Estilema

enero 30, 2015

Profesores y alumnos

Filed under: Escritura,Gente — signos @ 10:33 pm

Leo en el diario un artículo sobre profesores universitarios. No quedan muy bien parados. “Ser mal profesor sale barato” dice el titular. El artículo, firmado por una tal Patricia Gosálvez, no hace justicia con los profesores universitarios, al menos con los que yo conozco. Y con los que he conocido, que me cambiaron radicalmente la vida. En aquellos años de juventud, nada transformó tanto mi forma de ser y de pensar como la Universidad y, por supuesto, como la gente que la habitaba y, en muchos casos, la sigue habitando. Nada ha influido tanto en mí como algunas lecturas, firmadas –curiosamente- por profesores universitarios.Universidad

¿Que hay profesores malos? Toma, claro. Como periodistas, escritores y fontaneros. Pero eso no sirve para denostar a todo un colectivo. “Ser mal profesor sale barato”. Tiene narices el titular. Conozco profesores universitarios que por poco más de doscientos euros al mes dan las clases que nadie quiere dar, en los horarios más intempestivos, a los grupos más numerosos y atrabiliarios. Todos podemos pensar que los profesores titulares que rechazan estos grupos y horarios tienen mucho morro, pero nadie osa poner en duda su capacidad intelectual. Como yo también estoy vinculado a la Universidad, a veces coincido con ellos en el despacho, intercambio pareceres o me tomo un café en el bar. Siempre me pellizco para saber que no estoy soñando, y que sí, son ellos, los que me cambiaron la vida cuando era más joven. Soy un privilegiado y no sé a quién coño agradecérselo. Tal vez a mí mismo, que fui alumno antes que profesor.

Y también a algunos alumnos que tengo o he tenido. No sé distinguirlos a principio de curso, pero sí al final. Y me entristece perderlos de vista. Solo a veces coincido, mucho tiempo después, con ellos. Apenas un instante, unos segundos. El tiempo necesario, en todo caso, para saber que el mundo sigue girando. A ellos no les pareció barato. Les resultó todo un lujo, con el tiempo casi fuera de su alcance, determinados profesores, determinadas clases, muchos días en la Universidad.

Barato, si acaso, es el periódico donde leyeron esa noticia. 1,30 euros o así. A veces les sale gratis, si tienen la suerte de que nadie lo esté leyendo en el bar donde se toman un café.

 

 

diciembre 31, 2014

2015

Filed under: Efímeros — signos @ 8:03 pm

Decía Faulkner que el pasado no pasa nunca, que ni siquiera es pasado, que es solo una dimensión del presente. Nos hacemos propósitos para el año venidero y juramos que vamos a cambiar, que el hombre (o mujer) que somos es ya pasado y nos vamos a convertir en una persona nueva: seremos más atléticos porque nos habremos apuntado a un gimnasio (ahora lo llaman gym) para rebajar barriga y culo. Estaremos más sanos porque solo beberemos zumos de frutas, tomaremos productos ecológicos y jamás olvidaremos comernos una manzana al día (o una pieza de fruta, que dicen los dietistas). También podremos viajar y relacionarnos con más gente porque al fin habrá dado resultado el método de idiomas que compramos en el kiosco con el periódico y hablaremos inglés con fluidez, con la suficiente, al menos, para decirle a quien te contradiga  Don’t piss me off!  ‘¡No me toques las pelotas!’, pírate ya, Fuck you.

Pero mañana será un día soleado, igual que hoy, y parcialmente nublado en el norte, como siempre. Dame siempre placeres rutinarios. Lo que ocurre una vez, no ocurre nunca decía el poeta. A lo mejor, si lo piensas,  no ha estado tan mal este año; a lo mejor no conviene superarlo con diamantes únicos que brillen demasiado en la memoria y oculten los días iguales, los de todos los días.

Igual es mejor subir en la barca y dejarse llevar por la corriente. Así, sin más. Si acaso puedes sumergir la mano en el agua para ver si la barca tira o no tira. O para ver si el agua está fresquita. O para añadir aventuras a tu travesía. ¡Qué se yo!

En fin, feliz 2015.

 

 

diciembre 16, 2014

Aproximaciones

Filed under: Efímeros,Escritura,Gente — signos @ 6:24 pm

Cerca de donde vivo, de donde he vivido en los últimos años, hay un bar que ahora se lo ha quedado un chino. No cierra nunca, ni siquiera el día de Navidad, y ha alterado la tranquilidad, siempre relativa, que tenía mi calle, al menos en los días de fiesta, o en verano, cuando la ciudad se queda desierta. Ahora, siempre hay frikis habitando la terraza de ese bar; ignoro dónde pasaban antes todos esos momentos, si en sus casas (que tendrán, supongo) o deambulando por la calle. Son tipos curiosos, siempre los mismos.

El otro día sorprendí a uno de ellos, borracho como una cuba, cantando una canción, que no llegué a reconocer, junto a una mesa, gesticulando y dirigiéndose con su canto a cuatro parroquianos que jugaban al dominó y que no le hacían niwhisky puñetero caso. Lo vi allí, a mediodía del sábado, tomando la que me imagino era ya la undécima copa, con sus cantos folclóricos, y cuando volví de hacer deporte, más de dos horas después, continuaba allí, tambaleándose como un borracho de película, cantando y dirigiéndose, esta vez, a nadie, si acaso a un árbol con las ramas secas.

Crucé con él una mirada, tan solo una décima de segundo. Lo había visto otras veces, vestido con traje de chaqueta y siempre reunido con gente. Me recordó físicamente mucho a un conocido mío, un profesor e investigador, tal vez el mejor investigador que hay en España sobre didáctica de la lengua y la literatura. Ese investigador es un tipo genial y yo había hablado con él hacía poco tiempo por los pasillos de un congreso; hablé no de literatura, sino de política: del PSOE, de Podemos, de estos tiempos que estamos viviendo. Él, veterano militante socialista, no entendía (o entendía demasiado, por ser perro viejo) ese discurso incendiario de los jóvenes de Podemos.

El parecido físico entre los dos era increíble. El parecido (físico) entre aquellos tiempos y estos también es increíble. Tanto, que hasta cuesta creerlo. Quién sabe, tal vez con una copa lleguemos a aproximar posiciones. Entre aquello y esto, entre unos y otros, entre tú y yo.

¡Camarero! Venga ese güisquito.

noviembre 21, 2014

Antes de empezar

Filed under: Efímeros,Escritura,Música — signos @ 6:21 pm

Antes de empezar, vea el vídeo que hay debajo, por favor,  y lea el post a la vez que escucha la música. Es una canción de Elton John, Rocket Man, que trata sobre un astronauta que es enviado a Marte y reflexiona sobre la soledad que va a sentir en ese planeta, el tiempo que va a tardar en regresar a la Tierra y volver a ver a los suyos.Birmingham

La última vez que escuché esta canción fue este verano, en Birmingham, en una de esas tiendas en donde venden pequeñas cosas para regalar a tu pareja o a un amigo en su cumpleaños. Sobre todo había tarjetas de felicitación (les gustan mucho a los ingleses), llenas de frases ingeniosas, tanto que a veces cuesta encontrarles el sentido. Sonaba de fondo Rocket Man mientras yo miraba regalos para alguien y leía palabras que llenarían de emoción o indiferencia a decenas de personas, siempre necesitadas de algo.

La música de Elton John me llevó a un tiempo, y también a otro, aún más lejano, porque siempre me ha gustado la música de ese excéntrico inglés; me ha acompañado en mi adolescencia, en mi juventud, ayer mismo. En esta ocasión, estaba en esa pequeña tienda de Birmingham, y me sentía bien, no me apetecía salir, quería seguir leyendo palabras en inglés dentro de esa tienda. De repente pensé (o sentí) que mi sitio era aquel, que había ido a la tienda desde el trabajo, en Waterloo Strett, para comprar un regalito y luego acudir al pub, donde había quedado con mis amigos.

En un libro maravilloso de Juan Marsé, donde hace retratos de diversos personajes y, al final, el suyo propio, dice que presiente que se ha equivocado de país, de época, de profesión y hasta de sexo. Yo no sé si me he equivocado de sexo, de época y de profesión (tal vez), pero de lo que estoy seguro es que me he equivocado de país.  Yo, de español, tengo bien poco. Nada, más bien. Aquí me siento como en Marte y echo de menos todo lo que me recuerda a las Islas. Así que ando como perdido en un vuelo eterno, sin entender, deseando que llegue el día del regreso. Pero puede que para eso todavía quede mucho tiempo. Soy un rocket man en medio de este secarral corrupto, y la gente que está sentada en los bares jugando al dominó con un palillo entre los dientes me grita cosas que no entiendo…

And I think it´s gonna be a long, long, time…

noviembre 1, 2014

Un tranvía en SP o SP en bicicleta

Filed under: Escritura,Gente,Libros — signos @ 2:12 pm

Un tranvía en spSiempre me llamó mucho la atención esa novela de Unai Elorriaga, con ese enigmático título: Un tranvía en SP. Creo que llegaron a darle el Premio Nacional de Literatura. Pero no  la he leído, y no sé si tengo ganas de hacerlo. Me llama la atención el título, como también me llaman la atención algunos rostros, algunos gestos o algunas miradas. Pero nada más.

Un día, hace más de un año, había pedido permiso (o me lo había tomado, no sé) para asistir a un congreso. Iba conduciendo por la avenida de Suecia y me detuve ante un semáforo en rojo. En la radio hablaban de corrupción (la misma monserga de siempre). Ya por entonces empezaba a estar harto de oír  las mismas noticias, así que cambié de emisora. Un violín y un piano inundaron el habitáculo del automóvil. De súbito, la calle se quedó vacía y un tipo, vestido con vaqueros y americana, pasó por mi lado en bicicleta hacia la avenida de Blasco Ibáñez. Era la única figura humana que se veía en la calle, a las nueve de la mañana, en un día tibio de marzo. No parecía en absoluto una calle de Valencia, siempre ruidosa y atestada de gente. La estampa recordaba más bien una ciudad centroeuropea, silenciosa, culta, civilizada. Todo lo contrario a la mía.

Tardé un momento en darme cuenta de que aquel tipo en bicicleta era S.P. Un tranvía en SP, pensé. O Una bicicleta en SP. SP en bicicleta, en todo caso. SP es un tipo inteligente, irónico, algo distante. Nunca eleva la voz, nunca te interrumpe cuando hablas, nunca deja de hacer algún comentario ingenioso a lo que dices. No parece, ciertamente, un tipo de aquí. Parece, más bien, un centroeuropeo. Así que la estampa que yo vi aquel día, o la que creí ver (ya no estoy seguro), fue una estampa en SP.

Ahora, todas las mañanas, cuando voy al trabajo, ya no pongo la radio porque me aburren las mismas noticias, quiero decir, la misma noticia de hace ya casi dos años. Pongo música, imagino mi coche en SP,  circulando por una ciudad que no es la mía y camino de un lugar que solo existe en mi imaginación. Pero cuando llego a ese lugar y apago la música, todo vuelve a ser como antes.  Habrá que tomar  un día ese tranvía en SP, para saber adónde nos lleva.

 

octubre 19, 2014

El nuevo diccionario de la lengua

Filed under: Escritura,Lenguas,Libros — signos @ 4:09 pm

diccionario-de-la-lengua-espanola-vigesimotercera-edicion-version-normal_9788467041897Como ya saben, esta semana se ha puesto a la venta el nuevo Diccionario de la lengua española. La edición de un nuevo diccionario debería de ser motivo de júbilo para todos los que compartimos este idioma, pero no han sido pocas las críticas que le han caído al Diccionario y a la Academia que lo sustenta. Algunos periodistas incendiarios atacan la modernez de la institución criticando la entrada de vocablos como chupi, birra, tunear, culamen, friki o botellón. Claro, dicen, como algunos vetustos académicos se lían con jovencitas, tienen que usar estas palabras para estar a la altura: “Vámonos, chati, a tomar unas birras a ese garito del que todos hablan”, “Vaya culamen que luce tu nueva novia, tronco”, “Este sitio está lleno de frikis, vámonos a mover el esqueleto a otro garito”, etc. Renovarse o morir.

Otros periodistas están todo el día con el latazo de los anglicismos: que si coach, password, liftinglink, etc. ¿Qué quieren que les diga? Al final, todo el mundo los dice y se acaban aceptando. Cuando están a punto de morir de éxito, viene el lumbreras de turno y los adapta al castellano, creando híbridos con boina más horteras que Paco Martínez Soria y Fernando Esteso juntos: bluyín, pirsin, zum, bisnes, jipi (por no hablar de güisqui: el empresario que tenga el cuajo de etiquetar así la bebida escocesa va directo a la ruina).

A mí me parece mucho más peligroso aceptar palabras a las que teníamos que haber echado a patadas del diccionario: externalizar, burdo  eufemismo para enmascarar una privatización que solo pretendió acabar con el sistema público de salud; mileurista, extraña denominación para los que cobraban un sueldo de mierda y que ahora se han de conformar con lo que hay; serendipia, mayúscula horterada para la chiripa de toda la vida; amigovio (¿de verdad alguien utiliza esta palabra?); gayumbos (en seria competencia con calzoncillos: ¿cuál de las dos suena peor?). Antes de que entraran todas esas preciosidades, tendrían que haber arreglado un poco la definición de algunas, como feminela, que, según el diccionario, es un “pedazo de zalea que cubre el zoquete de la lanada” (debo este descubrimiento a Xosé Castro, que me hizo reír mucho con esta y otras definiciones del diccionario).

A pesar de lo dicho, yo soy un friki de las palabras y de los diccionarios. Y celebro mucho cada entrevista que, con motivo de esta nueva edición del diccionario, le hacen a José Manuel Blecua, director de la RAE. Escuchándole (y también a Pascual y a Rico) he pasado momentos muy gratos en mi vida. No me cuesta nada imaginármelos en la barra de un bar, con un whisky (que no güisqui) en la mano, revolcándose de risa con todas esas definiciones de su diccionario.

septiembre 28, 2014

El sur

Filed under: Gente,Libros,Películas — signos @ 7:21 pm

El sur_Erice

La película se llamaba El sur y estaba dirigida por Víctor Erice. Erice era uno de esos directores que llamaban “de culto”. Venía de dirigir El espíritu de la colmena, tal vez la mejor película del cine español: “magistral, moderno y complejo filme”, decía La Turia, la Biblia cultureta de mi juventud. Sobre Erice había una especie de halo místico que lo hacía todavía más atractivo: que solo dirigía una película cada diez años, que para sobrevivir hacía publicidad, que era un tipo solitario y extraño…

EL SUR_AdelaidaEl otro día me enteré del fallecimiento de Adelaida García Morales. La noticia solo merecía un breve en el diario. García Morales escribió el relato El sur, que publicó Jorge Herralde en Anagrama y que dio lugar a la película de Erice. Adelaida García Morales fue pareja de Víctor Erice y sobre ella también corrían muchas leyendas: que si era muy guapa (había sido modelo), que era profesora de bachillerato y se tuvo que dejar este oficio porque no aguantaba a los alumnos mascando chicle, etc.

Todos mis amigos de entonces vimos la película y nos enamoramos de esas imágenes, pese a que (decían) era una película incompleta (faltaba la mitad del metraje, escamoteado por su productor, Elías Querejeta, atento solo a los fines comerciales) y pese a que su actor principal, Omero Antonutti, que venía de protagonizar la exitosa Padre padrone, estaba doblado y resultaba algo hierático en su personaje. También leímos, por supuesto, el relato de Adelaida García Morales, que Anagrama tuvo que publicar con otra historia porque El sur  ocupaba poco más de cincuenta páginas.

Pero a nosotros nos daba igual. Idolatramos El espíritu de la colmena sin entender un solo fotograma; celebramos El sur por aquellas imágenes que destilaban una bella tristeza y comentábamos con pasión el libro de García Morales en antros de mala muerte mientras bebíamos whisky escocés con hielo.

Toda esa generación nos dejó su visión del mundo, que es también la de muchos de nosotros. No les importaba demasiado el ego ni la cuenta de resultados. Todo lo contrario de lo que pasa hoy. Una lástima.

 

 

septiembre 21, 2014

Jonás, que cumplirá 25 en el año 2000

Filed under: Escritura,Libros,Películas — signos @ 9:22 pm

No sé si recordarán ustedes aquella película de Alain Tanner. Seguramente, no. Aquel cine europeo de los setenta y los ochenta se ha olvidado hoy, tal Jonásvez esperando tiempos mejores, tiempos que no celebren tanto la contención salarial, la bajada de la prima de riesgo y las fluctuaciones del mercado. Alain Tanner es un suizo, amigo de la  poesía y de la belleza, que ideó una historia en donde una mujer veía nacer a su hijo Jonás, que cumpliría 25 años en el año 2000.

Quien seguramente sí vio, y recuerda esa película, fue Fernando Trueba, que se puso manos a la obra y llamó a su hijo Jonás, que  cumplió 25 ya pasado el año 2000. Lo cierto es que Jonás Trueba lleva el germen de la película de Alain Tanner, ese helvético que hizo que nos enamoráramos de Lisboa en aquella inolvidable película sobre la ciudad blanca.

Jonás Trueba rodó una película, Todas las canciones hablan de mí, que lleva dentro el espíritu de todas esas películas europeas de los años setenta y ochenta. Es una película que no se parece a ninguna de las que se ruedan hoy en día porque su espíritu está en otra época, o mejor, en una época que está a punto de recuperarse, esa que habla del rollito de la poesía, el arte, el amor, la solidaridad… Yo ya no creo demasiado en ella, pero ellos sí, por eso hay que darles la bienvenida y abrir la posibilidad a un mundo que creíamos acabado para siempre.

Un día vi en una librería un libro de Jonás Trueba, Las ilusiones. Me gustó la portada y lo que se decía en la contraportada: “He aquí una novela sobre eso que suele llamarse enfáticamente, pero no siempre con acierto, ‘la vida misma’, con sus contradicciones y hermosas torpezas, con sus glorias efímeras y promesas de felicidad”. No lo compré porque ya llevaba dos o tres en la mano, pero me quedé con ese título, esa portada maravillosa, esas palabras de la contraportada, e incluso con el nombre de la editorial (Periférica) y de la colección (Largo recorrido).

Un día, en una librería de otra ciudad, me volví a encontrar con la novela. Esta vez no pude resistirme a la tentación. La compré y la leí de un bocado (son sesenta páginas) en el balcón de mi casa, mientras miraba hacia la calle, la misma de hace veinte años, y me veía a mí mismo preguntándome todo aquello que se pregunta el protagonista de Las ilusiones: “¿Y todas esas cosas que oigo, o que me cuentan, esas anécdotas que siempre me digo que hay que meter en una película? ¿Dónde están? ¿Por qué no recuerdo ahora ninguna?”.  Las ilusiones

junio 26, 2014

Bar España

Filed under: Efímeros,Escritura,Gente,Libros — signos @ 8:43 pm

Cerca de donde yo vivo, en la confluencia de las avenidas Pérez Galdós y Ángel Guimerá (o Àngel Guimerà, tanto da), hay un bar  que se llama  España. El nombre, ciertamente, no es muy original. Debe de haber cientos de bares España por todo el país, pero eso es lo de menos. El caso es que ese bar, con ese nombre o con otros, ha estado ahí desde que yo tengo memoria; aunque, tal vez, también haya cambiado de dueño una o más veces.1400500707562

Cuando yo era un adolescente recuerdo haber recalado en ese bar con mi amigo SP, antes de ir a su casa a estudiar matemáticas o lengua, para comprar un bocadillo o tomar una Coca-Cola con el fin de reponer fuerzas antes de enfrentarnos a largas tardes y noches de estudio. O al menos eso me viene a la cabeza: el camarero haciéndonos un bocadillo y envolviéndolo en papel de aluminio para llevárnoslo y así disponer de avituallamiento con el que pasar la noche, porque a veces las sesiones de estudio (y de cháchara) se alargaban hasta las tantas de la madrugada.

A esas horas de la tarde-noche, el bar estaba casi vacío. Solo algún parroquiano bebiéndose una cerveza y alguna gente de paso tomando una tapa o un bocadillo. Y siempre con el ruido infernal de la avenida Pérez Galdós, una de las más feas de mi ciudad, traspasando la fina cristalera en donde se anunciaban, con letras pintadas,  las tapas y los bocadillos del día.

Ese bar, que sigue ahí y  por cuya puerta sigo pasando muchos días,  habría caído en el más absoluto de los olvidos si no fuera por un libro que leí de Santiago Posteguillo. Este autor valenciano habla del bar, que él dice que se llama Il.lusió, para referirse a los escritores Pérez Galdós y Ángel Guimerá, que fueron propuestos para el Nobel, cada uno por una institución diferente: Guimerà por la Academia de Bellas Artes de Barcelona, y Galdós por la Real Academia Española. El hecho de que un mismo país propusiera a dos autores distintos hizo pensar a la Academia Sueca la división existente por estas latitudes y optó por concedérselo a otro candidato. Ya saben: Cataluña, España, que si no nos quieren, que si nos entienden, que si independencia, que si tal y cual. Uno de los dos se podría haber llevado el Nobel, pero no se lo llevó ninguno.

Pero yo aquí lo que quería era exaltar la figura de Posteguillo, un tipo que pasa por un bar y te habla de literatura, de academias, de premios Nobel, de escritores, de rencillas… De la vida, en una palabra. Me gusta la gente que pasa por los lugares y no ve cosas, sino historias vivas. En cualquier bar, en cualquier calle, en cualquier portal puede haber vida. A veces, basta con saber mirar.

Si les gusta la literatura, yo ya me iba a disfrutar de La noche en que Frankestein leyó el Quijote. Se lo pasarán en grande. Y, con un poco de suerte, dejarán de pensar que Àngel Guimerà y Pérez Galdós son solo grandes avenidas.

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mayo 4, 2014

Vivo cantando

Filed under: Escritura,Gente,Música — signos @ 9:56 am

Como todos ustedes saben, el próximo día 25 de mayo tenemos todos una cita para ir a votar a nuestros candidatos al Parlamento Europeo. Yo todavía no tengo decidido el voto, pero lo que es seguro es que el domingo 25 me plantaré a primera hora en el colegio electoral para depositar (o hacer una deposición, tanto da) mi papeleta en la urna europea.

Porque yo, amigos, me siento muy feliz de ser europeo. Ya lo fui en mi niñez y adolescencia, cuando no me perdía nunca el festival de Eurovisión, y, más tarde,  celebré con champagne el día en que Felipe y los suyos firmaron el tratado de adhesión. En realidad, desde el 69 (un buen año, se mire por donde se mire), yo vivo cantando de lo feliz que soy de ser europeo.

Al principio, como también se ve en la canción de Salomé que aquí pueden escuchar, mi felicidad era tibia, comedida, circunspecta. Pero a medida que iba pasando el tiempo (como también le pasa a Salomé interpretando la canción)  me sentía más suelto, más alegre, más vivaz. Cada mañana, al entrar en el cuarto de baño para asearme, me imaginaba al maestro Augusto Algueró dirigiendo la orquesta, al trío de machotes haciendo los coros y a mí con el vestido de flecos, y me ponía  a cantar desaforadamente proclamando mi amor a Europa.

El éxtasis entró con el nuevo siglo, cuando, ya con euros en los bolsillos,  podía viajar a todos los países de la Unión enseñando solo mi DNI, podía también asistir a cursos financiados con los fondos FEDER y hasta dar clases en la universidad con el nuevo plan Bolonia. He pensado destinar algunos créditos ECTS al análisis semiótico del vídeo de Salomé. Como europeos que semos (perdón, somos), hemos de estar a la última en innovación educativa.

Últimamente, estoy un poco desanimado. Como también dice la canción “… solo quiero que me digas que está pasando/que estoy temblando de estar junto a ti”. Pero, en todo caso, fíjate si soy europeo que el otro día me pareció que el vídeo de la canción de Salomé del festival de Eurovisión, el de toda la vida, era ahora en color y lo presentaban en alemán.

 

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