Estilema

abril 16, 2017

Minimalismos (I): David Trueba

Filed under: Gente,Libros,Películas — signos @ 7:04 pm

El otro día, caminando por una calle arbolada,  iba escuchando a David Trueba en la radio. Creo que fue Manuel Vicent quien dijo que David Trueba era pura proteína. Estoy de acuerdo. Pero me pasa una cosa con David Trueba: creo que sus comentarios, sus opiniones, sus respuestas a cualquier pregunta son mejores que sus novelas o sus películas. Y creo que él lo sabe. Por eso escribe novelas o dirige películas. Para hablar sobre ellas.

David_Trueba

Me imagino la situación: un grupo de gente se reúne para abordar un proyecto y en un momento determinado alguien dice: “¿Sabes quién haría esto bien? David Trueba”. Si en un momento determinado, un grupo de gente está tratando sobre un tema y alguien pregunta “¿Sabes quién haría esto bien?” y pronuncia tu nombre, tu vida adquiere sentido. Ya sabes cuál es tu lugar en el mundo. Ya no tienes que preocuparte por nada más. Esa mesa ya está reservada para ti.

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febrero 28, 2015

Perdedores

Filed under: Efímeros,Escritura,Películas — signos @ 2:58 pm

Hace poco, haciendo zapping un viernes por la noche, me encontré con una película que había visto hace muchos años: Sinatra, dirigida por Francesc Betriu y basada en un libro de Raúl Núñez. Es una película de perdedores, esos que solo tienen cabida en la ficción, pero que nos resultaban muy atractivos. No sabíamos por qué, pero aquellas historias formaban parte de la vida, y por eso las sentíamos también como nuestras. El fracaso era un blues, una canción de Sabina, una película de John Huston, una novela de Henry Miller. El fracaso era también una estética, una pose, una manera de ver el mundo.

En esa época Raúl Núñez vivía en Valencia, lo mismo que Alfons Cervera, Víctor Orenga, Abelardo Muñoz. Ellos formaban parte del paisaje de aquellos años. Esos Sinatras te contaban historias hermosas en medio de la noche, casi cuando ya amanecía. Pero esos Sinatras han ido desapareciendo de la ciudad, barridos por horteras en BMW, empresarios de la noche y dinámicos emprendedores enganchados a las redes sociales. Para ellos, fracaso es solo una palabra “a eliminar” de su vocabulario.

Una lástima. Con el tiempo se acaba descubriendo que el éxito solo escondía apariencias, engaños, alegrías efímeras. Paradójicamente, esas historias de ficción que nos mostraban el fracaso, estaban llenas de vida. Porque la vida, lo descubrimos más tarde, eran esas historias que nos pasaban y que ellos contaban tan bien. Como decía Paul Auster, las cosas le pasan a quien sabe contarlas.

 

septiembre 28, 2014

El sur

Filed under: Gente,Libros,Películas — signos @ 7:21 pm

El sur_Erice

La película se llamaba El sur y estaba dirigida por Víctor Erice. Erice era uno de esos directores que llamaban “de culto”. Venía de dirigir El espíritu de la colmena, tal vez la mejor película del cine español: “magistral, moderno y complejo filme”, decía La Turia, la Biblia cultureta de mi juventud. Sobre Erice había una especie de halo místico que lo hacía todavía más atractivo: que solo dirigía una película cada diez años, que para sobrevivir hacía publicidad, que era un tipo solitario y extraño…

EL SUR_AdelaidaEl otro día me enteré del fallecimiento de Adelaida García Morales. La noticia solo merecía un breve en el diario. García Morales escribió el relato El sur, que publicó Jorge Herralde en Anagrama y que dio lugar a la película de Erice. Adelaida García Morales fue pareja de Víctor Erice y sobre ella también corrían muchas leyendas: que si era muy guapa (había sido modelo), que era profesora de bachillerato y se tuvo que dejar este oficio porque no aguantaba a los alumnos mascando chicle, etc.

Todos mis amigos de entonces vimos la película y nos enamoramos de esas imágenes, pese a que (decían) era una película incompleta (faltaba la mitad del metraje, escamoteado por su productor, Elías Querejeta, atento solo a los fines comerciales) y pese a que su actor principal, Omero Antonutti, que venía de protagonizar la exitosa Padre padrone, estaba doblado y resultaba algo hierático en su personaje. También leímos, por supuesto, el relato de Adelaida García Morales, que Anagrama tuvo que publicar con otra historia porque El sur  ocupaba poco más de cincuenta páginas.

Pero a nosotros nos daba igual. Idolatramos El espíritu de la colmena sin entender un solo fotograma; celebramos El sur por aquellas imágenes que destilaban una bella tristeza y comentábamos con pasión el libro de García Morales en antros de mala muerte mientras bebíamos whisky escocés con hielo.

Toda esa generación nos dejó su visión del mundo, que es también la de muchos de nosotros. No les importaba demasiado el ego ni la cuenta de resultados. Todo lo contrario de lo que pasa hoy. Una lástima.

 

 

septiembre 21, 2014

Jonás, que cumplirá 25 en el año 2000

Filed under: Escritura,Libros,Películas — signos @ 9:22 pm

No sé si recordarán ustedes aquella película de Alain Tanner. Seguramente, no. Aquel cine europeo de los setenta y los ochenta se ha olvidado hoy, tal Jonásvez esperando tiempos mejores, tiempos que no celebren tanto la contención salarial, la bajada de la prima de riesgo y las fluctuaciones del mercado. Alain Tanner es un suizo, amigo de la  poesía y de la belleza, que ideó una historia en donde una mujer veía nacer a su hijo Jonás, que cumpliría 25 años en el año 2000.

Quien seguramente sí vio, y recuerda esa película, fue Fernando Trueba, que se puso manos a la obra y llamó a su hijo Jonás, que  cumplió 25 ya pasado el año 2000. Lo cierto es que Jonás Trueba lleva el germen de la película de Alain Tanner, ese helvético que hizo que nos enamoráramos de Lisboa en aquella inolvidable película sobre la ciudad blanca.

Jonás Trueba rodó una película, Todas las canciones hablan de mí, que lleva dentro el espíritu de todas esas películas europeas de los años setenta y ochenta. Es una película que no se parece a ninguna de las que se ruedan hoy en día porque su espíritu está en otra época, o mejor, en una época que está a punto de recuperarse, esa que habla del rollito de la poesía, el arte, el amor, la solidaridad… Yo ya no creo demasiado en ella, pero ellos sí, por eso hay que darles la bienvenida y abrir la posibilidad a un mundo que creíamos acabado para siempre.

Un día vi en una librería un libro de Jonás Trueba, Las ilusiones. Me gustó la portada y lo que se decía en la contraportada: “He aquí una novela sobre eso que suele llamarse enfáticamente, pero no siempre con acierto, ‘la vida misma’, con sus contradicciones y hermosas torpezas, con sus glorias efímeras y promesas de felicidad”. No lo compré porque ya llevaba dos o tres en la mano, pero me quedé con ese título, esa portada maravillosa, esas palabras de la contraportada, e incluso con el nombre de la editorial (Periférica) y de la colección (Largo recorrido).

Un día, en una librería de otra ciudad, me volví a encontrar con la novela. Esta vez no pude resistirme a la tentación. La compré y la leí de un bocado (son sesenta páginas) en el balcón de mi casa, mientras miraba hacia la calle, la misma de hace veinte años, y me veía a mí mismo preguntándome todo aquello que se pregunta el protagonista de Las ilusiones: “¿Y todas esas cosas que oigo, o que me cuentan, esas anécdotas que siempre me digo que hay que meter en una película? ¿Dónde están? ¿Por qué no recuerdo ahora ninguna?”.  Las ilusiones

noviembre 18, 2010

Berlanga

Filed under: Escritura,Gente,Películas — signos @ 9:32 pm

Hace una semana murió Luis García Berlanga. Lo enterraron un lunes frío y gris, justo lo contrario de lo que era él: un tipo alegre y colorido. He visto a Berlanga varias veces por Valencia. Una de ellas, cuando yo era muy joven, casi un adolescente, en una tienda de fotografía que estaba en la calle del General San Martín. Estábamos los dos abstraídos, mirando las cámaras de fotos y de cine que había en el escaparate; de repente, los dos levantamos la vista. “Hola”, le dije. “Hola, ¿qué tal?”, me contestó; seguramente estaba acostumbrado a que lo saludaran por la calle. Entró y vi cómo los empleados lo recibían cariñosamente. Aquella tienda, Cine Foto González, era una de las mejores de la ciudad. Siempre que yo pasaba por allí, miraba el escaparate porque siempre me han gustado mucho las cámaras de cine y de fotografía.

Pensándolo bien, me gustaba toda la calle: a pocos pasos de allí estaba el Aula 7, un cine en el que ponían películas en versión original, una sala grande y con butacas blancas en la que vi algunas de las películas que más me han gustado en mi vida. Y un poco más allá, el British Council, el Instituto Británico, el único sitio donde aprendí algo de inglés, el mejor sitio para pasar las tardes de invierno.

Hoy ya no queda nada de todo aquello. Se fue, como se ha ido también Berlanga y va despareciendo el mundo de ayer. Pero un día de estos me pasaré por esa calle, me detendré donde estaba Cine Foto González, miraré las cámaras y los telescopios de la puerta; luego, entraré en el Aula 7 para ver Lo que queda del día o una de esas y acabaré en el British a saludar a algunos profesores. Luego, cuando llegue a casa, me pondré alguna película de Berlanga: Plácido o La escopeta nacional, que me hicieron reír mucho. Agustín González, Manuel Aleixandre, Luis Escobar, López Vázquez…, seguramente, lo estarán esperando para hacer una fiesta. ¡Viva Berlanga!,  gritaron sus amigos justo antes de enterrrarlo.

enero 23, 2010

Soledad

Filed under: Escritura,Gente,Películas — signos @ 5:13 pm

   No la he reconocido en la foto que ha salido hoy en El País, pero Soledad Villamil es la actriz de El secreto de sus ojos, y de una película que me gustó mucho: El mismo amor, la misma lluvia, una de mis favoritas, junto con Lo que queda del día y Otra mujer (por poner dos que me vienen a la memoria). En El mismo amor, la misma lluvia hay una escena en donde Laura (Soledad Villamil), tras ver una película basada en un relato de Jorge (Ricardo Darín), le dice a éste, al que acaba de conocer,  que la historia le ha gustado mucho, pero que tras una segunda lectura la trama gana en complejidad y bla, bla, bla. Jorge la interrumpe, la mira fíjamente, sonríe y le dice: ¿Una segunda lectura? ¿Quieres tomar algo? Nada más que por esa escena, ya vale la pena ver la película.

   Bueno, el caso es  que Soledad Villamil ha venido a España porque, además de ser actriz, también es cantante y ofrece un recital en Barcelona. Como es argentina y su disco se llama Morir de amor, la periodista le pregunta por el asunto y ella responde: “Morir de amor no es sentir que se tiene un puñal clavado en el pecho. Morir de amor es el éxtasis de un sentimiento que cuando es llevado al máximo te acerca a la muerte y te aleja del tiempo”. Desde luego, no hay como los argentinos para soltar frases contundentes.  El éxtasis, según los místicos, es la fusión íntima del alma con Dios; un orgasmo, según la interpretación terrenal; la hostia, en terminología moderna.

   Soledad nos regala otra frase: “Una pareja es una unión de dos seres autónomos que se encuentran en un momento determinado. No puedes dejar tu felicidad en manos de otro; es el camino más rápido para fracasar”.

Hay que decir que Soledad Villamil y la periodista (Helena Belmonte) se toman durante el encuentro sendas copas de vino, estupendo a juzgar por el precio (20,80 euros). Claro, así cualquiera suelta esas frases.

noviembre 7, 2009

Si la cosa funciona

Filed under: Películas — signos @ 4:06 pm

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  Fui a ver el otro día la nueva película de Woody Allen, Si la cosa funciona, y, efectivamente, funcionó. Quiero decir que  me gustó. Me gustó, en primer lugar, por ese paisaje neoyorkino tan característico del director de Manhattan. El bar donde se reúne el protagonista con sus amigos ya invita a quedarte en la historia (sensacional ese detalle de dirigirse a la cámara para decir que los están observando). La historia no podía comenzar mejor.Si_la_Cosa_Funciona_(1)

  Pero, lo que me pareció insuperable fue el protagonista (una especie de Woody Allen metido en otro cuerpo),  que hace lo que le viene en gana y no se reprime en ningún caso de decir lo que piensa:  si tiene que decirle a un niño que es un negado para el ajedrez, pues se lo dice; y si hay que enfrentarse con la madre (y, de paso, decirle que tal vez ella sea la culpable del bajo coeficiente intelectual de su hijo), pues se le dice y santas pascuas. Y si un día, mientras se lava las manos, descubre que su vida es una mierda, pues se lanza por la ventana y aquí se acaba todo.

si-la-cosa-funciona-2  Si te lanzas por la ventana, puedes morirte o no. Todo depende de cómo y sobre quién caigas. Puede, incluso, que se te aparezca en tu portal una jovencita lunática que te pida refugio en una noche otoñal.  De súbito, tus pesadillas ya no son tan horribles e, incluso,  puedes volver a coger el sueño junto a ella viendo películas antiguas de Fred Astaire. De repente, todo cambia. Pero hasta el más tonto sabe que sólo has de dejar pasar el tiempo para que todo vuelva a ser lo mismo. Entonces, mientras te lavas las manos y tarareas el Happy Birthday to You, te entra un momento de lucidez y te lanzas de nuevo al vacío.

  Que te mueras o no es una cuestión de azar. O, tal vez, de lo que ese día te haya pronosticado el horóscopo. Seguramente no hay  filosofía  más válida que el propio azar.

mayo 16, 2009

Cine erótico (y II)

Filed under: Escritura,Gente,Películas — signos @ 6:57 pm

  La película de Jess Franco resultó ser un auténtico aburrimiento. Además, como está rodada con el efecto noche americana, era imposible distinguir unos rostros de otros y no había forma de enterarse de lo que allí pasaba. Para los que no lo sepan, la noche americana consiste en poner una lente de color azul oscuro delante del objetivo de  la cámara,  de manera que, aunque se haya filmado de día, parece que sea por la noche. El efecto no está mal en cine, pero al pasarlo a vídeo o DVD los rostros se oscurecen tanto que parecen sombras.

  En fin. A los quince minutos ya la había quitado y me había pasado a ver OT. Pero, en realidad, lo que yo quería aquí es hablar de Jesús Franco, también conocido como  Jess Franco o Jess Frank,  tío de Javier Marías. Cuenta el escritor que un verano de su juventud se escapó a París y se alojó en casa de su tío, hermano de su madre, que vivía por entonces en la capital francesa. Cerca de los Campos Elíseos estuvo viviendo Marías, “en un piso amplio y cómodo, con un salón dominado por un piano blanco de cola y estanterías abarrotadas de revistas eróticas”.

  Imagino que Jesús Franco no estaría muy bien visto por la familia. Leí la autobiografía del filósofo Julián Marías, que se titula Una vida presente. Por lo que dice de sí mismo, me pareció un hombre de sólidos principios morales, católico, al que las fantasías eróticas de su cuñado no le harían mucha gracia. Supongo que su mujer sería igual en ese sentido. Siempre me han atraído mucho los miembros que desentonan en todas las familias.

  Los Marías vivían en la calle Covarrubias, en Madrid, en el número 14, por más señas. Siempre he sido muy mitómano  y,  más de una vez, me he paseado por esa calle, que sería la de la infancia de Javier y de sus jorge 029hermanos, el crítico cinematográfico, el historiador y el músico;  tal vez también la de Jess o Jesús, que -aunque no muy bien visto- se dejaría caer alguna vez por allí para celebrar una comida familiar o un cumpleaños.

  En Negra espalda del tiempo también hay una referencia a la calle Covarrubias: “…en la misma casa de la calle Covarrubias en que nacimos los cinco”, dice en un capítulo, tal vez el más personal de todos,  donde habla de a su hermano Julianín, que falleció a los pocos años de nacer.

diciembre 14, 2008

West End

Filed under: Efímeros,Escritura,Libros,Música,Películas — signos @ 11:26 am

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Oscar Wilde y Bram Stocker se conocieron en 1865 en el patio del Trinity College de Dublín. Seguramente Wilde ya se estaba convirtiendo en Dorian Grey, ese tipo arrogante e ingenioso que se resistía a envejecer, y Stocker empezaba a parecerse a Drácula, el conde refinado que necesitaba clavar sus colmillos en cuellos jóvenes para seguir viviendo.  Wilde y Stocker fueron amigos, pero eso fue sólo al principio, ya que una mujer acabó enemistándolos.

  Los personajes que ellos crearon todavía deambulan por la ciudad. Basta acudir a ciertos garitos nocturnos para ver a multitud de Dorians Greys acodados en la barra desde tiempos inmemoriales compartiendo risas y sudor con jóvenes erasmus. Y es prácticamente imposible no sucumbir a esas pieles tan suaves que te  susurran palabras dulces  al oído mientras te van clavando unos colmillos que acabarán dejándote exangüe.

  Wilde y Stocker, como sus personajes,  eligieron una vida bohemia en Londres. Se adentrarían en la ciudad de la niebla ya alcoholizados y enfermos mientras Jack destripaba a su última víctima tal vez por el West End.

  Walking in the Wild West End, cantaba hace mucho tiempo Dire Straits, una canción que a Guillermo le gustaba mucho y que Raquel, que siempre estaba estudiando inglés,  nos traducía sin que le hiciéramos demasiado caso. Aquella canción significó para nosotros la libertad una tarde dorada de otoño en la que, huyendo de las clases tediosas, nos perdimos a toda velocidad por una carretera flanqueada de árboles verdes  por la que se iba, según supimos después, directamente al paraíso.

http://www.youtube.com/watch?v=bfVkzBAGUVw

noviembre 27, 2008

Roy

Filed under: Escritura,Películas — signos @ 3:55 pm

 roy [Para CrisCrac]                                            

  Hace una mañana gris, plomiza. Llueve en la avenida del Cid. Es una lluvia fina, intermitente, que deja en la atmósfera un tinte irreal. A mi espalda, un bar con un cartel que dice “Quinto y tapa: 1.20€” Enfrente, un hombre vestido con chándal rebusca en el contenedor de basura. Cruzo por la avenida y al pasar frente al Hospital General veo a un tipo rubio, alto, de rasgos duros. Lleva una muleta y no parece importarle que la lluvia caiga sobre él. Me quedo mirándolo y repara en mí. Deja por un momento de caminar, apoyado en la muleta, y enciende un cigarrillo. Esquiva mi mirada, pero sabe que sigo observándolo. “He visto cosas que vosotros no creeríais”, parece decirme.

  He dudado un momento, pero ahora sé que es él. Es Roy. A veces ocurre. Tipos que son expulsados violentamente de la ficción aparecen de súbito en la realidad sin saber muy bien cómo moverse en ese espacio tan extraño para ellos. Son huidizos, desconfiados, recelosos. Aunque reconocidos a veces por la gente,  no conocen a nadie. Y nadie confía en ellos.

   Roy teme, en el fondo, ser reconocido. Quisera seguir viviendo en la ficción, pero ya no hay vuelta atrás. Alguien lastimó su pierna. Ha pasado más de diez días en el hospital. No ha hablado con casi nadie. No le resulta fácil granjerarse amistades en ese lugar inhóspito. Un resbalón, una navaja, un automóvil a velocidad excesiva acabarán un día con su vida. Esa vida humana que tanto anhelaba.

   Sigue cayendo la lluvia. Fría, gris, metálica.

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