción, más chistosa, sería la de Torrente/Santiago Segura, que, por defecto, siempre te llevaría a un puti-club: “A la derecha, a la derecha, que hay unas chorbas…”. O el calvo ese de la Sexta que retransmite los partidos de fútbol: “Gira a la izquerda, hombre, o a la derecha, tiqui-taca, tiqui-taca, ¿qué pasa, Salinas?

  Aunque, casi mejor,  apagar el GPS y poner música: Hay mañanas y noches / porque existe Bob Dylan. / Hay planetas y oxígeno / porque existe Bob Dylan. / Hay veranos e inviernos / porque existe Bob Dylan /Yo nunca he estado solo / porque existe Bob Dylan. (B.P)

http://www.youtube.com/watch?v=P22cMZFvJAs

junio 24, 2009

La buena vida

Filed under: Música — signos @ 10:16 am

Recuerdo que una vez estábamos un grupo hablando sobre diversos temas y salió el eterno y adolescente problema de la felicidad. En ese momento, llegó JJA, con su aire despistado y bohemio, y, al ser preguntado al respecto, sólo se le ocurrió decir:  “¿Pero eso de la felicidad no era una canción de Palito Ortega?”.

  Lo mismo me pasa con La buena vida. Para mí, La buena vida siempre  ha sido una película, aquella que el menor de los Trueba hizo a mediados de los años noventa. Era una película irregular, fatalmente LUCIABNinterpretada (a excepción hecha de Luis Cuenca), sin ritmo…, pero, no sé, tenía algo, tal vez un aroma del cine francés de Truffaut  que te transportaba suavemente a esa etapa llena de complejos y de granos que tanta importancia tiene en algunos.

  La buena vida no es la vida real, sino la ideal, cuando el protagonista vuela  con su querida Lucía y con sus padres por un París de ensueño mientras suena un música de acordeón. Es la escena más bonita de la película. Es la escena que hemos soñado todos los adolescentes.  Es una lástima que la buena vida dure tan poco.

  Más tarde, La buena vida pasó a ser un grupo musical. En una época rara de mi vida (¿qué época no lo es?) me sorprendí a mí mismo escuchando a La buena vida en la sección musical de la FNAC. Eran, de nuevo, canciones adolescentes, tan intrascendentes que acababas encontrándoles su trascendencia.

  Pero de eso hace tanto tiempo, o tan poco, que no sé qué ocurrirá cuando me encuentre de nuevo con La buena vida.

junio 9, 2009

Un instante preciso

Filed under: Música — signos @ 6:57 am

  Igual que de cuando en cuando me viene a la mente tal o cual Moussu_Tpersona, a veces me acuerdo de una canción. Voy por la calle y empiezan a sonar unos acordes. A veces me acuerdo de los lugares donde sonaba la canción: en el bar de la Facultad; en ese autobús volviendo de Madrid; encima de las nubes, cuando ya sobrevolaríamos la costa británica: no hay nada como tu amor como medio de transporte.

  Una vez fuimos a ver a Jorge Drexler a  Gandía. Era sábado por la noche y había poca gente en un local al aire libre. La gente, como si estuviera en un aula, levantaba la mano y le pedía una canción. Drexler la cantaba o no, según le daba. Varias veces le pidieron Me haces bien, y él reía. ¿Me haces bien, decís? No, esa no la canto. Estaría enfadado, supongo,  con la que le hacía bien en otro tiempo.

  Fue una noche de junio que empezaba así: Ya está en el aire girando mi moneda. Y que sea lo que sea.

abril 29, 2009

Poesía eres tú (y tú)

Filed under: Efímeros,Escritura,Gente,Música — signos @ 8:12 pm

  Hace algunos días se celebró el día de la UNED. En la sede de Valencia se les ocurrió organizar un día festivo en el que la gente pudiera ir allí y recitar el poema que más le gustara. Por allí pasaron políticos, periodistas, profesores, estudiantes, paseantes y amantes de la vida.

  Tal vez fue una apreciación personal, pero me dio la impresión de que, en la mayoría de los casos, la gente había seleccionado con cuidado el poema que iba a recitar,  y que esas pocas líneas en verso contenían lo esencial de su pensamiento, su filosofía de vida. Ningún invitado se tomó a broma el acto. Era tal la identificación en algunos casos que parecía que esas palabras no fueran sino de la persona que estaba recitando en ese mismo instante.

  El acto, ya digo, estaba abierto a cualquier persona. Yo mismo, que pasaba por allí,  llegué y recité un poema. Desde siempre me ha gustado uno de Juan Luis Panero,  titulado Un lejano adiós. Pero es demasiado triste. Descarté otro de Luis Alberto de Cuenca, que no me atrevo a recitar en público, y me decidí por uno que habla de la identidad. Se llama Denominación de origen: extranjero y dice así:

La patria es estar lejos de la patria:  una nostalgia de la infancia en noches
en que te sientes viejo, una nostalgia
que sube a tu garganta como el agrio
sabor del vino en las resacas duras.
La patria es un estado: pero de ánimo.
Un viejo invernadero de pasiones.
La patria es la familia: ese lugar
en el que dan paella los domingos.
Mi patria está en el cuerpo de Patricia:
mi himno es su gemido, mi bandera
su desnudez de doce de la noche
a ocho de la mañana. Tras la ducha
mi patria va al trabajo, yo me exilio.

  Es de un tal Juan Bonilla. ¿Qué poema hubieras recitado tú?

abril 3, 2009

Rudy Ventura

Filed under: Gente,Música — signos @ 4:30 pm

    Ayer murió Rudy Ventura. Puede que este nombre no le diga nada a mucha gente. A mí, por esas cosas de la vida, sí. rudy-ventura

  Cuando era niño, tenía un compañero que se llamaba Murgui. Yo iba hasta su casa, que estaba próxima a la mía, y allí su madre nos acompañaba hasta el colegio. El padre de Murgui era músico e iba con la orquesta de Rudy Ventura.   Eso a mí, que tenía diez años o así, me debía de flipar bastante.  Por lo pronto, el padre de Murgui nunca estaba en casa porque se encontraba viajando por Europa y América con la orquesta. Siempre que en televisión salía Rudy Ventura, todos nos poníamos a mirar para ver si localizábamos entre los músicos al padre de Murgui.

  Mientras nuestros padres se levantaban cada mañana para ir a trabajar a la tienda, al banco o a la oficina, el padre de  Murgui, un tipo alto al que yo recuerdo vestido de negro, tocaba la trompeta en una sala de baile al otro lado del mundo. Su casa, que era antigua, con los techos muy altos y con un suelo de mosaico, tal vez era el reflejo de aquel hombre que casi nunca la habitaba.

  Ayer, cuando iba a Sagunto, oí la noticia en la radio, mientras sonaba de fondo una melodía  típica de orquesta,  y su amigo José Guardiola contaba  anécdotas del músico.

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