Estilema

abril 15, 2017

Minimalismos

Filed under: Efímeros,Escritura — signos @ 12:50 pm

El diccionario define minimalismo como ‘tendencia estética o intelectual que busca la expresión de lo esencial eliminando lo superfluo’. Quitemos eso de ‘estética o intelectual’, que no me va nada, y centrémonos en la expresión de ‘lo esencial eliminando lo superfluo’. Ahora que hace tanto tiempo que no escribo en este blog y que ya poca gente me seguirá, es momento para expresar cosas que pienso, normalmente por la calle, mientras escucho música o la radio en un mp3, y me apetece escribir. Cosas sin importancia, tal vez superfluas, pero contadas eliminado lo superfluo. Así de paradójico.

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Vamos allá.

febrero 28, 2015

Perdedores

Filed under: Efímeros,Escritura,Películas — signos @ 2:58 pm

Hace poco, haciendo zapping un viernes por la noche, me encontré con una película que había visto hace muchos años: Sinatra, dirigida por Francesc Betriu y basada en un libro de Raúl Núñez. Es una película de perdedores, esos que solo tienen cabida en la ficción, pero que nos resultaban muy atractivos. No sabíamos por qué, pero aquellas historias formaban parte de la vida, y por eso las sentíamos también como nuestras. El fracaso era un blues, una canción de Sabina, una película de John Huston, una novela de Henry Miller. El fracaso era también una estética, una pose, una manera de ver el mundo.

En esa época Raúl Núñez vivía en Valencia, lo mismo que Alfons Cervera, Víctor Orenga, Abelardo Muñoz. Ellos formaban parte del paisaje de aquellos años. Esos Sinatras te contaban historias hermosas en medio de la noche, casi cuando ya amanecía. Pero esos Sinatras han ido desapareciendo de la ciudad, barridos por horteras en BMW, empresarios de la noche y dinámicos emprendedores enganchados a las redes sociales. Para ellos, fracaso es solo una palabra “a eliminar” de su vocabulario.

Una lástima. Con el tiempo se acaba descubriendo que el éxito solo escondía apariencias, engaños, alegrías efímeras. Paradójicamente, esas historias de ficción que nos mostraban el fracaso, estaban llenas de vida. Porque la vida, lo descubrimos más tarde, eran esas historias que nos pasaban y que ellos contaban tan bien. Como decía Paul Auster, las cosas le pasan a quien sabe contarlas.

 

diciembre 31, 2014

2015

Filed under: Efímeros — signos @ 8:03 pm

Decía Faulkner que el pasado no pasa nunca, que ni siquiera es pasado, que es solo una dimensión del presente. Nos hacemos propósitos para el año venidero y juramos que vamos a cambiar, que el hombre (o mujer) que somos es ya pasado y nos vamos a convertir en una persona nueva: seremos más atléticos porque nos habremos apuntado a un gimnasio (ahora lo llaman gym) para rebajar barriga y culo. Estaremos más sanos porque solo beberemos zumos de frutas, tomaremos productos ecológicos y jamás olvidaremos comernos una manzana al día (o una pieza de fruta, que dicen los dietistas). También podremos viajar y relacionarnos con más gente porque al fin habrá dado resultado el método de idiomas que compramos en el kiosco con el periódico y hablaremos inglés con fluidez, con la suficiente, al menos, para decirle a quien te contradiga  Don’t piss me off!  ‘¡No me toques las pelotas!’, pírate ya, Fuck you.

Pero mañana será un día soleado, igual que hoy, y parcialmente nublado en el norte, como siempre. Dame siempre placeres rutinarios. Lo que ocurre una vez, no ocurre nunca decía el poeta. A lo mejor, si lo piensas,  no ha estado tan mal este año; a lo mejor no conviene superarlo con diamantes únicos que brillen demasiado en la memoria y oculten los días iguales, los de todos los días.

Igual es mejor subir en la barca y dejarse llevar por la corriente. Así, sin más. Si acaso puedes sumergir la mano en el agua para ver si la barca tira o no tira. O para ver si el agua está fresquita. O para añadir aventuras a tu travesía. ¡Qué se yo!

En fin, feliz 2015.

 

 

diciembre 16, 2014

Aproximaciones

Filed under: Efímeros,Escritura,Gente — signos @ 6:24 pm

Cerca de donde vivo, de donde he vivido en los últimos años, hay un bar que ahora se lo ha quedado un chino. No cierra nunca, ni siquiera el día de Navidad, y ha alterado la tranquilidad, siempre relativa, que tenía mi calle, al menos en los días de fiesta, o en verano, cuando la ciudad se queda desierta. Ahora, siempre hay frikis habitando la terraza de ese bar; ignoro dónde pasaban antes todos esos momentos, si en sus casas (que tendrán, supongo) o deambulando por la calle. Son tipos curiosos, siempre los mismos.

El otro día sorprendí a uno de ellos, borracho como una cuba, cantando una canción, que no llegué a reconocer, junto a una mesa, gesticulando y dirigiéndose con su canto a cuatro parroquianos que jugaban al dominó y que no le hacían niwhisky puñetero caso. Lo vi allí, a mediodía del sábado, tomando la que me imagino era ya la undécima copa, con sus cantos folclóricos, y cuando volví de hacer deporte, más de dos horas después, continuaba allí, tambaleándose como un borracho de película, cantando y dirigiéndose, esta vez, a nadie, si acaso a un árbol con las ramas secas.

Crucé con él una mirada, tan solo una décima de segundo. Lo había visto otras veces, vestido con traje de chaqueta y siempre reunido con gente. Me recordó físicamente mucho a un conocido mío, un profesor e investigador, tal vez el mejor investigador que hay en España sobre didáctica de la lengua y la literatura. Ese investigador es un tipo genial y yo había hablado con él hacía poco tiempo por los pasillos de un congreso; hablé no de literatura, sino de política: del PSOE, de Podemos, de estos tiempos que estamos viviendo. Él, veterano militante socialista, no entendía (o entendía demasiado, por ser perro viejo) ese discurso incendiario de los jóvenes de Podemos.

El parecido físico entre los dos era increíble. El parecido (físico) entre aquellos tiempos y estos también es increíble. Tanto, que hasta cuesta creerlo. Quién sabe, tal vez con una copa lleguemos a aproximar posiciones. Entre aquello y esto, entre unos y otros, entre tú y yo.

¡Camarero! Venga ese güisquito.

noviembre 21, 2014

Antes de empezar

Filed under: Efímeros,Escritura,Música — signos @ 6:21 pm

Antes de empezar, vea el vídeo que hay debajo, por favor,  y lea el post a la vez que escucha la música. Es una canción de Elton John, Rocket Man, que trata sobre un astronauta que es enviado a Marte y reflexiona sobre la soledad que va a sentir en ese planeta, el tiempo que va a tardar en regresar a la Tierra y volver a ver a los suyos.Birmingham

La última vez que escuché esta canción fue este verano, en Birmingham, en una de esas tiendas en donde venden pequeñas cosas para regalar a tu pareja o a un amigo en su cumpleaños. Sobre todo había tarjetas de felicitación (les gustan mucho a los ingleses), llenas de frases ingeniosas, tanto que a veces cuesta encontrarles el sentido. Sonaba de fondo Rocket Man mientras yo miraba regalos para alguien y leía palabras que llenarían de emoción o indiferencia a decenas de personas, siempre necesitadas de algo.

La música de Elton John me llevó a un tiempo, y también a otro, aún más lejano, porque siempre me ha gustado la música de ese excéntrico inglés; me ha acompañado en mi adolescencia, en mi juventud, ayer mismo. En esta ocasión, estaba en esa pequeña tienda de Birmingham, y me sentía bien, no me apetecía salir, quería seguir leyendo palabras en inglés dentro de esa tienda. De repente pensé (o sentí) que mi sitio era aquel, que había ido a la tienda desde el trabajo, en Waterloo Strett, para comprar un regalito y luego acudir al pub, donde había quedado con mis amigos.

En un libro maravilloso de Juan Marsé, donde hace retratos de diversos personajes y, al final, el suyo propio, dice que presiente que se ha equivocado de país, de época, de profesión y hasta de sexo. Yo no sé si me he equivocado de sexo, de época y de profesión (tal vez), pero de lo que estoy seguro es que me he equivocado de país.  Yo, de español, tengo bien poco. Nada, más bien. Aquí me siento como en Marte y echo de menos todo lo que me recuerda a las Islas. Así que ando como perdido en un vuelo eterno, sin entender, deseando que llegue el día del regreso. Pero puede que para eso todavía quede mucho tiempo. Soy un rocket man en medio de este secarral corrupto, y la gente que está sentada en los bares jugando al dominó con un palillo entre los dientes me grita cosas que no entiendo…

And I think it´s gonna be a long, long, time…

junio 26, 2014

Bar España

Filed under: Efímeros,Escritura,Gente,Libros — signos @ 8:43 pm

Cerca de donde yo vivo, en la confluencia de las avenidas Pérez Galdós y Ángel Guimerá (o Àngel Guimerà, tanto da), hay un bar  que se llama  España. El nombre, ciertamente, no es muy original. Debe de haber cientos de bares España por todo el país, pero eso es lo de menos. El caso es que ese bar, con ese nombre o con otros, ha estado ahí desde que yo tengo memoria; aunque, tal vez, también haya cambiado de dueño una o más veces.1400500707562

Cuando yo era un adolescente recuerdo haber recalado en ese bar con mi amigo SP, antes de ir a su casa a estudiar matemáticas o lengua, para comprar un bocadillo o tomar una Coca-Cola con el fin de reponer fuerzas antes de enfrentarnos a largas tardes y noches de estudio. O al menos eso me viene a la cabeza: el camarero haciéndonos un bocadillo y envolviéndolo en papel de aluminio para llevárnoslo y así disponer de avituallamiento con el que pasar la noche, porque a veces las sesiones de estudio (y de cháchara) se alargaban hasta las tantas de la madrugada.

A esas horas de la tarde-noche, el bar estaba casi vacío. Solo algún parroquiano bebiéndose una cerveza y alguna gente de paso tomando una tapa o un bocadillo. Y siempre con el ruido infernal de la avenida Pérez Galdós, una de las más feas de mi ciudad, traspasando la fina cristalera en donde se anunciaban, con letras pintadas,  las tapas y los bocadillos del día.

Ese bar, que sigue ahí y  por cuya puerta sigo pasando muchos días,  habría caído en el más absoluto de los olvidos si no fuera por un libro que leí de Santiago Posteguillo. Este autor valenciano habla del bar, que él dice que se llama Il.lusió, para referirse a los escritores Pérez Galdós y Ángel Guimerá, que fueron propuestos para el Nobel, cada uno por una institución diferente: Guimerà por la Academia de Bellas Artes de Barcelona, y Galdós por la Real Academia Española. El hecho de que un mismo país propusiera a dos autores distintos hizo pensar a la Academia Sueca la división existente por estas latitudes y optó por concedérselo a otro candidato. Ya saben: Cataluña, España, que si no nos quieren, que si nos entienden, que si independencia, que si tal y cual. Uno de los dos se podría haber llevado el Nobel, pero no se lo llevó ninguno.

Pero yo aquí lo que quería era exaltar la figura de Posteguillo, un tipo que pasa por un bar y te habla de literatura, de academias, de premios Nobel, de escritores, de rencillas… De la vida, en una palabra. Me gusta la gente que pasa por los lugares y no ve cosas, sino historias vivas. En cualquier bar, en cualquier calle, en cualquier portal puede haber vida. A veces, basta con saber mirar.

Si les gusta la literatura, yo ya me iba a disfrutar de La noche en que Frankestein leyó el Quijote. Se lo pasarán en grande. Y, con un poco de suerte, dejarán de pensar que Àngel Guimerà y Pérez Galdós son solo grandes avenidas.

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abril 23, 2014

Esperanto

Filed under: Efímeros — signos @ 11:06 am

El otro día leí en el periódico una entrevista con un profesor de esperanto. Rápidamente, mi mente novelesca y febril imaginó una historia en donde el protagonista era un profesor de esperanto. ¿Alguien imagina a un tipo tan desamparado, tan anacrónico, tan perdido en este mundo anglosajón y cibernético? Que duda cabe que  profesor de esperanto equivale hoy en día a ser, por ejemplo, representante de carretes fotográficos de Kodak, vendedor de máquinas de escribir o productor de cantantes que graban en vinilo. Poner en tu currículum “profesor de esperanto” es ganarte por vía directa un puesto a la entrada de  Mercadona o en los alrededores de una iglesia. A día de hoy, ser “profesor de esperanto” solo tiene cabida en una novela de perdedores, editada en bolsillo por un grupo al que no le importe demasiado perder un poco de dinero con títulos arriesgados y para minorías.

Pero hete tú aquí que, adentrándome en la entrevista, leí que, gracias a su dominio del esperanto, se libró de ser recluido en un campo de concentración. Antonio Marco, de 93 años, huyó al final de la Guerra Civil en un carguero camino de México, pero acabó en el norte de África, en el Camp Morand, el mayor de los campos de reclusión norteafricanos. Gracias a su dominio del esperanto, que dice era “el idioma de la paz”, impartió clases a una treintena de refugiados y evadió el drama de la reclusión. Así que el conocimiento de esa lengua, que hoy nos parece más bien inútil, le sirvió para salvar la vida.

Durante mis años jóvenes, había una academia de esperanto en Fernando el Católico, cerca de donde yo vivía. Siempre me llamó la atención esa academia y esa lengua. Llegué a entrar un día a aquel lugar a pedir información, pero a mi padre le pareció una tontería  que yo aprendiese una lengua tan extraña. “Aprende inglés”, me dijo con buen criterio.  Ahora vivo muy cerca de la calle doctor Zamenhof, el médico que ideó esa lengua artificial. Así que nunca he tenido muy lejos el esperanto.

No sé. A mí me hubiera gustado que hubiera triunfado el esperanto. Con un poco suerte, la academia todavía seguiría allí.

 

septiembre 9, 2012

Otra vez septiembre

Filed under: Efímeros,Escritura — signos @ 5:38 pm

Todo el mundo habla durante estos días de la vuelta a la rutina. Por lo que se ve, esta vuelta a la normalidad es ruin, detestable, infernal. Es la peor de las pesadillas, como la que vivía todas las mañanas Bill Murray en Atrapado en el tiempo. Pero aquel reportero, algo prepotente y egocéntrico, podría haber aprendido mucho de la plácida rutina que le proporcionaba repetir una y otra vez la misma situación.

Septiembre es siempre lo mismo. Septiembre es volver al punto de partida de  una carrera que ya hemos corrido muchas veces.

Y sin embargo…

Septiembre es la única oportunidad que tienes de sentirte vivo; septiembre es empezar otra vez; septiembre es pensar las cosas de otra manera; septiembre es repetir las cosas que te gustaron y dejar a un lado las que no puedes cambiar. Septiembre es vivir como siempre, pero de otra manera. Quien lo probó lo sabe.

“Dame siempre placeres rutinarios / Lo que ocurre una vez, no ocurre nunca”, dice García Martín. Dame, pues, días iguales; dame puta rutina para poder salirme alguna vez de ella y sentirme así salvajemente feliz.

http://www.youtube.com/watch?v=Og1T491SiJU

marzo 10, 2012

Tablón de anuncios

Filed under: Efímeros,Escritura — signos @ 4:46 pm

Entra el sol por la ventana y me estoy quedando medio dormido. Tampoco tengo mucho que hacer  en este sábado de marzo, así que dejo pasar el tiempo y venzo la modorra mirando el tablón de corcho que
tengo delante. Lo puse para colgar cosas, cosas urgentes, recordatorios, fechas clave…; pero lo cierto es que los avisos y recortes llevan meses y meses colgados sin que nadie ni nada se acuerde de ellos.

Hay una foto de Julio Cortázar en París subiendo a su automóvil; un chiste de El Roto en el que se ve a un señor trajeado rodeado de ordenadores y teléfonos que dice “Gracias a las nuevas tecnologías me informo al segundo y lo olvido al instante”; un dibujo que pintó  mi hijo hace años y  que dice “Felicidades, papá”; un aviso de la Universitat de València; un resguardo de Bancaja al que se le han borrado las letras; un artículo de  El País que se titula “Comprender la tecnología o morir” (sería importante, porque lo colgué ahí, aunque no le he vuelto a leer); una lista de libros (en el que destaca con una cruz El arte del yo-yo, de Bonilla, editorial Pretextos); el CIF de la  UNED que me dio Lombillo para comprar un libro; el mejor artículo (a mi juicio) que ha escrito Millás; la palabra chisguete y su definición; una foto con montañas y otra con la Diagonal de Barcelona; el anuncio de un libro que quería comprar (Matemáticas de la vida misma) y que no compré; y el inicio de un artículo de John Carlin que lleva una cita de George Elliot, novelista inglesa del siglo XIX: “Nunca es demasiado tarde para ser quien podrías haber sido”.

¡Joder!, digo o pienso antes de quedarme dormido.

febrero 18, 2012

Cómicos

Filed under: Efímeros,Escritura,Libros — signos @ 5:23 pm

Leí el otro día en el periódico un artículo de Marcos Ordóñez sobre Jardiel Poncela. Se cumplen 60 años de la muerte de este dramaturgo, de corta talla y agudo ingenio. Jardiel, Mihura, Tono, Gómez de la Serna, Fernández Florez, Edgar Neville… fueron
considerados por la crítica como “la otra generación del 27”. Pero da igual cómo los llamen. Las  etiquetas tienen menos interés para mí que la prima de riesgo.

Estos autores vivieron una época de penuria económica y cultural; les gustaba beber y se reunían en cafés (Pombo, Gijón, Oriente) para hablar y pasárselo bien. Como muchos tenían éxito con sus obras y eso provocaba la envidia de la gente, simulaban enfermedades y penurias. Mihura, después de que una de sus obras mereciera elogiosas reseñas, entró cojeando en el Gijón alegando un ataque de gota. Su humor saltó a La Codorniz y llegó hasta Sánchez Polack, Tip, anárquico y alocado, y Coll, cuyo diccionario corrió de mano en
mano  haciéndonos más felices las aburridas horas de las clases de lengua: putano: gas que comercia con su cuerpo; cantalán: Joan Manuel Serrat…

Compré un ejemplar de Tres sombreros de copa en la Feria del Libro de Ocasión que, desde que tengo memoria, ponen en mi ciudad en la Gran Vía a mediados de marzo, coincidiendo con las fiestas de San José, cuando los niños tiran petardos por las calles, las señoras van a comer buñuelos con chocolate a Santa Catalina y las falleras ofrecen flores a la Virgen. En aquella tarde de hace muchos años, abrí la vieja edición de Austral y no paré de reírme hasta que un masclet me sacó súbitamente de la obra y me obligó a abandonar aquel palco de la Gran Vía.

Sin duda, quien bien nos quiere siempre nos hace reír.

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