Estilema

diciembre 31, 2014

2015

Filed under: Efímeros — signos @ 8:03 pm

Decía Faulkner que el pasado no pasa nunca, que ni siquiera es pasado, que es solo una dimensión del presente. Nos hacemos propósitos para el año venidero y juramos que vamos a cambiar, que el hombre (o mujer) que somos es ya pasado y nos vamos a convertir en una persona nueva: seremos más atléticos porque nos habremos apuntado a un gimnasio (ahora lo llaman gym) para rebajar barriga y culo. Estaremos más sanos porque solo beberemos zumos de frutas, tomaremos productos ecológicos y jamás olvidaremos comernos una manzana al día (o una pieza de fruta, que dicen los dietistas). También podremos viajar y relacionarnos con más gente porque al fin habrá dado resultado el método de idiomas que compramos en el kiosco con el periódico y hablaremos inglés con fluidez, con la suficiente, al menos, para decirle a quien te contradiga  Don’t piss me off!  ‘¡No me toques las pelotas!’, pírate ya, Fuck you.

Pero mañana será un día soleado, igual que hoy, y parcialmente nublado en el norte, como siempre. Dame siempre placeres rutinarios. Lo que ocurre una vez, no ocurre nunca decía el poeta. A lo mejor, si lo piensas,  no ha estado tan mal este año; a lo mejor no conviene superarlo con diamantes únicos que brillen demasiado en la memoria y oculten los días iguales, los de todos los días.

Igual es mejor subir en la barca y dejarse llevar por la corriente. Así, sin más. Si acaso puedes sumergir la mano en el agua para ver si la barca tira o no tira. O para ver si el agua está fresquita. O para añadir aventuras a tu travesía. ¡Qué se yo!

En fin, feliz 2015.

 

 

diciembre 16, 2014

Aproximaciones

Filed under: Efímeros,Escritura,Gente — signos @ 6:24 pm

Cerca de donde vivo, de donde he vivido en los últimos años, hay un bar que ahora se lo ha quedado un chino. No cierra nunca, ni siquiera el día de Navidad, y ha alterado la tranquilidad, siempre relativa, que tenía mi calle, al menos en los días de fiesta, o en verano, cuando la ciudad se queda desierta. Ahora, siempre hay frikis habitando la terraza de ese bar; ignoro dónde pasaban antes todos esos momentos, si en sus casas (que tendrán, supongo) o deambulando por la calle. Son tipos curiosos, siempre los mismos.

El otro día sorprendí a uno de ellos, borracho como una cuba, cantando una canción, que no llegué a reconocer, junto a una mesa, gesticulando y dirigiéndose con su canto a cuatro parroquianos que jugaban al dominó y que no le hacían niwhisky puñetero caso. Lo vi allí, a mediodía del sábado, tomando la que me imagino era ya la undécima copa, con sus cantos folclóricos, y cuando volví de hacer deporte, más de dos horas después, continuaba allí, tambaleándose como un borracho de película, cantando y dirigiéndose, esta vez, a nadie, si acaso a un árbol con las ramas secas.

Crucé con él una mirada, tan solo una décima de segundo. Lo había visto otras veces, vestido con traje de chaqueta y siempre reunido con gente. Me recordó físicamente mucho a un conocido mío, un profesor e investigador, tal vez el mejor investigador que hay en España sobre didáctica de la lengua y la literatura. Ese investigador es un tipo genial y yo había hablado con él hacía poco tiempo por los pasillos de un congreso; hablé no de literatura, sino de política: del PSOE, de Podemos, de estos tiempos que estamos viviendo. Él, veterano militante socialista, no entendía (o entendía demasiado, por ser perro viejo) ese discurso incendiario de los jóvenes de Podemos.

El parecido físico entre los dos era increíble. El parecido (físico) entre aquellos tiempos y estos también es increíble. Tanto, que hasta cuesta creerlo. Quién sabe, tal vez con una copa lleguemos a aproximar posiciones. Entre aquello y esto, entre unos y otros, entre tú y yo.

¡Camarero! Venga ese güisquito.

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